Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

jueves, 6 de diciembre de 2012


El Evangelio según Gardel




                   El manuscrito encontrado en la calle Brasil


En el día de ayer y por la noche, la organización mistérica Testigos de Gardel, reunida en el café de siempre, comenzó a divulgar el  contenido del misterioso manuscrito encontrado en la calle Brasil.
En el transcurso del encuentro se revelaron detalles, hasta ahora desconocidos, referidos a la vida  de Carlos Gardel, y a su presencia estelar en el reino de los cielos.
Ahora sabemos por el Manuscrito, que Don Carlos  se encuentra en Paraíso, desde su trágica muerte en el aciago Medellín, Colombia, en 1935.
El Manuscrito confirma, además, lo dicho por el periodista y escritor Edmundo Guibourg en 1984: “Carlos Gardel fue asesinado por cuenta y orden de la Iglesia Católica”.
El documento está escrito en un amplio registro, que alterna la investigación histórica, la exégesis tanguera, y la meditación gardeliana.
Ilumina acerca de las principales cuestiones  que plantean  la vida y la muerte de ese ser complejo y apasionante personaje llamado Carlos Gardel
 “Mis amigos me presentaban como la voz de Dios y eso cayó muy mal en la Iglesia” escribió el cantor en su Evangelio, el cual según promesa de la secta, se dará a conocer a la brevedad.
”Carlitos fue muerto como Giordano Bruno; para los frailes era un hereje.
Un cantor de quilombo,  devenido por su enorme talento en  vocero celestial.
Por eso le prendieron fuego”.
Guibourg, en su Evangelio, nos cuenta sobre  los orígenes gardelianos y documenta la infancia del maestro.
Publicaremos a continuación el comienzo del Evangelio de Edmundo Guibourg, que comprende el Génesis Gardeliano: su nacimiento en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890 y sus primer años.
Cabe mencionar que anoche también se anunció la próxima difusión del manuscrito “El Cristianismo y Carlos Gardel: La verdad del Anticristo” cuyo autor es el filósofo alemán Federico Nietzsche. También se conocerá en breve el libelo basado en  Marcos , 9, 47:  “Si tu ojo te escandaliza, arráncatelo”, del célebre pianista Carlos Di Sarli.

Evangelio de Edmundo Guibourg
(Según el Manuscrito encontrado en la calle Brasil.)
1 Capítulo:
Versículo 1):

Carlos Gardel en la hoguera:

“Los curas nunca quisieron a Gardel por que era la imagen del demonio.
Y ese delirio contra el Zorzal se acentuó cuando el tenor italiano Enrico Caruso expresó públicamente que Carlos Gardel tenía una lágrima en la garganta.
La Iglesia católica tampoco quería al tenor, porque el gran amigo de Caruso era el pensador esotérico armenio George Gurdjieff, considerado un hereje de lo peor. Cuando murió el gran Caruso, en 1921, los curas se calmaron,  pero de todos modos la bronca permaneció latente.
Y  en el año 1930, cuando Gardel adquiera relevancia mundial y se consolida como el mejor cantor del universo, los admiradores comienzan a presentar al Zorzal como “la voz de Dios”.
Esa calificación despertó en el papado el odio dormido, y decidieron tomar cartas en el asunto.
Fue en el Sínodo reunido en Roma en 1933, cuando el Papa Pío Xl, analizó junto a los cardenales vida y obra de Carlitos.
¿Y por qué era diabólico Carlitos a los ojos del papado? 
El motivo principal era que el Zorzal tuvo un vida distinta; y esa vida  irritaba a los curas. Esa existencia se inició el 11 de diciembre de 1890, cuando en Toulouse, Francia, nació un hijo del amor, producto de una relación incestuosa entre Berta Gardes y un pálido Ingeniero apellidado Laserre.
Al niño lo llamaron Charle Romuald.
Rechazada su madre por los prejuicios imperantes en esa  época, deben migrar a Buenos Aires. Carlitos tenía dos años.
En Buenos Aires Doña Berta se empleó como planchadora y su hijo se crió en la calle.
Ni siquiera la presencia de un Santo a su lado, como Ceferino Namuncurá, compañero de coro en un colegio Salesiano, logró redimir al díscolo Carlitos.
El niño se destacó en la escuela primaria por blasfemo  y tener, además,  un notable cross de derecha.
No tenía problemas de aprendizaje, pero lo que no conformaba a los Salesianos era la conducta del chico.
-Se lo pasa escupiendo imágenes religiosas, es un impío, dijo un cura azorado a Berta, la madre, que había sido llamada para que sacase al niño del colegio.
A Carlitos no le importaba nada.
