Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Ramón Mercader o la redención por el tango


-Me llamo Ramón Mercader del Río y soy el asesino de Liev Davidovich Bronstein, conocido como Trotsky,  dijo un cajetilla que se encontraba sentado con los hombres sabios del café.
Julio Paredes, el poeta del barrio, preguntó: ¿-Cómo es que llegó hasta acá?
-Vivo en el cielo y quería dar  testimonio de mi redención a través del tango. Julio Jorge Nelson me dijo que hablase con el Espíritu Santo; éste aconsejó que conversara con ustedes para dar una prueba de mi pobre vida paria, y ver si puedo tener buenos amigos aunque me haya portado tan mal.
Debo apurarme porque  regreso a medianoche con el tren de Carapachay.
-Mercader lo escuchamos con suma atención, dijo el tordo Laferlita.
Escupió Ramón:-Yo era el más español de España. Nací en Barcelona con una sola idea en la cabeza: la revolución. Un fanático respetable, si es que pueden ser respetables los fanáticos.
En plena guerra civil española, Caridad, mi madre, me conectó con un agente Soviético que se hacía llamar Kotov.
Después de varios días de encuentros furtivos dejó de lado los eufemismos: yo había sido elegido por el genio del gran guía del proletariado mundial, el Camarada Stalin para asesinar a Liev Davidovich, el tristemente célebre León Trotsky.
-Tenés 48 horas para pensarlo, susurró Kotov.
-Cuando le dije que si, viajé con él a la Unión Soviética donde me convertí en el soldado 13. Recibí entrenamiento durante un año y me convertí en Jacques Mornard, belga, hijo de diplomáticos y empresario al cual la política no le interesaba.
Lev Davidovich se había radicado en México invitado por el Presidente Lázaro Cárdenas a instancias del pintor Diego Rivera, que luego lo traicionaría.
León venía rajando de Noruega con la poca familia que le quedaba, y una secretaria nacida en Estados Unidos llamada Silvia Ageloff.
Cuando pasaron por París Silvia se quedó con unos amigos. Uno de ellos era un infiltrado nuestro. Una noche que la secretaria y sus camaradas celebraban en un restaurante hice mi aparición.
Nuestro hombre dijo que yo era un conocido que hacía mucho no veía, y me hizo sentar con ellos.
Seducir a Silvia fue cuestión de minutos. Era una muchacha buena e inteligente, pero como dicen los porteños, un bagallo.
Dos días después vivíamos juntos; viajamos primero a Nueva York y después a Méjico. Ella me introdujo en el círculo íntimo de Liev.
La casa de la Avenida Viena parecía inexpugnable, pero me gané primero la confianza de Natalia Sedova, la mujer de Trotsky.
Me invitaba a tomar el té y recuerdo siempre la primera vez que vi al gran traidor. Quedé paralizado en la silla. Liev, si bien era un soberbio y no le temblaba el pulso cuando debía fusilar, emanaba una energía única. Además tenía un carisma extraordinario.
Yo me había hecho de un piolet, un pequeño pico que usan los alpinistas, y compré un impermeable en París, con grandes bolsillos donde podía esconderlo.
Una tarde, mientras tomábamos el té, le dije a Liev que había escrito un breve artículo para los refugiados en París, perseguidos por Stalin.
Agregué: -Quiero que usted me dé su visto bueno.
-Ven ya a mi escritorio y lo leo.
El se sentó y comenzó a leer, munido de un lápiz rojo.
