Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

jueves, 21 de marzo de 2013


Homenaje al  Coronel Estomba, un proto tanguero de ley. 
Precursor de los caminos hermanados de la sífilis y el tango.



Coronel Ramón Bernabé Antonio Estomba

De los Godos, en batalla, prisionero,
lo llevaron con cadenas hasta Lima,
siete años resistió en un agujero,
ofendido   y torturado, con inquina.

Liberado por el Indio y su escudero,
regresó con el alma mortecina,
el espíritu amargado, muy cabrero.
Con silueta de fantasma, y en la ruina.

Destinado a fortines de entrevero,
de la pampa generosa y solferina,
una tarde formó a sus coraceros,
frente a Tracios invasores, salvajina.

A la carga, ordenó a sus caballeros,
y corrieron por la tierra bizantina,
sin toparse con nadie, sin un pero,
regresaron lentamente a su rutina.

“Derrotamos a Licurgo y sietecueros,
soy Demóstenes, patrón de la Argentina”,
gritó  Estomba a su tropa de rastreros,
marginales en  fortín de cartulina.

Internado velozmente en un loquero,
con su mente y corazón lleno de espinas,
Estomba veía a Cristo, compañero,
conversaba con los duendes de fajina.

Una noche fue la muerte y su lanchero,
que buscó al Coronel en la letrina,
las manos aferraban un joyero,
con la imagen estampada de su china.

lunes, 11 de febrero de 2013

Azucena Maizani




Azucena
                              
Empilchada de gaucho, o de malevo,
el nombre de una flor, la más famosa,
su gola de gorrión  era un revuelo,
y el clamor de una vida tormentosa.

Todo lo perdió, sin un consuelo,
la rodada fue fatal , vertiginosa,
su lamento apagado era el anhelo,
de un pasado feliz, la voz grandiosa.

Cantando en tabernas espantosas,
con atuendo masculino, a contrapelo,
castigada como Job, maravillosa,

el destino se apiadó y sin recelo,
una noche cualquiera, venturosa,
se marchó en silencio, sin revuelo.

miércoles, 23 de enero de 2013

Freud en Munro






A través de ritos tremebundos,
una noche de invierno, con un brujo,
logramos que el maestro Segismundo,
se acercara a nosotros, sin tapujos,
en la más que misteriosa estación Munro.
Presentose el susodicho de alpargata,
chalina, traje negro,  hablar rotundo.
Tomo asiento, nos trató de papanatas,
“Traerme a este barrio moribundo”
Le dijimos de su extraña indumentaria,
contestó Sigmund, muy fecundo:
“Al iniciar la vida planetaria,
me hice amigo de gente más que amena,
algunos de textura estrafalaria,
otros  que bien valen  un poema.
El que brilla con propia luminaria,
y en los cielos es la crema de la crema,
Gardel, de prestancia nobiliaria,
y  sonrisa a toda hora, sin problema.
Carlitos  consultó sobre su madre,
abandonado por ella en casa ajena.
Me crié en la calle, sin compadres,
viviendo situaciones más que extremas.
Mi única creencia fue el gran tango,
me acompaña desde siempre, como emblema.
Le dije a Carlitos con que rango,
de su madre sentía un anatema.
Contestó: No querría ser guarango,
 a  la vieja la rechazo por blasfema.
El tango es nostalgia de la drema,
respondí al cantante, desde el fango,
de la vida carenciada que te quema.
¿Qué debo hacer si estoy herido?
preguntó  Carlitos compungido.
Buscar el perdón, aunque esto duela,
si tu vieja fue una turra, es el olvido,
y el pasado meterlo en duermevela.
Anestesiar la bronca, y  dolorido,
hacer de la ofensa una novela,
terminada para siempre, perimido,
y volver con la madre-mujerzuela,
olvidarse de todo,  aunque abatido,
dormir  en paz, la vida en acuarela”.
¿-Y su madre? a Segis  preguntamos:
“Amalia se llama, es castañuela.
Estamos habitando el mismo  cielo.
Le conté mis progresos sin cautela,
explicando el alma humana como un vuelo,
y como amor y muerte son gemelas,
disfruto de mi vieja sin consuelo,
como Carlos es feliz, sin las secuelas,
del olvido sufrido, fin del duelo.
Felices, contentos, sin estelas,
con paz en el alma, sin revuelo.
Sin más trámite el gran mágico  de Viena,
se esfumó en la noche, expeditivo.
Quedé solo con angustia  extraterrena,
en la vieja estación Munro; pensativo.