Solamente era feliz en las calles de su barrio  del Abasto, rodeado de curdas, cirujas, mendigos y delincuentes.
Al final Doña Berta se desprendió de su hijo, que fue alojado en casa de una familia  vecina; lo de Rosa Franchini.
Al terminar el colegio primario Carlitos se dio cuenta que tenía un don.
Los que lo escuchaban cantar lo invitaban a comer, deslumbrados.
Cayó preso varias veces y su garganta, entonando canciones criollas, hacía llorar al taquero, y recuperaba, siempre, la libertad.
Detestaba a la autoridad y a todo lo que esta representaba.
Con los  curas la relación iba del asco a la risa.
A los trece años, Carlitos, se hace muy amigo de Luís Sanguinetti, propietario de la cantina “Chantacuatro” donde canta  todas las noches por la comida.
Descubre la calidez, el aplauso y el  viejo vino carlón. En la cantina conoce a José Gambussi, el “Tarila”, y a el “Cachafaz”, los mejores bailarines de todos los tiempos.
A los catorce años se escapa de la casa y lo encuentran varios días después en un prostíbulo de Florencio Varela. Se hace cantor de quilombo, traba amistad con cafiolos y pupilas. Las putas lo adoraban.
Nos conocimos con Carlitos en un comité Conservador del barrio de Balvanera.
Nos hicimos muy amigos, los dos teníamos el mismo origen y hablábamos en francés. La amistad se consolidó en una gira que hicimos a Brasil. Formaba parte de compañía teatral el actor Elías Alippi.
Los tres nos hicimos inseparables.
Hay un hecho relevante que consagra a Carlitos por su valentía pero que la Iglesia toma a mal. El 10 de diciembre de 1915, a la salida del Palais de Glace, una patota encara  a Elías Alippi y le dice que que no pise más el lugar porque lo quieren libre de judíos. Carlos Gardel reacciona defendiendo a su amigo. Un integrante de la patota, de apellido Guevara, saca su revolver y apunta al corazón de Elías. Gardel se interpone y recibe un disparo en el pecho. Se salva de milagro. Ese es el momento que la Iglesia le empieza a prestar atención. No puede ser que un criollo ponga el pecho por un rusito. Algo raro pasa con ese muchacho. A partir de ahí asignan a Carlitos un seguimiento especial que termina en lo que dije al comienzo, cuando lo presentan como la voz de Dios.
No saben como eliminarlo y así llegamos al Sínodo de 1933 donde el Papa Pío XI, con su secuaces, encargan al Cardenal Pacelli que durante 1934, cuando se realice el “Congreso Eucarístico Internacional” en Buenos Aires, tome los recaudos del caso y se encargue de matar al Zorzal.
Éste debe morir quemado como Giordano Bruno.
La muerte de Gardel, como la de Bruno debe tener un efecto disuasorio ante el avance de la ciencia, el sexo, y el comunismo.
Pío XI le recalca a Pacelli que no debe fallar. Que no pase lo de Galileo Galilei que se retractó ante el Tribunal y después siguió cantando.
Durante el “Congreso Eucarístico”, en Buenos Aires, Pacelli se conecta con los peores sectores de la Iglesia.
Ordena: “Carlos Gardel es el anticristo y debe morir en la hoguera”. “No tiene moral, es hijo del amor, puso el pecho por un judío y se presenta como la voz de Dios.”
La orden se cumple en Colombia, el 24 de Junio de 1935.
Carlos Gardel es inmolado en Medellín.
Esa noche Roma está de fiesta. El Papa organiza una reunión para festejar la muerte de Carlitos, pero se pasan en los brindis y la información que tenemos los tangueros es que la reunión terminó a los balazos.
Todos los Cardenales terminaron en cana.
En Buenos Aires el festejo fue encabezado por Monseñor Franceschi. Participaron  los miembros más encumbrados de la Acción Católica.
El brindis de Franceschi al cerrar la velada lo pinta de cuerpo entero, dijo: "Brindo por el final del Zorzal en la hoguera.
Ha muerto un tenorio de conventillo, pachá del arrabal.
Las llamas purificaron el corrupto cuerpo del cantor.
Ahora descansa en el infierno". 

martes, 20 de noviembre de 2012

Jacobo Fijman aclara ciertas dudas. Versión corregida.




Al bajar del tren me encaró un alucinado:-¿Sos  de la secta Testigos de Gardel?
-Socio fundador, respondí.
Luego de mirar para atrás, nervioso, susurró-Me llamo Jacobo Fijman y quiero hablarte.
Nos metimos en un café.
¿Estás seguro de tu identidad? Pregunté.
Mientras se acomodaba en la silla, contestó-A seguro se lo llevaron preso.