-Esto es basura, dijo y cruzó la hoja con el lápiz. Fue como si me hubiese dado la orden. Levanté el brazo derecho, lo llevé arriba de mi cabeza y cerré los ojos. Justo en ese momento el muy guanaco volvió su rostro hacia mi, y vio como descargaba el golpe sobre su cráneo.
El grito de furia y dolor todavía lo escucho.
Cuando entraron los guardias él les dijo:-no lo maten para que confiese que es un esbirro de Stalin. Me entregaron a la Policía.
Trotsky murió un día después.
Luego de un juicio donde mi abogado, pagado por la KGB, me aconsejó que diera mi verdadera identidad, cosa que no hice, me condenaron a 20 años en la sórdida gayola de Lecumberri. Una sucursal del infierno.
Semana tras semana me interrogaban para que dijese quien era.
Nunca una palabra.
Y acá llega el comienzo de mi redención que se produce cuando empiezo a sentir el tango, y a darme cuenta que las tragedias personales también existen, y no solo los cambios  sociales y económicos.
Una tarde vino a la cárcel una delegación artística encabezada por Luis Buñuel, exiliado en México, y la actriz y cantante argentina Libertad Lamarque.
Habían filmado la película “Gran Casino”, donde ella canta varios tangos y pasaron el film en la prisión.
Me conmovió hasta las lágrimas.
Hablaron con los presos y Buñuel, que sabía que yo estaba entre ellos pidió conocerme.
Pudimos estar unos minutos a solas.
Dijo Buñuel:-insistes que la lucha de clases es el motor de la historia.
-Por supuesto, contesté.
-Debo decirte algo. El verdadero motor de la historia se llama Carlos Gardel. Luego me dio la mano y se fue.
A partir de ese día comencé a escuchar toda la obra grabada por el Zorzal, y a leer sobre su vida. Inclusive con los presos amigos cambiamos el sentido de varias letras.
Pensando en la pobre Silvia, a la que yo había engañado de una manera miserable, le dedicamos el tango “Fea de Alfredo Navarrine.
“Procurando que el mundo no la vea,
Ahí va la pobre fea camino del taller”.
Nosotros cantábamos:
“Procurando que el mundo no la vea,
ahí va la pobre Silvia del brazo de León.”
Cumplí la condena. A los 20 años y un día salí en libertad.
Eso fue en 1960. Pasé por Cuba y llegué a la Unión Soviética donde me condecoraron y me dieron un departamento. Lo primero que hice fue conseguir un pequeño tocadiscos para escuchar al Morocho y armar una peña tanguera.
Después me autorizaron a viajar a Cuba donde estaba a mis anchas. Podía ver cine argentino y escuchar tango hasta cansarme.
En 1978 se produjo mi deceso y elegí el cielo donde me encuentro a gusto. Frecuento “El Pensamiento” y comparto la mesa con Carlos Gardel, Julio Jorge Nelson y Don Osvaldo Pugliese.
El tango hizo de mí una bellísima persona.
-¿Y a Trotsky lo ve? Preguntó Paredes.
-Eligió infierno. Vive en un edificio que fue arrasado por las llamas.
Los otros pisos están habitados por Stalin, Hitler, Mussolini y varios criminales.
Tratan de matarse entre ellos sin resultado alguno porque ya están todos muertos.
Después de un silencio Ramón dijo:-Todavía llevo en mi corazón el alarido de Trotsky. Mirando por la ventana del café masculló:-debo irme para tomar el tren al Paraíso.
-Que tenga un buen viaje, dijo el vidente Locuco.
-Se agradece, contestó Ramón Mercader del Río y se perdió en la noche.

