Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

domingo, 16 de mayo de 2010

Cuando Gardel abrió sus alas


Mi alma rechiflada está con vos.
No hay fuerza temporal que le gane al inventor del tango.
Ni tus lágrimas al caer sobre el último boleto escolazeado.
Te perdiste en el cielo como un reflejo de Dios.
Y abriste tus alas de zorzal y volaste.
Y volás.

Lucio Rossi

tio carlos

Cátulo Castillo


-Invocar a Cátulo no es fácil, dijo el vidente Locuco.-Porque los grandes esotéricos no quieren volver a este mundo.
Además Cátulo trabaja en el Paraíso con Gustavo Rol, el mago de Torino, el más grande médium de todos los tiempos.
En vida, Rol era un hombre de consulta mundial. El General De Gaulle le temía porque Rol le leía el pensamiento.
Irrumpió el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte:-Federico Fellini, el director de cine, fue su gran amigo, y al atardecer se reúnen con Cátulo en el café “El Pensamiento”. Cuando llega Gardel, Cátulo cambia de mesa y se sienta con el Morocho.
Federico y Rol no se apasionan por el tango. El interés de ellos es el cine como metáfora de los sueños. Fellini me contó que para los pobres los sueños son el cine, lugar al que ellos no pueden concurrir.
-De todos modos hay que llamarlo, dijo Paredes.-No podemos quedar mal con la madre de Perón.
-Si el Profesor Locuco está de acuerdo, cuando invoque a Cátulo podría decirle que yo lo espero para hablar con él, dijo Malena la que esconde una esperanza humilde.
-Esta noche, mejor dicho cuando llegue medianoche pueden constituirse en mi casa e intentaremos traerlo a Don Cátulo.
Al dar las 12 estaban todos ante la mesa redonda del vidente Locuco.
Éste se concentró y de inmediato se materializó Cátulo Castillo.
-Malena, dijo Cátulo sonriendo, -concurrí de inmediato porque me dijeron que estaba usted. ¿Sigue con su esperanza humilde?
-Por supuesto, contestó Malena.
-Me alegra que no haya cambiado y continúe con su línea de conducta. No se preocupe que en algún momento llegará el reconocimiento.
-Para que me llamaron, preguntó.
Malena tomo la palabra:-Querido Cátulo, noches pasadas estuvo con nosotros Doña Juana Sosa, madre del General Perón.
Nos pidió si podíamos hacer algo para que su hijo recobre el afecto por ella.
-Es un problema, dijo Cátulo. -La relación con la madre es un tema difícil porque nadie se distancia tantos años de la vieja sin un amor ausente. Pero si usted me lo pide Malena, conociendo su bondad infinita, haremos el intento. No aseguro éxito porque el General, cuando uno le habla de la madre, simplemente enloquece.
Habló Paredes, el poeta del barrio: ¿-Sigue componiendo en el Paraíso?
-No hay motivación, contestó Cátulo.-El mundo de los muertos es eterno y eso aburre un poco. El pasado es apasionante, el futuro es demasiado simple. ¿Sobre qué puedo escribir ahora? Pensé en una letra sobre René Guenón, el místico francés que comparte la mesa del café con nosotros. Pero no la hice.
La esencia del tango es la melancolía y en el Paraíso la tristeza no existe.
Lo que tiene de bueno el lugar es que te encontrás con gente que no pudiste conocer. Es el caso de Rol, Fellini, Swedenborg. O el ciego Tiresias, que es asombroso lo que sabe de tango. Eso lo disfrutas mucho.
Pero en un lugar así nunca hubiese escrito “Tinta Roja”. Los versos felices no se te ocurren en el cielo.
¿-Y “La última curda”? Preguntó el tordo Laferlita.
-Con esa letra dicen que cerré el tango. No creo ser tan importante.
¿-Volviendo a Perón, contamos con usted?, preguntó Paredes.
-Ya les dije que si. Pero insisto que es un tema difícil. Yo me reencontré con mis viejos en octubre de 1975 y fue una gran alegría. Fíjense que siempre hablo de papá. A mi vieja la quiero tanto o más pero la gran figura era mi viejo.
¿-A Perón le tiene respeto? Preguntó Paredes.
-Juan me quiere como un hijo. Además todo lo que me enseñaron en casa Perón lo llevó a la práctica. Hechos concretos como las vacaciones pagas o el aguinaldo. Tengo el privilegio de ser amigo de él y de Eva, su compañera.
Con ella nos tenemos gran estima. Escribí “Serenata a la muerte de Eva”, cuando se produjo su deceso:

Se han callado los astros
Y el reloj no nos miente
Las ocho y veinticinco
De la cita en horario,
La viajera ha venido,
La vida se detiene.


-Me voy a retirar e intentaré la reconciliación entre Juan Domingo y su madre. Les agradezco que me hayan convocado para esta noble misión.
Me voy contento porque he visto de nuevo a Malena, la que esconde una esperanza humilde.

sábado, 8 de mayo de 2010


Juana Sosa de Perón. (Madre hay una sola).

Una tarde en el café:
¿-La madre de Perón está en el Paraíso? Preguntó el rengo.
-Si, respondió el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
Y agregó:-Pero el General le raja.
-Es sabido que Perón no quería a su madre, acotó Paredes, el poeta del barrio.
¿-Y a quién quiso Perón? Dijo el rengo con sorna.
-No te hagas el vivo que a vos te regaló la primera prótesis, contestó Paredes.
-El Partido Socialista me la regaló.
-No mientas, como todo setenta y tres sos un ingrato. En la Fundación te regalaron la gamba que te falta, y la otra también, acotó el Doctor Laferlita.
-Me contó mi viejo que Perón cuando se afeitaba escupía el espejo, continuó el rengo sin rendirse.
Malena, la que esconde una esperanza humilde, dirigiéndose al gorrén, expresó: -En la vida hay que ser agradecido. Si Evita o Perón le regalaron la pierna ortopédica que usted luce con sobria elegancia, debería estar agradecido.
-Eso si, acoto el Sr.Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
-Pero retornemos al tema principal que es la madre de Perón, irrumpió el vidente Locuco.
-La podemos invocar, pero como la señora pertenecía a poderosas etnias ancestrales, debemos esperar el momento oportuno.
El que quiera verla puede presentarse dentro de dos viernes, promediando la medianoche, frente a la Estación Munro, donde tengo constituido mi domicilio legal.
Los tangueros, junto a Malena, la que esconde una esperanza humilde, se dieron cita en casa de Locuco el día fijado.
El vidente tenía todo listo. Pasada la medianoche se concentró y de improviso se materializó una señora que dijo:-Me llamo Juana Sosa Toledo y soy la madre de ese gran argentino llamado Juan Domingo Perón.
-No hace falta que lo aclare, dijo Paredes. -Es igual a su hijo.
-Juan es parecido a mí, su hermano Avelino era parecido a su padre, Mario Perón. ¿Para que me convocaron? Preguntó.
Tomó la palabra Malena, la que esconde una esperanza humilde, que sin anestesia disparó: -Sabemos de la mala relación con su hijo. Como seguidores de Juan Domingo, su obra, y añorando los años de la fiesta argentina que él nos regaló, queremos preguntarle si nos autoriza a realizar una mediación, para que Juan y usted retomen el afecto que sin duda algún día existió.
Transcurridos unos segundos Juana Sosa comenzó a llorar.
Enjugándose los ojos y con la voz quebrada habló:-Juan se distanció de mí en su adolescencia y nunca más tuvimos una relación cercana.
Además cuando enviudé me volví a casar, y si hasta ese momento cruzábamos algún saludo, a partir de mi boda me condenó a la indiferencia, que es lo peor que puede sufrir una madre por parte de un hijo.
Yo le recé a mis dioses Tehuelches sin resultado alguno.