Arrancó: -Estuve 28 años internado en el Hospital Neuropsiquiátrico José Tiburcio Borda y el diagnóstico fue psicosis distímica. Soy un loco, que te quede claro.
Y el hecho que desató mi locura fue la carrera triunfal de Carlos Gardel.
El Morocho me hizo un gran daño, porque dada mi precaria circunstancia emocional, no soportaba que lo presentaran como la voz de Dios.
Yo a Gardel lo conocía porque éramos vecinos en el infame barrio del Abasto.
Nos saludábamos, y en una ocasión, cuando yo era periodista de Crítica, me pidió  que le publique algo, cosa que hice. Eso fue en 1918.
Es la época  en que empecé a sentirme mal. Me seguían por la calle; ahora también me sigue.
¿-Quien?
-El olor bizarro del diablo.
Continuó:-Le conté a Oliverio Girondo que dijo:-La única forma de escaparse de  perseguidores y fantasmas es viajar a París.
–No tengo un peso, contesté.
-Te invito.
Y nos fuimos a Francia. Conocí a Gide y a Paúl Claudel que eran idénticos. Claudel se confesaba. Conocí a Le Corbusier, Bretón, Eluard y Artaud. Eran ángeles de la rebelión. Eligieron su condenación. Un atardecer, en Notre Dame vi a Cristo. No lo podía creer. Vi y olí su esencia.
¿-Y cómo era Jesús?  Preguntó uno.
-He visto y oído tales cosas de las que no me es dado hablar en lengua humana. Era toda la dicha.
Cuando regresé me dediqué a la escolástica, pero un día me quemaron los libros al grito de ¡Gardel o muerte! ¡Viva Carlos Gardel!
Gardel era un hereje. Entonces busqué la música no herética. Wagner quería ser Satanás. La única música no herética era el Kyrie del Canto Gregoriano y “La Locura” de Corelli.
¿-Y el tango?
-Yo pensaba que el tango era una de las formas del fuego, música de lupanar. ¿Sabes una cosa? El diablo se entretiene en los quilombos. Es muy putero.
En el principio era la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y Dios era la Palabra. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
Bueno, acá aparece de nuevo Gardel. Era el Verbo Divino, la Palabra de Dios, pero todavía era para mí un hereje. Es la época que se despierta El Otro.
¿-Quién es el otro? Pregunté.
-El Otro se llamaba Apolonio y era entrerriano. Escribí: “Bien dormía mi ser como los niños y encendieron sus velas los absurdos. Ahora el Otro está despierto”. Apolonio se metía dentro de mí y me insultaba, me decía: “sos un judío de mierda”. Usaba incordios que me angustiaban hasta la locura. A veces podía escupirlo; expulsarlo de mi interior.
Hasta Plutón, rey de los muertos, tuvo miedo cuando le hablé de Apolonio.
Cuando era niño, en Rusia, me siguió un perro blanco.
Yo lo miré a los ojos y le dije: quieres mi alma. Ese día desapareció el perro. Cincuenta años después  lo vi en la calle Florida. Echaba espuma por la boca y todos huían de su lado. Cuando me acerqué me lamió las manos. Era un  perro blanco con cola negra. Dicen que los perros viven cien años.
El que vivía conmigo era Apolonio; entonces me encerraron. Eso fue en 1942. Antes, en 1935, yo había festejado la muerte de Gardel.
¿-Es cierto que la Iglesia Católica tuve que ver?
-Si, y murió en la hoguera como los herejes. Me lo dijo el Doctor Ramón Melgar que siempre me protegió en el Hospicio. El diagnóstico, ya lo dije, era Psicosis Distímica, el tordo repetía que si yo reconocía la figura del Otro, de Apolonio el entrerriano, eso me aliviaría mucho, y podría dormir después de años de insomnio.
La cara de Apolonio la había visto pero no lo conocía. No lo asociaba con nadie. Una noche soñé despierto con la partera que me trajo al mundo; ella me confesó que yo nací hablando. ¿Y saben lo que decía? ¡Yo soy el Mesías!, y además lo decía en hebreo. La partera susurró, antes de irse con la primera luz del día:” La identidad de Apolonio el entrerriano te la comunicará San Juan de la Cruz”.
-Pasaron muchos años y habían comenzado en el Borda funciones de cine a las que yo no concurría.
Una noche me visitó San Juan de la Cruz , que ha sido siempre mi amigo, y me dijo: “El lunes tenes que ir al cine del loquero.”
-Cuando empezó la película tuve un súbito acceso de locura. Grité y grité. ¡Apolonio el entrerriano haciéndose el chistoso! Cuando pasó la crisis el Dr. Melgar me dijo que el cruel Apolonio, que me perseguía desde la infancia, era el actor Luis Sandrini.
