Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.
Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.
Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.
Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.
En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.
Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.
martes, 7 de diciembre de 2010
De la amistad entre Julio Jorge Nelson y H.P.Lovecraft

Escuchado al Sr. Musante en el café:-Un personaje extraño, escritor de relatos fantásticos, se apareció un día en el café “El Pensamiento”.
Lo trajo Julio Jorge Nelson que es un hombre muy culto.
En vida Nelson cultivaba la amistad de los poetas Juan Gelman y “Paco” Urondo. Éste fue el que le puso el mote de “El señor de los tristes”.
Estábamos una noche con Gardel y otros amigos jugando al codiyo cuando apareció la “viuda” con el Sr. Lovecraft.
Dijo Nelson: “Les quiero presentar a un gran escritor que encontró en el tango sus sueños perdidos.”
Tomaron asiento y Lovecraft dijo:- Es cierto. Cuando tenía treinta años perdí la llave de la puerta de mis sueños.
¿-Lovecraft habla español? Preguntó Julio Paredes, el poeta del barrio.
-En el cielo cada uno mantiene su idioma original y se expresa en su lengua materna. Lovecraft habla en inglés, pero yo lo escucho en castellano.
¿-Cómo es eso? Preguntó intrigado el tordo Laferlitta.
-Cuando un habla el sonido sale de la boca, hace un giro de 360º y se convierte en el idioma del que escucha.
¿-Y eso se ve? Preguntó Paredes.
-A veces, contestó el Sr Musante. -Calcule que la velocidad del sonido es de 1234,8 kilómetros por hora.
-Eso sí, dijo el tordo Laferlita.
-Siga con Lovecraft, apuró Paredes.
El Sr. Musante continuó:-Lovecraft dijo: al perder la llave de mis sueños busqué consuelo en la filosofía pero el resultado fue frustrante.
Alguien me recomendó que en la música o a través de ella podía recuperar el mundo perdido. Yo vivía en Providence , al norte de Nueva York, y lo primero que hice fue escuchar Jazz. No encontré nada. Busqué en la Ópera con igual resultado.
Estaba perdido. Pero una noche por radio escuché algo desconocido que me conmovió y me di cuenta enseguida que ese era el camino. El locutor dijo que se trataba de un tango Argentino. Al otro día salí a la calle, cosa que me costó mucho porque hacía 15 años que no me asomaba a la vereda.
Las calles de Providence se habían llenado de eslavos y mulatos, por eso me recluí.
En la radio pregunté por la música irradiada la noche anterior, me dijeron que la voz que había escuchado pertenecía a un señor llamado Carlos Gardel. Conseguí un disco de pasta y el que me lo vendió me dijo que en su país lo conocían como “El Zorzal”.
Esa noche puse el disco en la Victrola y la voz de Carlos Gardel me sacó para siempre de la estupidez de la vida cotidiana, y me llevó nuevamente a las fascinantes excursiones nocturnas del mundo de los sueños. A través de “EL Zorzal” recuperé la llave y regresé al paraíso perdido de mi infancia.
Volví a escribir usando como material los sueños que provocaba la garganta de Gardel.
Dijo Musante:-En el cielo Lovecraft se hizo amigo de Edmundo Rivero.
Son muy parecidos físicamente y Rivero, que es algo parco, le da bastante bola, y el escritor pondera sus tangos.
Malena, la que esconde una esperanza humilde acotó:-Rivero no me gusta porque cantaba tangos que están fuera del cristianismo.
-No la entiendo, dijo Paredes
-Los tangos de Antonio Podestá y Marambio Catán.
-Malena, el cristianismo no es lo que usted piensa, acotó Musante para agregar:-Sus parámetros religiosos ya han sido desmentidos por Swedenborg; usted misma viajó al Paraíso con motivo del Bicentenario y vio cual es la verdad. Por qué no lee un poco a los suecos y después opina.
Habló Malena:-No leo nada. Los católicos no podemos ser cultos porque sería una herejía. Yo soy la que no oculta nada.
Replicó Musante:-En el café “El Pensamiento” le escuché decir al General Perón: “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Usted debe ocultar muchas cosas. Y esas deben ser terribles.
Contestó Malena, la que esconde una esperanza humilde:-Tengo una línea de conducta.
Harto, el Sr. Musante cortó la discusión:-Malena, usted no agarra una vaca en un baño.
Y continuó con Lovecraft:-Decía que se hizo amigo de Rivero y asegura el escritor que gracias a Edmundo ha cambiado de manera radical su manera de soñar.
Rivero canta un repertorio familiar con canciones camperas y otras referidas a la madre. El riesgo es que Lovecraft termine escribiendo como Héctor Gagliardi.