Mi muerte se produjo en 1953 cuando Juan era Presidente de la Nación.
Ni siquiera concurrió al velorio. Lo hizo llamar a Camporita y le dijo:-Ha muerto mi señora madre. No puedo concurrir al velorio porque actos de gobierno de gran trascendencia me lo impiden. Usted vaya como mi delegado personal y en mi nombre reciba el pésame de los asistentes.
Cuando Juan murió, en 1974, lo esperé ansiosa.
Cuando me vio dijo:-Vieja ¿Usted por acá? No la puedo atender porque me está esperando Carlos Gardel.
Fue la única vez que nos cruzamos. Las noches de tristeza concurro hasta el café “El Pensamiento” y a través del vidrio lo veo a Juancito acompañado por Carlos Gardel y otros personajes ilustres.
-Gardel tampoco quiere a su viejita, dijo Paredes.
-No es así, continuó Juana.-Mantienen una relación distante pero el afecto existe. Además Don Carlos celebra con Berta el día de la madre.
Esto despertó la curiosidad de todos:-¿Festejan el día de la madre en el paraíso?
-El tercer domingo de octubre se hace un almuerzo para homenajear a las grandes madres del tango. La cabecera de la mesa está ocupada por José Betinotti y su pobre madre querida, contó Juana.
-El evento se lleva a cabo en la cantina Karamazóv Hermanos, propiedad de dos rusos del Abasto. Me contaron, porque a mi no me invitan, que en el último festejo Marcos Zucker cantó en idish el tango “Garufa”.
Los invitados de honor son Juan Domingo y Carlos Gardel.
Doña Berta Gardes concurre del brazo de su hijo. Juan va solo.
-Nosotros queremos hacer algo por usted. A través del Profesor Locuco y su Espiritismo Científico, podemos convocar a alguien que tenga predicamento sobre su hijo. Hablaríamos con algún amigo influyente para que intente, con el gran argentino, reencauzar la relación, dijo atinado Julio Paredes, el vate del barrio.
Doña Juana quedó en silencio, emocionada.
Continuó Malena:-Usted nos tiene que orientar acerca de a quien llamar para que hable con su hijo.
Juana Sosa rompió el silencio:-Hay uno solo, es Cátulo Castillo y Juan lo adora. Todos dicen que si hubo un ángel en la tierra era el poeta de Ezeiza.
Además Castillo se va a llevar bien con ustedes porque es un esotérico más. Lo que no se es a que escuela científica pertenece.
-Doña Juana, la semana que viene nos reunimos con Cátulo.
Retírese tranquila que esto tiene solución, afirmó rotundo Paredes.
El Dr. Laferlita dijo:-En otro orden de cosas querríamos saber cuales son los creadores preferidos del que combate el capital.
Doña Juana, aliviada, respondió:-Carlos Gardel por supuesto. Alfredo Lepera también. Quiere mucho a Discépolo, a Hugo del Carril y a Carlitos Acuña.
Pero su preferido es Cátulo Castillo. Es el hijo que no tuvo.
Malena, la que esconde una esperanza humilde dijo:-Juana regrese a su mundo en paz y tenga fe que su relación con Juan Domingo se arreglará.
Retornará el afecto dormido y renacerá el amor entre ustedes.
-Gracias Malena, dijo doña Juana.-Aunque los muertos somos inasibles siento que a usted le puedo dar un beso y sentir sus mejillas.
Juana Sosa saludó a Malena y se perdió en la niebla de Munro.

sábado, 1 de mayo de 2010

Reflexiones acerca del tango "Melenita de Oro"