-Es famoso, me escupió Melgar.-Raro que no lo hayas visto antes.
Me contó el tordo: “Sandrini es un caso extraño porque resolvió su grave locura  a través de la sobreactuación de su enfermedad.
Padece una Psicosis Erotómana, o síndrome de De Clérambault.
La patología consiste en la convicción de ser amado por una persona de condición social superior. Sandrini padecía un delirio erotómano-paranoico que de alguna manera resolvió. Porque el psicótico erotómano no sale de su fantasía. La princesa o el aristócrata solo están presentes es su locura, y esta presencia al final se frustra. La relación nunca se concreta por oscuras razones, o por un complot mundial que imagina el paranoico.
Sandrini, al volcar su psicosis en el cine, logró una compensación simbólica que lo ayudó a convivir  con su patología. En sus películas él es siempre un pobre infeliz. Una mujer rica y aristocrática se enamora, al final se casan.
La compensación está en que las historias de Sandrini cierran con el casorio.
Pero es cine, pura fantasía”.
Jacobo, bajando la voz, dijo:
-Ahora yo te voy a pasar un dato: la madre de Sandrini no es real.
Decía llamarse María Esther Buschiazzo y era ciega. Él le devuelve la vista. Recuerden el famoso: “La vieja ve”, “La vieja ve”.
En un reportaje publicado en la revista “Sintonía”, en 1940, Sandrini declaró: “María Esther no existe. La inventé yo y forma parte del imaginario colectivo. Es de cartón. Fíjate que siempre fue una vieja, aún de joven”.
.
-Apolonio estaba dentro de mí, pero logré expulsarlo.
¿-De qué manera?
-Con una terapia implementada por el Doctor Melgar. La original es de un psiquiatra inglés. Se llama “Terapia de aversión”.
Melgar la dio vuelta e inventó la “Terapia casi simpática”.
Me ataron a una silla y durante el tratamiento tuve que ver todas las películas de Apolonio el entrerriano. Al principio no paraba de gritar cuando aparecía haciéndose el gracioso. Mis alaridos se escuchaban desde la calle del Hospicio. Pero poco a poco le fui tomando simpatía, y al final terminé queriéndolo. Apolonio te hace reír y te hace llorar.
Después me sometí a otra terapia desarrollada también por el sabio Melgar.
Es el famoso “Gardelazo.” El paciente es atado a una silla y debe escuchar a Carlos Gardel durante cuatro horas. Te dejan descansar otras cuatro y  te vuelven a atar. Después de un mes de terapia dejas la psicosis para siempre.
Yo me sometí voluntariamente y escuché al Morocho durante años.
Pero la reconciliación final con el Zorzal vino cuando lo conocí.
¿-Dónde lo conoció?
-En el café “El Pensamiento”, ubicado en el Paraíso. Yo inicié el Gran Viaje en 1970 y me presenté en el Paraíso con lo puesto. San Pedro me abrió el portón; en el café conocí a Gardel que me distingue especialmente.
Luis Sandrini frecuenta la misma gente y también soy amigo de él.
¿-Escribís en el cielo?
-Estoy escribiendo historias breves muy ponderadas por “El Mudo” y sus amigos.
Quiero que Gardel les ponga música.
¿-Tenes alguna?
-Si, es breve.
Fijman sacó de entre sus ropas un grasoso papel de estrasa.
-Dice así:
¿Sabe por qué la Reina Cristina, Regente de España, no lo quería más a Alfonso XIII, su marido? Ella tampoco lo sabía, quiso conocer las causas y descubrió:  Primero: Alfonso XIIl era amable y  cariñoso y ahora se mostraba grosero y tosco. Segundo: antes era elegante y majestuoso, ahora se lo veía maltratado, mal vestido y sin morfar, y no se cambiaba nunca de ropa. Tercero:  porque Alfonso XIII no le había dicho que se había muerto.
Debo tomar el tren al Paraíso. ¿Queda lejos la estación Carapachay?
-Tenes que tomar el Belgrano Norte.
-Gracias, contestó Fijman.
Caminamos hasta el andén y al despedirse murmuró:
-Y hagamos fuego, y silencio, y sonido,
y ardamos, y callemos, y campanas.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Los celos del diablo.



Hombres sabios y pipiolos  conversábamos  en el café, cuando hizo su entrada un  señor muy mayor. 
¿-Ustedes son de la secta Testigos de Gardel? Preguntó el viejo mientras acercaba una silla.
-Afirmativo, contesté.
El recién llegado tomó asiento y escupió:-Así como me ven, triste y vencido,  yo soy el diablo.
Los pipiolos nos miramos incrédulos.
-Demuéstrelo.