Julio Jorge Nelson dice que eso no va a suceder. Simplemente, siempre al decir de la “viuda”, las canciones camperas de Rivero son una tregua en la terrible existencia que llevo H.P.Lovecraft.
¿-Y cuál de esas canciones es la preferida del escritor? Preguntó el tordo Laferlita.
-Bonjour Mamá, contestó el Sr. Musante.
lunes, 29 de noviembre de 2010
El Sr. Musante, Borges y Corsini
Una tarde en el café recordó el Sr.Musante:-El que hizo una importante reforma teológica fue Borges. He contado que la verdad religiosa no es la de la Iglesia Apostólica Romana sino la de Emanuel Swedenborg.
Éste dice, y eso lo pude comprobar in situ durante los 30 años en que estuve muerto, que Dios no condena a nadie. Uno elige infierno o paraíso a gusto y piacere. Una tarde en que estaba sentado con Georgie en el café “El Pensamiento”, hizo una serie de reflexiones sobre Swedenborg.
¿-Borges recuperó la vista en el Cielo? Preguntó el tordo Laferlitta.
-Si, contestó el Sr Musante. Pero al café viene con parches en los ojos porque no soporta la luminosidad celestial. Sostiene, como el poeta Eugenio Mandrini, que en el reino de los ciegos, los ciegos ven.
Yo creo que se tapa los ojos porque no quiere ver ni a Gardel ni a Perón.
Pero volvamos a Swendenborg, a las reformas que realizó Borges en la teología, y que fueron aceptadas de buen grado por el místico sueco, que además es un gran tanguero. Dijo Borges una tarde, mientras se acomodaba los parches en los ojos: “En general se había creído que el hombre, para salvarse, debe salvarse éticamente. Pero Swedemborg dice que el hombre no se salva por su conducta sino que la salvación está en su inteligencia.
Y da un ejemplo.
Él se imagina a un pobre hombre que cifra todos sus deseos en llegar al cielo y vive sin cometer ningún pecado. Lleva la vida de los ascetas. Este hombre un día muere y llega al Cielo y ahí se encuentra que el Cielo es mucho más complejo que la tierra. En el Cielo hay ángeles que hablan de Teología, y gente de tango que se pregunta por la relación entre Estercita y la milonga entre magnates. Inquieren de manera muy aguda acerca de la conducta del hijo de “Giuseppe el zapatero”. El pobre hombre quiere participar de las conversaciones de ángeles y tangueros pero naturalmente está perdido. Es como un palurdo que llega a la ciudad desde los yuyos y no entiende nada. El Cielo lo aturde, le da vértigo.
Entonces él les pregunta a los ángeles que debe hacer. Los ángeles le dicen que al haberse dedicado a la pura virtud ha malgastado su época de aprendizaje en la tierra. Y finalmente Dios encuentra una solución, una solución un poco triste pero es la única. Enviarlo al infierno sería injusto. Ese hombre no podría vivir entre demonios. Y dejarlo en el cielo es condenarlo al vértigo y a la milonga. Y entonces en el espacio encuentran un lugar para él y encuentran un lugar que es el lugar de los mediocres y de las maestras normales de la Provincia de Buenos Aires. Y ahora ese hombre está ahí, está como estuvo en la tierra, pero más desdichado porque sabe que esa morada es su morada eterna, es la única morada eterna para él.”
-Pregunté: ¿Borges usted que hizo?
-Hablé con Swedenborg un día que lo encontré en el café. Le dije que me parecía injusto el destino de los pelmazos buenos. Estuvo de acuerdo y entonces realizamos un plan de trabajo. Todos los condenados a la morada de los mediocres podían salir de ella después de un plan de estudios.
Tenían que redimirse por el arte.
Debían comenzar leyendo a Virgilio, Homero, Shakespeare y Dante.
Y luego de años de estudiar y desarrollar su pobre inteligencia se presentaban a la prueba final que consiste en conocer todo el repertorio de Ignacio Corsini, “El caballero Cantor”, conocido también como el Príncipe de la calle Otamendi.
Una vez que con Emanuel tuvimos listo el programa de estudio se lo presentamos al “Espiritu Santo” para que Dios lo apruebe.
Unos días después el “Espíritu Santo” nos devolvió el programa aprobado pero con un agregado. Los mediocres después de estudiar y cultivar su inteligencia deberán por toda la eternidad escuchar tres canciones de Don Ignacio Corsini por día.
A esto, EL Señor lo llamó “El Corcinazo ”.
El que no cumple debe volver al mundo de las maestras normales del Partido de San Martín, y empezar todo de nuevo.
Como Sísifo, concluyó Georgie.
