Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.
Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.
Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.
Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.
Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.
En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.
Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.
Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.
Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.
Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.
Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.
En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.
Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.
jueves, 17 de febrero de 2011
¿Uruguayo? Las que te jedi
Al entrar al café, Julio Paredes, el poeta del barrio, se encontró con Julio Jorge Nelson conversando con el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte, en compañía del vidente Locuco.
Atacó Julio Jorge:- A través del tiempo y la distancia perdura su nombre como el más auténtico símbolo de nuestro arte mayor: Carlos Gardel, el bronce que sonríe. Continuó: -Vengo en misión oficial desde el cielo con un mensaje de Carlos Romualdo.
Vamos al grano, dijo Nelson, también conocido como “La viuda” o el “Señor de los tristes”.
-Don Carlos Gardel está harto de la patraña urdida por nuestros casi hermanos uruguayos que afirman que el Zorzal nació en Tacuarembó.
Carlitos nació e Toulouse, Francia, el 11 de Diciembre de 1890. Era hijo de Marie Berthe Gardes Camarés, que cuando tuvo a su hijo tenía 27 años.
Además no es coincidencia que Gardel haya nacido en Toulouse conocida como la ciudad de los trovadores. En el siglo XIV siete juglares habían formado la Compañía de la Gaya Ciencia, con el fin de preservar el dialecto de la zona. Carlitos fue el último trovador. La partida de nacimiento dice: “hijo de Berthe Gardes, planchadora y de padre desconocido”.
El drepa se llamaba Paul Laserre y era Ingeniero. Cuando embarazó a Berthe se borró. El apellido paterno ha dado lugar a diversas interpretaciones de los seguidores del brujo de Viena en Buenos Aires.
La más ingenua dice que Carlitos pronunciaba las erres en lugar de la ene para mentar a su padre ausente, Laserre. Un delirio freudiano.
En el café “El Pensamiento”, ubicado en el Paraíso, integro la mesa de Don Enrique Cadícamo. Éste siempre dice que Carlos Gardel le hacía de traductor en París, y conoció a la familia del Morocho en Toulouse.
Pero hay una novedad en la tierra del candombe. Ahora dicen en Montevideo que Frank Sinatra era hijo de Gardel.
Sinatra nació en 1915, porque su señora madre estuvo en Montevideo en ese año y parece que Carlitos hizo lo suyo. Un disparate. Yo creo que la mezcla de Whisky Ancap con postre Chajá deviene en delirio y locura.
Además, como testimonio de la nacionalidad de Gardel están las canciones que cantó en un francés impecable.
¿Quién le enseñó francés, el Coronel Escayola? El Coronel apenas balbuceaba el uruguayo.
Además de Cadícamo están los testimonios de Edmundo Guibourg y de Ireneo Leguisamo, uruguayo y el amigo más querido de Carlitos.
Con acento porteño Gardel cantaba “roulant”, arrastrando las erres como se cantaba entonces, estilo que se puede comprobar escuchando a Maurice Chevallier y a Léonnie Marie Bathiat, más conocida como “Arletty”.
Con su madre hablaba en francés y también en dialecto provenzal del sudoeste de Francia.
-Entonces usted desmiente de manera total la teoría uruguaya por la cual Carlitos nació en Tacuarembó, dijo Julio Paredes.
-No soy yo el que la desmiente. Es Carlos Gardel en persona el que me ha enviado para aclarar los tantos. Además Carlitos expresó alguna vez que había nacido a los dos años en el barrio del Abasto. El Morocho se siente argentino. Además con los uruguayos le fue mal. Acuérdense de su novia Isabelita Martínez del Valle. Charrúa ella. Cuando inició el romance con Gardel tenía catorce años. Los hermanos de Isabel esperaron el momento oportuno y encararon a Don Carlos: “lo que hiciste es estupro, un 119 del Código Penal. La única forma de zafar es que le compres una casa en Carrasco. ¿Entendiste? Si no vamos a los diarios, vamos.”