Respondió el anciano mirando por la ventana: ¿-Ven esa señora que pasea  ese caniche asqueroso? El viejo señaló con el  índice  de su mano izquierda y el dedo emitió un rayo misterioso. El perro se desintegró envuelto en llamas.
¡-Tomá mate!
¿-Me creen ahora?
-Sipi.
-Vine a visitarlos porque  mi historia les puede interesar.
-Cuéntela.
Arrancó Satanás:-En el principió fue el Caos, y en el bolonqui que se armó la existencia para los ángeles era una papa. Aunque no lo crean, yo era hermoso, etéreo y con toda la pinta.
Me llamaba Lucifer, que quiere decir el que lleva la luz.
El Caos era un lugar parecido al Paraíso; abundaban figuras angelicales; había féminas ligeras y bandidas; flores y champagne en abundancia.
En esos años dorados, con mis compañeros teníamos largas charlas con el Padre y con Jesús, el Hijo, que era despierto y ligero, un ranún, como se dice ahora. Con el Espíritu Santo no había comunicación.
Era una delicia ver como pasaban los días. Pero un giorno muy ingrato mi hermano, el Arcángel Miguel, me vino con un cuento:- Che Luci, el Señor está pensando en la creación de alguien que va a ser más lindo que vos.
-Me vine loco. Al otro día lo encaré al number one y pregunté:-Jefe, dicen que usted va a crear a uno con más pinta que el que suscribe.
¡-Isa! Contestó Él.
¿-Por qué? Pregunté embroncado.
-Porque has cometido el peor de los  pecados, el de soberbia, te crees más poderoso que yo, y pensas derrocarme para ser el gran bacán de la creación, en compañía  de tus amigos, los magnates del Caos.
¡-Sos un guacho! Grité.
¡-No me faltes el respeto!
No fuimos a las manos; entre ángeles y querubines nos separaron.
El Señor montó en cólera y gritó: ¡-Fuera de mi vista! ¡Sos una lacra!
¡A partir de este momento sos el Ángel Caído!
Miguel, mi hermano, susurró:- Rajá de acá, y me arrojaron a la oscuridad del Infierno.
A partir de ese día el Padre comenzó a llamarme Belcebú, el Señor de las Moscas. Ahora bien, debo reconocer que el Infierno no estaba mal porque me siguieron al destierro ángeles  de ambos sexos, y a todos les  gustaba el guateque.
Mi única preocupación era que algún día habría alguien más hermoso que yo.
Pasaron los siglos y un día el Señor creó los cielos y la tierra.
Y puso en el mundo dos criaturas llamadas Adán y Eva.
Seres humanos, que le dicen.
Para conocerlos hice un viaje desde las tinieblas. Al entrar en el Edén adopté la forma de un sapo para burlar la vigilancia celestial, ejercida por mi primo el Arcángel Rafael, muy alcahuete.
La tarde que conocí a Eva me deslumbré. Era la primera mujer de verdad que veía, no como las que frecuentaba en los mundos del Caos, etéreas y angelicales, pero insulsas y de erotismo escaso.
Me propuse seducirla y hundir a su marido, el cándido Adán, en el descrédito absoluto ante el Señor.
Todos saben como terminó la historia. Adán en el Infierno en compañía de Eva.
Muchos me critican porque hice que la primera pareja se condene.
Es cierto. Pero para mi fueron tiempos de euforia ya qué logré una clara victoria sobre el Señor, que mordió la bronca de una derrota humillante.
Me había burlado del Omnipotente, quién rodeado de vigilantes que cuidaban a la pareja primigenia, todo lo veía. Los durmió un batracio, los durmió.
Fui el líder y el caudillo de la caída, acompañado en esa guerra sucia por mis aliados, los grandes burgueses de la oscuridad.
Brindé, además,  material a literatos y filósofos para que escriban con fundamento sobre el paraíso perdido. Sin mi tarea en la guerra civil de los cielos, no hubiesen existido Milton ni Dante Alighieri.
Muchos años después con Adán nos hicimos amigos. Empezó a contarme sus conversaciones con el Padre antes de su caída.
Una noche de garufa le pregunté  si sabía algo del secreto revelado a mi hermano Miguel.
Haciendo memoria Adán recordó que el Señor le había dicho que algún día habría un ser más hermoso que yo.
Cuando  comenzó a explayarse fuimos interrumpidos abruptamente por la llegada del Hijo a la tierra.
El Cristo se había ofrecido para lavar la mancha del Pecado Original que pesaba sobre la humanidad toda.
Y nació en Belén el aclamado Rey del Mundo. Cabía un repliegue táctico.
Me quede cayetano en el infierno donde me informaban de manera permanente sobre los movimientos del Hijo. De vez en cuando me acercaba para  verlo y escuchar sus parábolas.