Fuente:
“El hombre que amaba a los perros”
Leonardo Padura.
Tusquets Editores. 2010.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Uruguayo? Las que te jedi



Al entrar al café, Julio Paredes, el poeta del barrio, se encontró con Julio Jorge Nelson conversando con el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte, en compañía  del vidente Locuco.
Atacó Julio Jorge:- A través del tiempo y la distancia perdura su nombre como el más auténtico símbolo de nuestro arte mayor: Carlos Gardel, el bronce que sonríe. Continuó: -Vengo en misión oficial desde el cielo con un mensaje de Carlos Romualdo.
Vamos al grano, dijo Nelson, también conocido como “La viuda” o el “Señor de los tristes”.
-Don Carlos Gardel está harto de la patraña urdida por nuestros casi hermanos uruguayos que afirman que el Zorzal nació en Tacuarembó.
Carlitos nació e Toulouse, Francia, el 11 de Diciembre de 1890. Era hijo de Marie Berthe Gardes Camarés, que cuando tuvo a su hijo tenía 27 años.
Además no es coincidencia que Gardel haya nacido en Toulouse conocida como la ciudad de los trovadores. En el siglo XIV siete juglares habían formado la Compañía de la Gaya Ciencia, con el fin de preservar el dialecto de la zona. Carlitos fue el último trovador. La partida de nacimiento dice: “hijo de Berthe Gardes, planchadora y de padre desconocido”.
El drepa se llamaba Paul Laserre y era Ingeniero. Cuando embarazó a Berthe se borró. El apellido paterno ha dado lugar a diversas interpretaciones de los seguidores del brujo de Viena en Buenos Aires.
La más ingenua dice que Carlitos pronunciaba las erres en lugar de la ene para mentar a su padre ausente, Laserre. Un delirio freudiano.
En el café “El Pensamiento”, ubicado en el Paraíso, integro la mesa de Don Enrique Cadícamo. Éste siempre dice que Carlos Gardel le hacía de traductor en París, y conoció a la familia del Morocho en Toulouse.
Pero hay una novedad en la tierra del candombe. Ahora dicen en Montevideo que Frank Sinatra era hijo de Gardel.
Sinatra nació en 1915, porque su señora madre estuvo en Montevideo en ese año y parece que Carlitos hizo lo suyo. Un disparate. Yo creo que la mezcla de Whisky Ancap con postre Chajá deviene en delirio y  locura.
Además, como testimonio de la nacionalidad de Gardel están las canciones que cantó en un francés impecable.
¿Quién le enseñó francés, el Coronel Escayola? El Coronel apenas balbuceaba el uruguayo.
Además de Cadícamo están los testimonios de Edmundo Guibourg y de Ireneo Leguisamo, uruguayo y el amigo más querido de Carlitos.
Con acento porteño Gardel cantaba “roulant”, arrastrando las erres como se cantaba entonces, estilo que se puede comprobar escuchando a Maurice Chevallier y a Léonnie Marie Bathiat, más conocida como “Arletty”.
Con su madre hablaba en francés y también en dialecto provenzal del sudoeste de Francia.
-Entonces usted desmiente de manera total la teoría uruguaya por la cual Carlitos nació en Tacuarembó, dijo Julio Paredes.
-No soy yo el que la desmiente. Es Carlos Gardel en persona el que me ha enviado para aclarar los tantos. Además Carlitos expresó alguna vez que había nacido a los dos años en el barrio del Abasto. El Morocho se siente argentino. Además con los uruguayos le fue mal. Acuérdense de su novia Isabelita Martínez del Valle. Charrúa ella. Cuando inició el romance con Gardel tenía catorce años. Los hermanos de Isabel esperaron el momento oportuno y encararon a Don Carlos: “lo que hiciste es estupro, un 119 del Código Penal. La única forma de zafar es que le compres una casa en Carrasco. ¿Entendiste? Si no vamos a los diarios, vamos.”
Continuó “La viuda”:-Además de rufianes, hablaban capicúa.
Gardel se tomó el “Comte Rosso” a Barcelona y le dijo a su amigo Razzano que compre la casa para Isabelita para silenciar el escándalo.
-Después de este testimonio científico no hay dudas de la nacionalidad de Gardel, adujo el tordo Laferlita.
-Ninguna, remató Nelson. El que también insinuó que Gardel era oriental fue Jorge Luis Borges. Dijo alguna vez: “como oriundo de la República Oriental del Uruguay Gardel acometió lo patético”.
Aunque años después reconoció: “odio a Carlos Gardel porque su sonrisa se parece a la de Perón”. También dijo: “un uruguayo como Gardel tiene la culpa de todos los males argentinos, porque además de inventar el tango inventó el rezongo. Todos los personajes del tango se quejan de algo”.
-Se terminó la polémica, comentó el vidente Locuco.
-Para siempre, concluyó Julio Jorge Nelson.
Continuó “La viuda”:-Ahora debo retirarme de manera presurosa porque no puedo perder el tren al Paraíso.
-La estación Carapachay está muy cerca y yo lo alcanzo, dijo Paredes.
-Quiero tomar el rápido de medianoche y mañana tomo el copetín con Carlitos.