Continuó el Sr. Musante:-Borges, no sabía de su admiración por Corsini.
Contestó:-Lo descubrí acá, en el café “El Pensamiento”.
Me di cuenta que Corsini es un perfume. Cuando lo escucho aparece Madre abriendo un pesado frasco de vidrio de colonia “La Franco-Inglesa”, cuyo aroma invade toda la casa.
Entonces el llanto me quema los ojos.
Bibilografía:
Borges Profesor
Emecé. 2001.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Recuerda el Sr. Musante
-Musante, dijo Paredes el poeta del barrio.-Que el Zorzal se ría de Julio Sosa me sorprende.
-No sólo Gardel descalifica a Sosa. Jorge Luis Borges lo detesta.
-Cuente Musante, exigió el vidente Locuco.
-Con Borges he compartido la mesa del café “El Pensamiento”.
Se sentaban también Villoldo, Arolas, Vicente Greco y Don Jacinto Chiclana.
¿-Jacinto Chiclana está en el cielo? Preguntó asombrado Julio Paredes.
Contestó Musante:-No, Chiclana eligió infierno, pero viene de visita porque es muy amigo de Georgie, y a éste le gustan los guapos y tangueros
de la llamada Guardia Vieja. De los modernos distingue al uruguayo Alberto Vila y a Jorge Vidal. Es más, afirma que Vidal es superior a Gardel.
Una vez uno le preguntó a Borges por Julio Sosa y le agarró una especie de mal de San Vito, peor que el que le ataca cuando entra en el café el General Perón.
Refiriéndose al “Varón del Tango” Borges comentó que la primera vez que lo oyó iba en un taxi y pensó que los botelleros de su infancia habían resucitado. El taxista le comentó que era un cantor uruguayo.
Después se puso de moda, contó Georgie, y era imposible no escucharlo.
-Confundía la altanería machista con lo viril. Creía que gritando como un carrero demostraba su hombría. Alguien me lo describió físicamente y pensé: “Por suerte tomé la precaución de quedarme ciego”.
Pero no solamente Borges y Gardel lo desprecian.
El escritor Ezequiel Martínez Estrada definió a Sosa como al protoguarango: “el guarango necesita un público nutrido para la agresión.
Es incivil y su primer movimiento es el atropello. Esa es la esencia de ese seudo cantor llamado Julio Sosa. Después del guarango sigue el mono”.
Borges desarrolló lo dicho por Martínez Estrada:-Sosa confunde virilidad con alarido. Comparte la mesa con nosotros Don Jacinto Chiclana, capaz de no alzar la voz y de jugarse la vida. Julio Sosa pertenece a esa caterva que en mi relato “Hombre de la esquina rosada” llamo “italianaje mirón.” Todos muy hombres pero cuando alguno sacaba el cuchillo eran los primeros en salir corriendo.
Sosa nunca entendió la melancolía, que es la esencia del tango.
-Con Julio Sosa juega otro factor que nadie tiene en cuenta, acotó Julio Paredes.
¿-Cuál es ese factor? Preguntó el tordo Laferlitta.
-La imagen, concluyó Paredes.
-Explíquese, susurró el Sr. Musante.
Continuó Paredes:-Julio Sosa es uno de los productos que surgen en la Argentina a fines de 1950, cuando va perdiendo fuerza la radio y empieza a ganar espacio la televisión. La oralidad, la magia de la radio, es reemplazada por la realidad de la imagen, la televisión.
Los años de oro de Julio Sosa van de 1960 a 1964, cuando muere en un accidente. Goar Mestre, dueño de Canal 13, y Ricardo Mejía, director de una grabadora y creador del “Club del Clan” se pusieron de acuerdo para inventar una caricatura , una especia de Golem del tango de acuerdo a la imagen que tenían de nuestra música en sus respectivos países, Cuba y Ecuador. Que gesticule y grite para que la imagen, una novedad en ese momento, convierta en ídolo a un cantor de cantina.
Fíjense que durante la década de 1950 con Sosa no pasó nada. Todavía tallaba la radio.
Lo bautizan “El varón del tango”, lo disfrazan de malevo, le explican que debe sobreactuar el machismo, y lo ponen en pantalla. El éxito es arrollador. Eso explica también porque Sosa es el cantor de tango preferido de los que odian el tango: lo vieron por televisión y lo recuerdan años después creyendo que era un grande.
Además murió joven y de manera trágica, lo que refuerza el mito.
Terminó su breve paso por la vida aplastado entre el volante de su automóvil y una providencial columna de hormigón.
Es un final que se repite entre los que se creen algo que no son, y además no tienen conciencia de que la fama es puro cuento, concluyo su alocución erudita Don Julio Paredes.