Una tarde me tiré un lance y tenté a Jesús.
Estaba en el desierto. Después de cuarenta días de ayuno el quía tenía hambre. Me acerqué y susurré en su oído:-Si sos el rey de los moishes, haz que estas piedras se conviertan en pan. Respondió: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
-Estás desnudo y sin morfar, le dije.
-Estoy vestido con la tristeza del mundo, contestó.
Ya dije que había conocido al Hijo antes de mi caída en desgracia, y no era ningún vicenzo.
Me retiré en espera de los acontecimientos.
El final es conocido. Jesús fue crucificado, escupido, humillado y ofendido.
La muerte del Hijo fue un intento de redención a los pecadores que terminó en el fracaso absoluto.
El día de la crucifixión volví al país de las sombras para reanudar mis diálogos con Adán.
Decía el primigenio que el hermoso por nacer sería un destacado personaje que surgiría de improviso  en un oscuro arrabal del mundo.
Tras cartón, y sin decir agua va, apareció Carlos Gardel.
El espanto que me produjo la llegada a la gloria suprema de un bastardo francés fue terrible. Estaba desesperado, con una angustia que nunca había sentido. En esos años mis días transcurrían en estado de llanto.
Concluí que no me quedaba otra que destruirlo y eso no sería  tarea fácil. Si bien había derrotado al padre  cuando Adán y Eva, supe de entrada que con el Morocho no iba a ser un paseo. Criado en la calle y educado en los quilombos de la  calle Junín, Carlitos era pesado y transgresor.
Había que eliminarlo de  forma  que su muerte fuese una lección para el mundo y para el guanaco del Padre, que lo había creado. Por eso le prendí fuego. Para que su rostro sin par y su voz de otro mundo, se derritiesen entre alaridos y fierros al rojo.
Pero el Zorzal Criollo se vengó.
Con la ayuda de Julio Jorge Nelson, que día a día trabajaba para la gloría póstuma de Gardel, resurgió de sus cenizas y se convirtió en arquetipo inconfundible del ganador. Es el hijo pródigo que vuelve a casa con la frente levantada y el corazón en la mano para dárselo a su pobre viejita.
Lo que logré con su muerte fue convertirlo en mito.
Pero eso no volverá a suceder. Estamos trabajando, con mi amigo Simón Mago, para cambiar la historia del mundo.
¿-Cómo harán? Pregunté
-Fácil, modificaré la memoria de la humanidad.
Desde  el mundo de  las sombras haremos que la voz del Zorzal calle para siempre. A partir de 1890, año del nacimiento de Carlos Gardel, la historia mundial será distinta. En pocos días, y cuando le demos forma a todo esto, los últimos ciento veinte años serán muy diferentes a lo que ustedes conocen. El olvido será absoluto.
¿-Qué hará con el Mudo?
-Carlos Gardel morirá el 10 de diciembre de 1915. Esa noche, al salir del Armenonville, puso el pecho para proteger a Elías Alippi.
Recibió un balazo, y por directa mediación de Señor Jesús, que es un gardeliano de la primera hora, se salvó. Ahora no lo salva ni el Padre.
En poco tiempo nadie lo recordará.
Las guerras serán más sangrientas y el siglo XX será peor de lo que fue.
-Nos interesa el tango, dije
-El tango no da para más. Desaparecido Gardel la duda que tengo es a quién entronizaré como el mejor, si a Corsini  o  a Magaldi; uno de los dos tiene que ocupar el lugar del mudo. ¿Ustedes a cuál prefieren?
-Corsini.
Reflexionó Satanás:-El problema es que Corsini era una especie de santo laico ad-honorem. Amaba a su esposa, y cuando ésta murió no salió más de la casa.
Lo reinventaré ruin y pechador; cocainómano, borracho y bisexual.
La voz de Dios en la tierra no será más Carlos Gardel, símbolo de los sueños alucinados de los desechos sociales. El mito será Don Ignacio Corsini, y el rito será la peregrinación a su casa de la calle Otamendi 676, en el dantesco barrio de Almagro.
Al turro de Julio Jorge Nelson lo borraré para siempre de la faz de la tierra. No podrá salir de Villa Crespo. Si intenta cruzar los límites del barrio elegido, se ahogará en el inmundo cauce del arroyo Maldonado.
La década del cuarenta la haremos durar unos años más, pero el tango no tiene futuro.
-Usted le puede dar ese futuro.
-Todo será distinto. Las elecciones de febrero de 1946 serán ganadas por la fórmula Tamborini-Mosca. Luego de la derrota electoral el Coronel Perón se hará bailarín. Pedirá la baja del ejército para formar pareja de baile con su compañera.  Se presentarán como el manchado, María Eva y los perritos bandidos; junto a Varela, Varelita y  Rondineli.