En el último plenario de los viernes organizado por los catedráticos del café, hizo uso de la palabra Don Julio Paredes, el poeta del barrio:
-Así como hemos investigado la ideología política de Ignacio Corsini, el Caballero Cantor, llegando a la conclusión, después de años de estudio, de que no era fascista como creímos en un primer momento, llegó la hora de develar otro de los grandes misterios del tango. Ese arcano a resolver es la verdadera identidad sexual de “Melenita de Oro”, el oscuro personaje del famoso tango firmado por Samuel Linnig.
Para desconcierto de todos, Don Julio fue interrumpido por una de las mujeres presentes en el café.
¿-Usted quien es? Preguntó Julio a la dama que le paro el carro.
-Soy Malena, la que esconde una esperanza humilde, y creo que a esta altura del partido discutir la sexualidad de “Melenita de Oro” o de su creador es irrelevante, y hasta anacrónico.
-Y que propone usted, contestó Paredes, para agregar irónico:
¿-Investigar si el hijo de “Giusseppe el zapatero”, se recibió de médico?
-Puso chapa en la puerta, aventuró, tímido, el tordo Laferlita.
-La chapa puede ser trucha, retomó Malena: -Lo que nos interesa a los estudiosos de la música popular es el lugar simbólico común creado por el tango.
Este lugar aglutinó un país en torno suyo, y esa alianza de clases a través de nuestra música duró hasta 1956. Ese año el país cambió y se terminó el tango para siempre. Y ese final anunciado tuvo dos cierres magistrales: “La última curda”, de Cátulo Castillo y “Adios Nonino”, de Piazzolla.
Es como si uno se emborrachase en el velorio del padre. Después la nada.
Cuando Malena, la que esconde una esperanza humilde calló, se hizo el silencio.
Mutismo que rompió Paredes que conciliador expresó:-De todos modos Malena, creo que debemos situarnos en la época en que esos tangos fueron compuestos. “Melenita de Oro” es de 1923. “Giusseppe el zapatero” de 1930.
Continuó Paredes:-Usted no debe desconocer los orígenes prostibularios del tango, y “Melenita de Oro” no sería el primer travestido en la historia tanguera.
Como ha investigado Don Ricardo Ostuni, en la década de 1910 se destacó el famoso “Mirko”, encarnado por el actor Fernando de Torres que vestido de mujer cantaba en los prostíbulos de la calle Junín.
Este buen señor podría haber inspirado el tango de Linnig.
-Usted insinúa que hubo un romance entre Mirko y Samuel Linnig, preguntó con desconcierto el rengo.
¿-Y porque no? Contestó Paredes. Como decía el finado Hegel siempre hay hechos paralelos en la formación de un mito.
En Buenos Aires tenemos una leyenda que es el tango.
En su desarrollo nuestra música formó pareja con diversas patologías que debemos estudiar siguiendo el método dialéctico de tesis, antitesis y síntesis.
El tango bailado entre hombres en la vereda, el tango y la tuberculosis, el tango y la sífilis, el tango y el estado de locura que esta enfermedad producía en su etapa terminal.
Recordemos el doloroso final de Pascual Contursi en el Hospicio de las Mercedes.
Y todos los caminos emprendidos por el tango tienen un solo origen: el quilombo.