Continuó “La viuda”:-Además de rufianes, hablaban capicúa.
Gardel se tomó el “Comte Rosso” a Barcelona y le dijo a su amigo Razzano que compre la casa para Isabelita para silenciar el escándalo.
-Después de este testimonio científico no hay dudas de la nacionalidad de Gardel, adujo el tordo Laferlita.
-Ninguna, remató Nelson. El que también insinuó que Gardel era oriental fue Jorge Luis Borges. Dijo alguna vez: “como oriundo de la República Oriental del Uruguay Gardel acometió lo patético”.
Aunque años después reconoció: “odio a Carlos Gardel porque su sonrisa se parece a la de Perón”. También dijo: “un uruguayo como Gardel tiene la culpa de todos los males argentinos, porque además de inventar el tango inventó el rezongo. Todos los personajes del tango se quejan de algo”.
-Se terminó la polémica, comentó el vidente Locuco.
-Para siempre, concluyó Julio Jorge Nelson.
Continuó “La viuda”:-Ahora debo retirarme de manera presurosa porque no puedo perder el tren al Paraíso.
-La estación Carapachay está muy cerca y yo lo alcanzo, dijo Paredes.
-Quiero tomar el rápido de medianoche y mañana tomo el copetín con Carlitos.
viernes, 28 de enero de 2011
Freud en Munro
-Usted asegura que Carlos Gardel hizo terapia con Sigmund, increpó el vidente Locuco al Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
-Así escuché en al Paraíso.
-Podemos invocarlo. Qué se constituya el viernes al atardecer en mi residencia de Munro.
-Freud es difícil que venga solo. Por qué no invoca también a Juan Fulginiti. Es su gran amigo, aclaró el Sr. Musante.
-Está bien, dijo el vidente Locuco. El viernes, a eso de la oración, los convoco en mi residencia de la calle Sargento Baigorria.
Ese día la Cátedra completa del café se dio cita en la casa del vidente Cuando se estaban acomodando se materializaron Sigmund Freud y Juan Fulginiti. Freud vestía traje negro, chalina de vicuña sobre el hombro izquierdo, lengue y zapatos de charol.
Juan Fulginiti también vestía y peinaba de negro.
-Vinimos a la tarde para visitar con Juan la casa de Carlos Gardel en la calle Jean Jaures, dijo Freud.
-Esa modesta propiedad demuestra la humildad de un grande, exclamó Fulginiti.
Continuó Sigmund:-Me perdí la gloriosa década del cuarenta. Me hubiese gustado vivir en Buenos Aires en esos años.
Julio Paredes, el poeta del barrio acotó dirigiéndose a Freud:-Sabemos que le gusta la obra de Juan Fulginiti, acá presente, especialmente el tango “Llorando la carta”.
-Fulginiti es un Santo. Es el San Francisco de Assis del tango. Juan es la bondad.
Para comprobarlo basta analizar la letra de “Llorando la carta”.
Ese comienzo magistral que deja al oyente atónito: “Ni los meses, ni los años con sus locas fantasías, ni el placer con sus encantos donde mi alma adormecí”. Fulginiti nos remite al mejor Holderlin, antes de que el poeta alemán se volviese loco de remate, y se transformara en el Signore Scardanelli. Cuando Juan dice: “Cuantas noches cuando mi alma, melancólica y sombría.” Acá muestra una melancolía Aristotélica, “La bilis negra” era el nombre que el Griego daba a este tipo de estado de ánimo. “Recordaba tu pasado de lujuria y de placer, no podía conformarme con pensar que al otro día, no tuvieras ni un bocado ni siquiera pa’comer”. Tomen nota que Juan, en lugar de aprovecharse del desenfreno sexual de esa mujer, se preocupa por su alimentación. Un caballero.