Haré que vuele sobre Buenos Aires el célebre Avión Negro.
¿-Para qué?
-Para reavivar la viveza criolla, y la religiosa creencia  de que se puede volver a la edad de oro a través de la leyenda.
Habrá un resurgir de la poesía y del mito gaucho.
El Avión Negro sobrevolará el obelisco todos los días a las 12 en punto.
¿-Quién viajará en él? Pregunté.
-Eso depende de la imaginación de cada uno. El que espera desespera y el que tiene que llegar no llega más.
-Le quiero hacer un pedido, dije.
-Pida nomás.
-Ya que va a reinventar todo nos gustaría que la ciudadanía recuerde a Don Enrique Serrano, el mejor comediante argentino de todas las épocas.
-Concedido. El pelado Goyena estará presente a diario en el inconciente colectivo, suspiró el Diablo.
-¿Y usted?
-Volveré a ser el más hermoso, y cuando alguien pregunte si era lindo Belcebú, la respuesta será: ¿De que, de que? ¡Era más lindo que Gardel!

sábado, 29 de octubre de 2011

El secreto de Gorrindo (versión corregida)



Promediando una noche de escabio se escuchó: -Ese tango está basado en un hecho real. El autor simuló como pudo, pero escribió sobre una historia verdadera, sobre una pasión prohibida. 
De esa manera Cátulo Castillo informaba sobre el sentido oculto del tango  “Las Cuarenta”.
Años después, Elma, la viuda de Francisco Gorrindo, batió la justa:-El tango  escrito por mi esposo esconde un secreto inconfesable.
Continuó:-En La Plata se produjo el drama familiar que contó Cátulo.
Lo que hizo Francisco fue insinuarlo  en  “Las Cuarenta”.
Fue así: Un acaudalado matrimonio de esa ciudad tuvo tres hijos.
Dos mujeres, gemelas, y un varón. Lo único que recuerdo es el nombre del chico; se llamaba Giordano Bruno.
Le brindaron la mejor educación, fueron a muy buenos colegios, y sus padres eran un ejemplo de matrimonio feliz.
Los domingos, los cinco se daban cita en la Catedral para escuchar misa.
Los chicos crecieron, y las mujeres se transformaron en las  más codiciadas de la ciudad. De gran belleza, de una sensualidad manifiesta y sin límites, pronto descubrieron en ellas una lujuria africana.
Giordano Bruno, el hermano, las veía desarrollarse, y no se decidía sobre cual de las dos lo atraía más. Las hermanas sentían lo mismo por él.
La pasión  desató en ellas una sangrienta batalla, la que se acentuó cuando se dieron cuenta que Giordano Bruno las espiaba, para aliviarse luego, cometiendo el pecado del segundo hijo de Judá, el popular  Onán Urrá.
Las mellizas se pusieron de acuerdo en rescatar a su hermano de la frustrante autogestión, y directamente le propusieron un menage a trois.
Giordano Bruno aceptó eufórico sin medir las consecuencias.
A partir de ese día retozaban en el borde del fangal. Hasta que un día  cayeron en el barro. Una de las mellizas esperaba un hijo.
Giordano Bruno se dio cuenta en lo que se había metido. Su hermana le dijo:-Vayamos a un país donde podamos vivir como marido y mujer.
Giordano no estaba de acuerdo, y comenzó a presionar para que interrumpa el embarazo. La otra mujer hizo causa común con su hermano; la convivencia se transformó en un infierno.
Nació un varón al que llamaron José Pablo. Durante los días en la maternidad hubo cierta calma; ésta terminó cuando  llevaron el niño a casa.
Nomás llegar, el averno retornó para quedarse.
Giordano Bruno y su hermana acusaban con total hipocresía a la madre reciente, de ser el descrédito de la familia. Decían que toda la ciudad se burlaba de ellos, y además, tan respetable familia era cuestionada en su moral; algunos amigos le habían retirado el saludo.
La agresión fue de tal magnitud que en plena depresión post-parto la madre de José Pablo se arrojó ante el paso de un tranvía.
Al niño lo criaron su tía y su padre. Cuando cursaba el secundario le contaron, sin énfasis alguno, que su madre había muerto en un accidente.
José Pablo creció con la sospecha en el alma.
Parecía normal, y llevaba una vida como la de tantos chicos.
Pero todo lo sólido se desvanece; la oscuridad  interior se materializó cuando José Pablo se puso de novio con una mujer veinte años mayor.
La novia era de terror. No se había visto en La Plata y alrededores mujer tan fea.
Cuando la presentó en su casa, Giordano Bruno y su hermana no pudieron reprimir un alarido.