miércoles, 16 de enero de 2013


Carlos Gardel en la hoguera





Hijo del amor, el francesito,
nació en Toulouse, la ciudad rosa,
de madre soltera y laboriosa,
Doña Berta, y de ignoto jovencito.
Tomaron el vapor para estos aires,
cuando Charles Romuald era un infante,
llegaron andrajosos,  sin donaire,
a una ciudad azul, electrizante.
Se crío el niño en el Abasto,
barrio bravo de yiros  y ladrones,
a Carlitos le gustaba el entrevero,
de ese barrio de guapos, sin santones.
(El amor a la vieja era severo).
Se hizo cantor el francesito
y talló muy bien entre  los tauras,
que cantaban con alma de exquisitos,
pero solo Carlitos tenía el aura.
En barrocos quilombos de Varela,
comenzó su carrera prodigiosa,
de artista total, con mucha tela,
y cantor de garganta milagrosa,
con registro de bajo hasta zarzuela,
Seductor de mujeres  cariñosas,
que besaban al Morocho noche y día,
su voz se asociaba, religiosa,
con la voz de Dios y su poesía.
Esa muestra de amor hacia Carlitos,
Cayó mal en la alta clerecía,
Y a partir de ese instante, tan penoso,
comenzó la cuenta regresiva.
Fue Pacelli emisario del luctuoso,
destino de la parca educativa,
decisión de Cardenal facineroso,
que marcó temprana muerte, imperativa.
Como Bruno, acercose irrespetuoso,
al reino y dominio Vaticano,
En la hoguera debe arder, meticuloso,
como ejemplo de cantor anticristiano.
Un agente secreto lo acompaña,
en su última gira, en aeroplano.
Da la orden, el Obispo, una alimaña,
y arde Carlos como mártir wagneriano.
La muerte del Morocho los alegra,
a la corte de corruptos Cardenales,
se emborrachan y sacando los puñales,
se acuchillan como perros de la guerra,
entre santos e imágenes florales.

jueves, 6 de diciembre de 2012


El Evangelio según Gardel




                   El manuscrito encontrado en la calle Brasil


En el día de ayer y por la noche, la organización mistérica Testigos de Gardel, reunida en el café de siempre, comenzó a divulgar el  contenido del misterioso manuscrito encontrado en la calle Brasil.
En el transcurso del encuentro se revelaron detalles, hasta ahora desconocidos, referidos a la vida  de Carlos Gardel, y a su presencia estelar en el reino de los cielos.
Ahora sabemos por el Manuscrito, que Don Carlos  se encuentra en Paraíso, desde su trágica muerte en el aciago Medellín, Colombia, en 1935.
El Manuscrito confirma, además, lo dicho por el periodista y escritor Edmundo Guibourg en 1984: “Carlos Gardel fue asesinado por cuenta y orden de la Iglesia Católica”.
El documento está escrito en un amplio registro, que alterna la investigación histórica, la exégesis tanguera, y la meditación gardeliana.
Ilumina acerca de las principales cuestiones  que plantean  la vida y la muerte de ese ser complejo y apasionante personaje llamado Carlos Gardel
 “Mis amigos me presentaban como la voz de Dios y eso cayó muy mal en la Iglesia” escribió el cantor en su Evangelio, el cual según promesa de la secta, se dará a conocer a la brevedad.
”Carlitos fue muerto como Giordano Bruno; para los frailes era un hereje.
Un cantor de quilombo,  devenido por su enorme talento en  vocero celestial.
Por eso le prendieron fuego”.
Guibourg, en su Evangelio, nos cuenta sobre  los orígenes gardelianos y documenta la infancia del maestro.
Publicaremos a continuación el comienzo del Evangelio de Edmundo Guibourg, que comprende el Génesis Gardeliano: su nacimiento en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890 y sus primer años.
Cabe mencionar que anoche también se anunció la próxima difusión del manuscrito “El Cristianismo y Carlos Gardel: La verdad del Anticristo” cuyo autor es el filósofo alemán Federico Nietzsche. También se conocerá en breve el libelo basado en  Marcos , 9, 47:  “Si tu ojo te escandaliza, arráncatelo”, del célebre pianista Carlos Di Sarli.

Evangelio de Edmundo Guibourg
(Según el Manuscrito encontrado en la calle Brasil.)
1 Capítulo:
Versículo 1):

Carlos Gardel en la hoguera:

“Los curas nunca quisieron a Gardel por que era la imagen del demonio.
Y ese delirio contra el Zorzal se acentuó cuando el tenor italiano Enrico Caruso expresó públicamente que Carlos Gardel tenía una lágrima en la garganta.
La Iglesia católica tampoco quería al tenor, porque el gran amigo de Caruso era el pensador esotérico armenio George Gurdjieff, considerado un hereje de lo peor. Cuando murió el gran Caruso, en 1921, los curas se calmaron,  pero de todos modos la bronca permaneció latente.
Y  en el año 1930, cuando Gardel adquiera relevancia mundial y se consolida como el mejor cantor del universo, los admiradores comienzan a presentar al Zorzal como “la voz de Dios”.
Esa calificación despertó en el papado el odio dormido, y decidieron tomar cartas en el asunto.
Fue en el Sínodo reunido en Roma en 1933, cuando el Papa Pío Xl, analizó junto a los cardenales vida y obra de Carlitos.
¿Y por qué era diabólico Carlitos a los ojos del papado? 
El motivo principal era que el Zorzal tuvo un vida distinta; y esa vida  irritaba a los curas. Esa existencia se inició el 11 de diciembre de 1890, cuando en Toulouse, Francia, nació un hijo del amor, producto de una relación incestuosa entre Berta Gardes y un pálido Ingeniero apellidado Laserre.
Al niño lo llamaron Charle Romuald.
Rechazada su madre por los prejuicios imperantes en esa  época, deben migrar a Buenos Aires. Carlitos tenía dos años.
En Buenos Aires Doña Berta se empleó como planchadora y su hijo se crió en la calle.
Ni siquiera la presencia de un Santo a su lado, como Ceferino Namuncurá, compañero de coro en un colegio Salesiano, logró redimir al díscolo Carlitos.
El niño se destacó en la escuela primaria por blasfemo  y tener, además,  un notable cross de derecha.
No tenía problemas de aprendizaje, pero lo que no conformaba a los Salesianos era la conducta del chico.
-Se lo pasa escupiendo imágenes religiosas, es un impío, dijo un cura azorado a Berta, la madre, que había sido llamada para que sacase al niño del colegio.
A Carlitos no le importaba nada.
Solamente era feliz en las calles de su barrio  del Abasto, rodeado de curdas, cirujas, mendigos y delincuentes.
Al final Doña Berta se desprendió de su hijo, que fue alojado en casa de una familia  vecina; lo de Rosa Franchini.
Al terminar el colegio primario Carlitos se dio cuenta que tenía un don.
Los que lo escuchaban cantar lo invitaban a comer, deslumbrados.
Cayó preso varias veces y su garganta, entonando canciones criollas, hacía llorar al taquero, y recuperaba, siempre, la libertad.
Detestaba a la autoridad y a todo lo que esta representaba.
Con los  curas la relación iba del asco a la risa.
A los trece años, Carlitos, se hace muy amigo de Luís Sanguinetti, propietario de la cantina “Chantacuatro” donde canta  todas las noches por la comida.
Descubre la calidez, el aplauso y el  viejo vino carlón. En la cantina conoce a José Gambussi, el “Tarila”, y a el “Cachafaz”, los mejores bailarines de todos los tiempos.
A los catorce años se escapa de la casa y lo encuentran varios días después en un prostíbulo de Florencio Varela. Se hace cantor de quilombo, traba amistad con cafiolos y pupilas. Las putas lo adoraban.
Nos conocimos con Carlitos en un comité Conservador del barrio de Balvanera.
Nos hicimos muy amigos, los dos teníamos el mismo origen y hablábamos en francés. La amistad se consolidó en una gira que hicimos a Brasil. Formaba parte de compañía teatral el actor Elías Alippi.
Los tres nos hicimos inseparables.
Hay un hecho relevante que consagra a Carlitos por su valentía pero que la Iglesia toma a mal. El 10 de diciembre de 1915, a la salida del Palais de Glace, una patota encara  a Elías Alippi y le dice que que no pise más el lugar porque lo quieren libre de judíos. Carlos Gardel reacciona defendiendo a su amigo. Un integrante de la patota, de apellido Guevara, saca su revolver y apunta al corazón de Elías. Gardel se interpone y recibe un disparo en el pecho. Se salva de milagro. Ese es el momento que la Iglesia le empieza a prestar atención. No puede ser que un criollo ponga el pecho por un rusito. Algo raro pasa con ese muchacho. A partir de ahí asignan a Carlitos un seguimiento especial que termina en lo que dije al comienzo, cuando lo presentan como la voz de Dios.
No saben como eliminarlo y así llegamos al Sínodo de 1933 donde el Papa Pío XI, con su secuaces, encargan al Cardenal Pacelli que durante 1934, cuando se realice el “Congreso Eucarístico Internacional” en Buenos Aires, tome los recaudos del caso y se encargue de matar al Zorzal.
Éste debe morir quemado como Giordano Bruno.
La muerte de Gardel, como la de Bruno debe tener un efecto disuasorio ante el avance de la ciencia, el sexo, y el comunismo.
Pío XI le recalca a Pacelli que no debe fallar. Que no pase lo de Galileo Galilei que se retractó ante el Tribunal y después siguió cantando.
Durante el “Congreso Eucarístico”, en Buenos Aires, Pacelli se conecta con los peores sectores de la Iglesia.
Ordena: “Carlos Gardel es el anticristo y debe morir en la hoguera”. “No tiene moral, es hijo del amor, puso el pecho por un judío y se presenta como la voz de Dios.”
La orden se cumple en Colombia, el 24 de Junio de 1935.
Carlos Gardel es inmolado en Medellín.
Esa noche Roma está de fiesta. El Papa organiza una reunión para festejar la muerte de Carlitos, pero se pasan en los brindis y la información que tenemos los tangueros es que la reunión terminó a los balazos.
Todos los Cardenales terminaron en cana.
En Buenos Aires el festejo fue encabezado por Monseñor Franceschi. Participaron  los miembros más encumbrados de la Acción Católica.
El brindis de Franceschi al cerrar la velada lo pinta de cuerpo entero, dijo: "Brindo por el final del Zorzal en la hoguera.
Ha muerto un tenorio de conventillo, pachá del arrabal.
Las llamas purificaron el corrupto cuerpo del cantor.
Ahora descansa en el infierno".