Hay otros versos memorables: “Y con tal que no volvieras a vender tus dulces besos, ni mirarte manoseada por la inmunda bacanal, para vos que eras mi gloria, mendigaba algunos pesos, sin pensar que a cambio de eso, vos mi ibas a pagar tan mal”. Ella no reconoce el amor de Juan y emprende el vuelo. Una noche en la que él la necesita la busca y: “Fui a tu puerta porque estaba muy enfermo y en la mala, y esa puerta la cerraste frente a mí sin compasión”. Filosofa Juan: “Quedé mudo, no podía creer que vos la compañera, por la cual en otros días hasta el nombre me empeñé, ni jugando llegarías a portarte tan ramera” Y remata como un Santo Assis: “y entre lágrimas de sangre tu desprecio perdoné”. Para terminar como paradigma de la bondad: “Y de allí que si mañana la desgracia pretendiera, tironearte pa’que caigas otra vez en el barrial, no olvides que en lo más hondo de mi vida amarga y fiera, tendrás siempre un gran amigo aunque te hayas portao tan mal”.
Continuó Segis:-Juan es el fundador de una religión donde él es Dios y Agustín Magaldi su profeta. Conocí a Magaldi a través de Juan. Cuando Agustín canta “Llorando la carta” expresa la idea de Sentimiento Oceánico que desarrolle en Viena en mi trabajo “El malestar en la cultura”. Es el sentimiento de unión con el todo.
¿-Como está Magaldi emocionalmente? Preguntó Julio Paredes, el poeta del barrio.
-Es un hombre hipersensible. Lo estoy tratando y lo voy a sacar adelante.
El problema es que Agustín vive en el espantoso mundo de los olvidados.
Alguien que en su momento eclipsó nada menos que a Gardel, y tuvo un apasionado romance con Eva Duarte.
Gardel y Evita cada día brillan más, pero Agustín quedó al margen de la historia.
Lo vamos a sacar adelante.
-Don Segis, interrumpió Paredes. ¿-Que opina de Miguel Bucino?
-Que es la contracara de Juan, porque Juan perdona, en cambio Bucino condena y mata. Su tango “Una carta”, tiene un excelente comienzo: “Lloró el malevo esa noche sobre el piso de cemento, y un gesto imponente y fiero en su cara se pintó. Tomó la pluma con rabia, mientras ahogaba un lamento, a su madre inolvidable esta carta le escribió”. No está mal, no hay ripio.
Pero después plagia a Homero. Y repite de manera textual el momento en que Ulises se encuentra con, Anticlea, su señora madre en el mundo de los muertos. Ulises dice en griego: ¡Αμφιβάλλω σκληρή παλιά καταγγελία!
Y Bucino lo copia textual: “Vieja, una duda cruel me aqueja, y es más fuerte que la reja que me sirve de prisión”.
Literariamente todos robamos un poco, pero Bucino además de robar hace que su personaje, al salir de la cárcel, asesine a su mujer.
-No sabíamos que le gustaba el tango, dijo el tordo Laferlita.
-El tango y la literatura fantástica son mis dos pasiones. A mi me consideran un científico cuando solo soy un hombre de letras.
Inspirado en grandes personajes del tango como el ciruja o la Ritana, mi gran creación y personaje más logrado es el superyó.
No se olviden que recibí el Premio Goethe en 1930, que es un galardón literario.
¿-Lo conoce a Lacán?
-Me lo presentaron en el cielo. Un payador. Traté de leerlo pero es imposible. Creo que escribe en Rosarigasino (1).
Ahora está obsesionado con el sexo después de la muerte.
¿-Hay sexo después de la muerte? Preguntó Paredes.
-Por supuesto, pero no es lo mismo. Todo eso que uno hacía en vida para ganarle a la muerte, se realiza de otra manera cuando estás muerto para siempre.
¿-Sabía que en Buenos Aires tiene miles de seguidores y hasta una plaza pública se llama “Villa Freud”, acotó el Vidente Locuco.