Es que la habían visto de golpe, sin estar preparados.  
La presión familiar no dio resultado y José Pablo se casó.
Se lo podía ver caminando bajo los tilos con el esperpento del brazo; paseos que los vecinos consideraban una grosería, un atentado a la estética.
Cátulo decía:-¿Te das cuenta Francisco? Él nació de una relación entre hermanos. El pibe es un gargajo involuntario, y le pasó su propio drama a la jermu. Su fealdad encarna el horror del incesto.
José Pablo camina con su tragedia del brazo, y ambos son un remanente de la horda primordial. 
Continuó Elma:-Entonces, con toda la información brindada y conocida, mi marido escribió “Las Cuarenta”. Eso fue en 1936.
Dos filósofos, Rodolfo Kusch  y  Carlos Astrada hicieron sendos análisis sobre esa letra. Kusch en su libro “De la mala vida porteña”; Astrada en “Sociología de la guerra y filosofía de la paz”.
Le erraron como ciego al timbre.
Fue el místico francés René Guenón, radicado en El Cairo, el que hizo una lectura correcta. Le escribió a Francisco una carta donde comparaba “Las Cuarenta” con una tercina de la “Divina Comedia”: “Soto il velame de li versi strani”. Decía Guenón que descorriendo el velo se entendía la tragedia de José Pablo. La carta terminaba explicando que el caso pertenecía a los arcanos universales y a una metafísica del tango. 
En 1955 Charlo grabó una antológica versión de “Las cuarenta” que fue éxito mundial.
En Londres se convirtió en  gran suceso, y la atravesada letra del tango hizo que el famoso compositor y director inglés, Sir Thomas Beecham se interesara en ella.
En 1959 Beecham vino a dirigir la ópera Otello en el teatro Colón; lo llamó a Francisco para hablar de música y literatura.
Al mismo tiempo, su mujer,  Betty Hamby, estudiosa del folclore, se conectó con el bailarín Santiago Ayala, conocido como “El Chúcaro”.
Mi marido le contó a Beecham cual había sido la letra original de “Las cuarenta” y los cambios a los que tuvo que avenirse por presión de la empresa grabadora : “La mirada turbia y fría”, es la intuición, por parte de José Pablo, de ser un hijo de la insanía más terrible. “Curda ya de recuerdos”, los recuerdos son de terror: Fue señalado en el barrio como engendro demoníaco. “Con una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos”. La angustia de José Pablo lo desborda. “La vez que quise ser bueno se me cagaron de risa”. Francisco le contó a Beecham que ese fue el primer verso que tuvo que cambiar. “Hoy no creo ni en mi mismo”. José Pablo nunca creyó en él mismo. La certeza de que algo terrible pasaba en su casa lo acompañó desde siempre: “La desgracia fue mi amante, la esquizofrenia mi amiga, el tabú tiene su contra y toda contra se da”.
Para continuar: “Hoy no creo ni en mi mismo”  Y el remate final: “Por eso no has de extrañarte, si alguna noche, borracho, con el incesto del brazo, alguien  me viera pasar.” Francisco le contó a Beecham que los amigos le dijeron que no podía escribir eso. Porque si bien el tango en sus orígenes tenía alguna connotación transgresora, el incesto era otra cosa, que el sexo entre hermanos es  serio y tenebroso.
Francisco cambió el verso:“con la tragedia del brazo”, hasta dar con la versión definitiva.
La historia impresionó a Sir Thomas, y comentó que podrían  componer una ópera con la leyenda negra de la ciudad de La Plata.
Cuando Beecham regresó al hotel  su esposa se sentía mal.
Llamaron  a un médico que  ordenó internarla de inmediato.
Una hora después Betty había muerto.
Parco, Sir Thomas preguntó: ¿-Hay cementerio británico en Buenos Aires? 
Durante la noche se presentó  en el hotel  Santiago Ayala, el Chúcaro, acompañado por algunos integrantes de su ballet, para hacer compañía  al viudo reciente.
El bailarín contó que en la tarde, mientras  practicaba una coreografía con Betty, comenzó a revolear las boleadoras sobre la británica testa de la mujer.
Un mal movimiento de muñeca  hizo que una de las bolas diese de lleno en la frente de su pareja de baile.
El golpe produjo el deceso pocas horas después.
Beecham, luego de mirarlo pensativo, le sirvió un Scotch.
Al día siguiente,  arrojaron terrones negros sobre la caja que contenía el cuerpo de Betty Hamby.
Cuando se dirigían hacia la salida del Cementerio, Sir Thomas susurró en el oído de “El Chúcaro”: -Mi amigo, le voy a dar un consejo: en la vida hay que probar todo, menos el incesto y la danza folclórica.
Después se tomo la Panagra.