viernes, 28 de enero de 2011

Freud en Munro

-Usted asegura que Carlos Gardel hizo terapia con Sigmund, increpó el vidente Locuco al Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
-Así escuché en al Paraíso.
-Podemos invocarlo. Qué se constituya el viernes al atardecer en mi residencia de Munro.
-Freud es difícil que venga solo. Por qué no invoca también a Juan Fulginiti. Es su gran amigo, aclaró el Sr. Musante.
-Está bien, dijo el vidente Locuco. El viernes, a eso de la oración, los convoco en mi residencia de la calle Sargento Baigorria.
Ese día la Cátedra completa del café se dio cita en la casa del vidente Cuando se estaban acomodando se materializaron Sigmund Freud y Juan Fulginiti. Freud vestía traje negro, chalina de vicuña sobre el hombro izquierdo, lengue y zapatos de charol.
Juan Fulginiti también vestía y peinaba de negro.
-Vinimos a la tarde para visitar con Juan  la casa de Carlos Gardel en la calle Jean Jaures, dijo Freud.
-Esa modesta propiedad demuestra la humildad de un grande, exclamó Fulginiti.
Continuó Sigmund:-Me perdí la gloriosa década del cuarenta. Me hubiese gustado vivir en Buenos Aires en esos años.
Julio Paredes, el poeta del barrio acotó dirigiéndose a Freud:-Sabemos que le gusta la obra de Juan Fulginiti, acá presente, especialmente el tango “Llorando la carta”.
-Fulginiti es un Santo. Es el San Francisco de Assis del tango. Juan es la bondad.
Para comprobarlo basta analizar la letra de “Llorando la carta”.
Ese comienzo magistral que deja al oyente atónito: “Ni los meses, ni los años con sus locas fantasías, ni el placer con sus encantos donde mi alma adormecí”. Fulginiti nos remite al mejor Holderlin, antes de que el poeta alemán se volviese loco de remate, y se transformara en el Signore Scardanelli. Cuando Juan dice: “Cuantas noches cuando mi alma, melancólica y sombría.” Acá  muestra una melancolía Aristotélica, “La bilis negra” era el nombre que el Griego daba a este tipo de estado de ánimo. “Recordaba tu pasado de lujuria y de placer, no podía conformarme con pensar que al otro día, no tuvieras ni un bocado ni siquiera pa’comer”. Tomen nota que Juan, en lugar de aprovecharse del desenfreno sexual de esa mujer, se preocupa por su alimentación. Un caballero.
Hay otros versos memorables: “Y con tal que no volvieras a vender tus dulces besos, ni mirarte manoseada por la inmunda bacanal, para vos que eras mi gloria, mendigaba algunos pesos, sin pensar que a cambio de eso, vos mi ibas a pagar tan mal”. Ella no reconoce el amor de Juan y emprende el vuelo. Una noche en la que él la necesita la busca y: “Fui a tu puerta porque estaba muy enfermo y en la mala, y esa puerta la cerraste frente a mí sin compasión”. Filosofa Juan: “Quedé mudo, no podía creer que vos la compañera, por la cual en otros días hasta el nombre me empeñé, ni jugando llegarías a portarte tan ramera” Y remata como un Santo Assis: “y entre lágrimas de sangre tu desprecio perdoné”. Para terminar como paradigma de la bondad: “Y de allí que si mañana la desgracia pretendiera, tironearte pa’que caigas otra vez en el barrial, no olvides que en lo más hondo de mi vida amarga y fiera, tendrás siempre un gran amigo aunque te hayas portao tan mal”.
Continuó Segis:-Juan es el fundador de una religión donde él es Dios y Agustín Magaldi su profeta. Conocí a Magaldi a través de Juan. Cuando Agustín canta “Llorando la carta” expresa la idea de Sentimiento Oceánico que desarrolle en Viena en mi trabajo “El malestar en la cultura”. Es el sentimiento de unión con el todo.
¿-Como está Magaldi emocionalmente? Preguntó Julio Paredes, el poeta del barrio.
-Es un hombre hipersensible. Lo estoy tratando y lo voy a sacar adelante.
El problema es que Agustín vive en el espantoso mundo de los olvidados.
Alguien que en su momento eclipsó nada menos que a Gardel, y tuvo un apasionado romance con Eva Duarte.
Gardel y Evita cada día brillan más, pero Agustín quedó al margen de la historia.
Lo vamos a sacar adelante.
-Don Segis, interrumpió Paredes. ¿-Que opina de Miguel Bucino?
-Que es la contracara de Juan, porque Juan perdona, en cambio Bucino condena y mata. Su tango “Una carta”, tiene un excelente comienzo: “Lloró el malevo esa noche sobre el piso de cemento, y un gesto imponente y fiero en su cara se pintó. Tomó la pluma con rabia, mientras ahogaba un lamento,   a su madre inolvidable esta carta le escribió”. No está mal, no hay ripio.
Pero después plagia a Homero. Y repite de manera textual el momento en que Ulises se encuentra con, Anticlea, su señora madre en el mundo de los muertos. Ulises dice en griego: ¡Αμφιβάλλω σκληρή παλιά καταγγελία!
Y Bucino lo copia textual: “Vieja, una duda cruel me aqueja, y es más fuerte que la reja que me sirve de prisión”.
Literariamente todos robamos un poco, pero Bucino además de robar hace que su personaje, al salir de la cárcel, asesine a su mujer.
-No sabíamos que le gustaba el tango, dijo el tordo Laferlita.
-El tango y la literatura fantástica son mis dos pasiones. A mi me consideran un científico cuando solo soy un hombre de letras.
Inspirado en grandes personajes del tango como el ciruja o la Ritana, mi gran creación y personaje más logrado es el superyó.
No se olviden que recibí el Premio Goethe en 1930, que es un galardón literario.
¿-Lo conoce a Lacán?
-Me lo presentaron en el cielo. Un payador. Traté de leerlo pero es imposible. Creo que escribe en Rosarigasino (1).
Ahora está obsesionado con el sexo después de la muerte.
¿-Hay sexo después de la muerte? Preguntó Paredes.
-Por supuesto, pero no es lo mismo. Todo eso que uno hacía en vida para ganarle a la muerte, se realiza de otra manera cuando estás muerto para siempre.
¿-Sabía que en Buenos Aires tiene miles de seguidores y hasta una plaza pública se llama “Villa Freud”, acotó el Vidente Locuco.
-Así les va a los Argentinos, contestó Sigmund.-Nunca se dieron cuenta que lo mío es una rama de la literatura fantástica. En Buenos Aires hay gente muy capaz. Nunca entendí como me pueden tomar en serio.


(1) El rosarigasino o gasó es un idioma carcelario nacido en la ciudad de Rosario, Argentina.