-Así les va a los Argentinos, contestó Sigmund.-Nunca se dieron cuenta que lo mío es una rama de la literatura fantástica. En Buenos Aires hay gente muy capaz. Nunca entendí como me pueden tomar en serio.
(1) El rosarigasino o gasó es un idioma carcelario nacido en la ciudad de Rosario, Argentina.
viernes, 14 de enero de 2011
Stefan Zweig, Freud y Gardel
-El que es muy amigo de Gardel es Stefan Zweig, dijo de manera inesperada el Sr.Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
-Se ven tres veces por semana en el café “El Pensamiento”, ubicado en el “Paraíso”. Yo estaba siempre cuando iba Stefan porque es un hombre muy agradable, y el Mudo lo trata con gran deferencia.
Stefan le presentó a Sigmund Freud que también concurre, pero de manera más espaciada.
¿-Freud también es amigo de Gardel? Preguntó Julio Paredes, el poeta del barrio y uno de los hombres sabios de la Cátedra.
-Por supuesto, contestó el Sr. Musante, el tanguero resucitado.
Agregó:-El Morocho hizo terapia con Freud por consejo de Stefan Zweig.
¿-Gardel hizo terapia? Preguntó Laferlitta, el tordo inconsolable.
-Así es, afirmó el Sr. Musante. –Freud lo veía todas las tardes en el café. Gardel hablaba y Freud lo escuchaba con atención.
¿-Usted los vio? Preguntó Paredes.
-No, cuando empecé a frecuentar el café Gardel había recibido el alta.
Zweig fue el gestor de aliviar el alma atormentada de Carlitos a través de la sabiduría del brujo de Viena. Contó que conocía a Sigmund desde chico porque vivían en el mismo barrio. Cuando Freud pudo salir de Alemania y fue a Londres, donde murió el 23 de septiembre de 1939, Stefan fue el último amigo en visitarlo. Llevó con él a Salvador Dalí que realizó su famoso dibujo, Freud de perfil.
Todo esto Stefan lo cuenta en su libro “El mundo de ayer”, publicado en 1944, dos años después de su muerte. Lo que no publicó Stefan, es que Sigmund, en esa última conversación y con Salvador Dalí como testigo, confesó que el tango había sido su gran ayuda en el tratamiento de la histeria femenina. Estamos hablando de la llamada guardia vieja. Freud hacía acostar en el diván a las pacientes, y mientras se despachaban con sus conflictos hogareños él escuchaba con atención. En una victrola acústica, después que la mujer terminaba con su discurso, ponía tangos de Arolas, Greco, y Mendizábal. Con música de fondo el brujo comenzaba a interpretar. Esa rara combinación de tango argentino y palabras en un alemán con acento vienés, causaban alivio a las frustradas amas de casa. Estas, al salir del consultorio y con su mejor sonrisa, volvían a su hogar a lavar los platos.
Me contó Stefan que Freud cerró el último encuentro diciendo: “muero sin conocer la Reina del Plata, y me han dicho que el tango está en su máximo esplendor.”
Continuó Musante:-Zweig le transmitió algunas nociones de psicoanálisis a Gardel y el morocho, una tarde que Sigmund estaba en el café “El Pensamiento”, se acercó a su mesa y le dijo que quería conversar con él.
-Diga lo que quiera, asocie libremente, dicen que dicen que contestó Sigmund.
Y esa tarde comenzó la terapia. No fue muy larga porque Carlitos tenía claro cuales eran sus conflictos: la ausencia del padre y una madre, la señora Berta, que dejaba mucho que desear.
-No conocí a mi padre, me crió mi madre a la buena de Dios, comenzó Don Carlos. –Tuvimos que irnos de Francia por el escándalo social que representaba ser madre soltera en el siglo XIX. Fuimos a parar al barrio del Abasto donde mi vieja me dio a una familia Franchini; ella hizo su vida.