Pienso que lo que podemos hacer es recurrir al vidente Locuco para que nos traiga a la mesa a Samuel Linnig.
-Pero Paredes usted que se cree, que esto es un almacén, pide un kilo de yerba y se lo vendo, contestó muy molesto Locuco.
-El poder de invocar a los muertos es un don que heredé del finado mi viejo, y traer alguno del más allá no es cosa fácil. La concentración es fundamental. Yo estudié Espiritismo Científico, acá hay mucha gente y no se si puedo llegar hasta el paraíso con tanto ruido.
-Inténtelo, le ordenó Paredes.
De inmediato se corporizó Samuel Linnig.
Atildado en el vestir, lucía guantes y bastón.
-Supongo que quieren hablar conmigo. En que los puedo ayudar.
Malena, la que esconde una esperanza humilde, rompió el silencio:
-Tenemos con el Señor Paredes dos posturas diferentes ante el tango y en cuanto a su historia, dijo.
-A Paredes le interesa conocer el sexo de “Melenita de Oro”,
cosa para mi intrascendente. Lo que yo quiero es demostrar que a través del tango se concretó entre 1917 y 1956 la integración del país.
Contestó Samuel:-Para la primera pregunta la respuesta es afirmativa. Tiene razón el Sr. Paredes al suponer que “Melenita de Oro” era un travestido y no es un tema menor.
Lo insinúo en la letra dos veces. Cuando “Melenita” dice: “a mi me llaman Melenita de Oro." Si a usted señora le preguntan su nombre lo dice porque no tiene nada que ocultar. No masculla “me llaman Malena”.
En otra parte dice el amante de “Melenita”: “Apágame la luz, cierra la puerta…No quiero verte más mujer odiada, déjame solo, solo con mi pena. ¡No quiere verte más, vuelve mañana.”
Lo que quise señalar es que en sus orígenes y en las primeras épocas del tango, la mujer era una excusa para la pasión entre los hombres.
Con respecto a lo que dice Malena estoy de acuerdo en el espacio simbólico común, que aunque muy disputado, la enorme mayoría del pueblo pudo reconocerse en él.
-Que hubiese pasado si “Melenita” decía de manera explícita que era un traba, preguntó Paredes.
Contestó Don Samuel:-A “Melenita” nada. Yo hubiese tenido que huir rápidamente a mi país de origen, el Uruguay.
Solo a Gardel se le disculpaba todo, incluso sus simpatías políticas conservadoras, y su amistad con personajes como Fresco y Barceló.
Además Don Carlos inventó el tango y fue el mejor relator de historias que tuvo el país. Por eso la Iglesia le prendió fuego.
De manera inesperada se oyó la voz del Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte:-Quiero señalar que Linnig es autor también de otro clásico del tango, Milonguita, la pebeta más linda de Chiclana.
-Musante, usted por acá, dijo Linnig sorprendido. -Quiero decirle que dejó un grato recuerdo en el café “El Pensamiento”. ¿Cuándo vuelve?
-Cuando Carlos Gardel me llame a su lado, contestó el Sr. Musante.
-Me despido agradecido, la conversación ha sido esclarecedora, dijo Linnig.
-Como gratitud por haberme convocado quiero dejarles un verso escrito el 16 de Octubre de 1925, día de mi partida: “La luz del mundo me dice adiós”. Señores, buenas tardes, concluyó.
La silla que ocupaba quedó vacía.


Bibliografía:
Tango. La mezcla milagrosa (1917-1956)
Carlos Mina
La Nación- Sudamericana. 20007.

domingo, 25 de abril de 2010

Mussolini, Gardel Y Perón

Benito Mussolini, gran admirador de Carlos Gardel.


¿El General Perón esta en el paraíso?, preguntó uno en el café.
El que sabe del tema es el Sr. Musante, contestó el rengo.
Tomo la palabra Julio Paredes, el poeta del barrio:-Musante, usted que compartió la mesa con Carlos Gardel durante veinte años.
-Si, contestó el resucitado.
-Queremos saber si el General Perón es amigo del Morocho.
-El gran conductor comparte la mesa con Gardel.
La respuesta despertó el interés entre los concurrentes del café.
¿Gardel es peronista? Pregunto el Dr. Santo Laferlita.
-Gardel es partidario de la justicia social. Si bien de origen conservador, el Zorzal vio con buenos ojos lo sucedido el 17 de octubre.
¿-Se lo dijo él? Inquirió el vidente Locuco.
-Claro, contestó el Sr. Musante. Esa gloriosa tarde de octubre, el Morocho y otros tangueros siguieron los acontecimientos por radio.
-Locuco, invoquemos a Gardel y le preguntamos, dijo el rengo entusiasmado.
-Invocar a Gardel o a Perón es muy fuerte, podemos provocar un cataclismo, contestó Locuco.
-Prefiero traer a un testigo no tan importante y creo que el cantor Carlos Acuña, que es amigo de los dos, es la persona ideal, agregó.
-Carlitos Acuña es el personaje justo, subrayó Paredes.
De inmediato se materializó Carlos Acuña en una silla vacía.
-Me llamaron, comentó.
-Así es, contestó Paredes. –Lo hemos convocado porque, además de ser un gran artista, usted es amigo de Carlos Gardel y Juan Perón.
-A Gardel alguna vez lo había visto, pero murió cuando yo tenía 20 años. Nos hicimos amigos en el Paraíso.
En cambio el primer trabajador me honró con su amistad desde siempre. Cuando se radicó en Madrid, donde yo estaba viviendo, lo visitaba a diario en su casa de Puerta de Hierro.
Lo demás es historia conocida, el Macho saludó y se fue en 1974 y yo en 1999.
Cuando llegué al portón pregunté: -Decime Pedriño, como es la cosa por acá.
-Cada uno elije según el gusto, cielo o infierno, contestó San Pedro.
-Perón y Gardel donde están.
-Eligieron paraíso. Buscalos en el café “El Pensamiento”.
-Ahí los encontré y nos vemos todos los días. Cuando ustedes me invocaron Gardel estaba contando su encuentro secreto con Mussolini.
¿-Cuándo fue? Preguntó sorprendido Julio Paredes.
-En 1932. Carlitos se había dado cita en Milán para encontrarse con Isabelita Martínez del Valle, su novia Uruguaya para decirle que se tome el piro.
Estando en el Hotel Majestic lo llamaron diciendo que en el hall lo esperaba un delegado del Duce.
Cuando Gardel bajó escuchó:-Don Benito Mussolini quiere tener una reunión con usted.
El encuentro se produjo unos minutos después.
Gardel contó que Mussolini no le pareció gran cosa:-Parecía un verdulero del mercado de Beccar, comentó.
-Lo convoqué, dijo el Duce, porque soy admirador de su voz inigualable.
Así como creamos el famoso eje con España, Portugal, Alemania y Japón, quiero crear un eje artístico mundial.
Usted, Don Carlos, continuó Benito, será nuestro hombre en el hemisferio sur, donde tengo grandes esperanzas de que el fascismo triunfe. Pero no quiero que haga política. Lo que quiero es que cante. Tendría que comenzar grabando “Giovinezza” en español. En Italia la grabó nada menos que Beniamino Gigli. En los Estados Unidos, país que marcha hacia el fascismo, nos representa Bing Crosby.
Se da cuenta Gardel, usted en Buenos Aires, en Nueva York Crosby, en Italia Gigli, no nos para nadie.
Gardel le pidió un día para pensarlo, volvió al Hotel y le dijo a Alfredito Lepera:-Rajemos, Benito está más loco que Pascuál Contursi. Esa misma noche cruzaron la frontera rumbo a París.
-Eso no lo sabe nadie, comentó el Dr. Laferlita.
-Yo lo sabía, dijo Musante, me lo contó Gardel en mis épocas de finado.
-Usted quien es, preguntó Carlos Acuña.
-Yo soy Musante.