Las pocas veces que dormí en casa de mamá tuve que ver cada cosa, dijo un cabizbajo Don Carlos.
¿-Usted es religioso? Preguntó Sigmund.
-No, contestó el Morocho.-Mi religión es el tango.
-Está todo muy claro, dijo Sigmund. -En usted la religión es añoranza del padre. El tango es nostalgia de una madre ausente.
-Qué consejo me da, preguntó Don Carlos.
-Entender. Usted que es un hombre más que sensible debe saber que solo una madre nos perdona en esta vida, es la única verdad, es mentira lo demás.
¿-Ella debe perdonarme? De qué, de qué, respondió el Zorzal.
-Acá se interpreta por la contraria. Aunque su madre haya sido de lo peor usted debe acercarse. Piense, Don Carlos, en el tango de mi amigo Lucio Demare: “Pensá un poco en tu viejita y en su dolor.”
-Si usted lo dice Don Sigmund, contestó el Morocho.
-Una paradoja, en el año 1930 yo recibí el Premio Goethe, dijo Freud.
Días antes mi madre, Amalia Nathanson, murió. No pudo ver mi consagración. Usted está a tiempo de intentar que su sufrida viejita sepa que no le guarda rencor. Lo vio triunfador en vida, y debe verlo con grandeza de santo en el cielo.
-Segis, preguntó el Morocho: ¿-Usted la ve a Doña Amalia acá?
-Por supuesto, contestó Sigmund. -Pero no es lo mismo porque yo quise a mi madre, y la suya no lo quiso a usted. Pero como el amor y la muerte son inmortales, busque a su madre y mírela a los ojos. ¿Cómo se llama?
-Berta.
-Dígale: Berta, acá estoy, soy Carlitos; después cante “Madre hay una sola”.
Al escuchar su gola inmarcesible, que es la voz de Dios, ella lo querrá para siempre.
Continuó Musante:-Y así fue. Carlitos y Doña Berta se reconciliaron, y el tercer domingo de octubre se festeja el día de la madre en el Paraíso.
Hay un gran almuerzo y en algunos estuve. Cuando todos los concurrentes están sentados esperando, hace su entrada triunfal Carlos Gardel del brazo de Berta. Sigmund Freud se constituye acompañado de Amelia Nathanson.
José Betinotti canta “Pobre mi madre querida” y después lastramos como leones.
Siguió el Sr. Musante:-A los festejos del día de la madre los Zweig no van.
Le pregunté a Stefan por qué no concurrían y contestó:-Todavía estamos rumiando, con Lothe, mi mujer, el error de habernos establecido en Río de Janeiro y no en Buenos Aires. La situación mundial, ante lo que creíamos el avance arrollador del fascismo, nos condujo a consumar un pacto suicida. Pienso que en Buenos Aires no nos hubiésemos matado al estar rodeados de paisanos. Pero además del fascismo nos destruyó el tropicalismo.
El excesivo color local, el calor, los cariocas, y esa vegetación de pesadilla contribuyeron a nuestro fin. Yo estuve en el entierro de Sigmund, y cuando depositamos sus restos en el cementerio de Londres sabíamos que abandonábamos en tierra inglesa lo mejor de nuestra querida Austria.
Freud era una cultura, nuestra cultura; su originalidad yo la comparo con Shakespeare.
Lo mismo sintieron los porteños la calurosa tarde de febrero que retornó Carlos Gardel para su eterno descanso en mi Buenos Aires querido.
La voz de Dios retornaba a casa.
Stefan vio la emoción en mi rostro y concluyó:-Musante, Brasil no es un país que se pueda tomar en serio.
¿-Por qué? Pregunté.
-Un lugar lleno de palmeras y plantas carnívoras que se alimentan con moscas y tábanos.
Cosas tan desagradables no se ven ni en Viena ni en Buenos Aires.
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