-¿Usted es el Sr. Musante? Debo decirle que dejó un gran recuerdo en la mesa gardeliana.
Todos comentan que tuvo la mala idea de resucitar, pero cuando vuelva Gardel lo recibirá con los brazos abiertos.
-Se agradece, sollozó Musante.
Continuó Acuña:-Me olvidaba de un detalle. Gardel le hizo un pedido al Duce y fue para su amigo Marambio Catán. –Don Benito, quiero interceder a favor de un compañero muy calavera que tiene problemas con el tango “Acquaforte”.
-Yo lo prohibí, contestó Mussolini. Dígale a su amigo que en vez de situarlo en la ciudad de Milán lo ubique en Buenos Aires y levanto la censura.
En la Italia Fascista no hay madres que sufren, ni chicos sin techo ni pan, concluyó eufórico Benito.
¿-Cuales son los tangos preferidos del Morocho? Preguntó el tordo inconsolable.
-Los tangos que compuso con Lepera. También la obra monumental de Celedonio Flores del cual es gran amigo. Le gusta Navarrine y canta cuando llega al feca: “No soy un borracho ni soy un cuatrero, señor comisario yo soy criminal”.
Le hice escuchar “Un boliche”, donde yo compuse la música y lo canta seguido.
-¿Y con Perón como se lleva?
-Son grandes amigos. El General es gardeliano de la primera hora. Además comparten la sonrisa.
Se conocieron en Avellaneda en casa del Intendente Barceló.
¿Cuáles son los autores preferidos de Perón? Preguntó el tordo Laferlita.
-Que grande sos es devoto de Discépolo al cual trató cuando era presidente.
Ël le sugirió a Apold para que discepolin hiciese “Mordisquito”.
También Cátulo Castillo es gran amigo del General.
Muchas veces Perón le pide a Gardel que cante “Tinta Roja” o “La última curda”. Dos tangos magistrales.
¿Y Cátulo concurre al café? Preguntó Paredes.
Todas las tardes. Es un hombre que irradia bondad y se ganó el afecto de todos. A veces lo lleva a Pichuco, su amigo más querido. Hacemos un dúo con Gardel y nos acompaña Troilo con el fuelle.
Aníbal es de cristal. Se quiebra enseguida. Cuando toca “Quejas de bandoneón”, llora.
Gardel lo carga y Aníbal responde que solo llora ante cosas importantes.
Le gustan también los tangos de Mariano Mores, que todavía no se constituyó por el lugar.
“Taquito Militar” es un tango que el general disfruta.
Tomo la palabra Don Julio Paredes y preguntó: ¿-Es cierto que usted regalaba cigarrillos fumados por Juan Perón?
-Es verdad. Cuando frecuentaba la casa del General en Madrid le habían prohibido el faso. Entonces Juan encendía un cigarrillo, pegaba tres pitadas, y lo tiraba. Yo los levantaba del piso y los guardaba. Llegué a juntar 30 en una tarde. Cuando volví a Buenos Aires regalaba a mis amigos los cigarrillos fumados por Perón.
¿-Estaba triste Perón en el exilio? Preguntó el rengo.
-El General se había criado en el campo y decía que las heladas mañanas de Madrid le traían recuerdos patagónicos. Una tarde precisó:-Sabes lo que me hace falta para que la semejanza con la estepa argentina sea completa.
-Que falta mi general, contesté.
-Las torcasas. Acá no hay palomas torcasas.
-A partir de esa tarde yo caminaba detrás de Perón haciendo el canto de la torcacita, que me sale patente.
-Un vulgar alcahuete del viejo, dijo Paredes mostrando su origen socialista.
-Estoy muy orgulloso de haber alegrado las tardes del Macho.
Y esa alegría que le brindé al gran argentino hoy me la reconoce y en la mesa del café “El Pensamiento”, me eligió como su compañero de codiyo.
Jugamos al tute contra la pareja formada por Gardel-Celedonio.
La otra pareja está formada por Charlo y San Pedro.
Pedriño, que sale con cara de gil en las estampitas, tiene un escracho que parece un ciruja del bajo Flores.
Después hay whisky y canta Gardel.
¿-Van mujeres al café? Preguntó el rengo.
-Rosita Quiroga va todos los días con su gran amiga Tita Merello.
Otro día les cuento, tengo que volver porque hay campeonato de Tute.
El primer trabajador me espera.

martes, 20 de abril de 2010

Breve historia del tango “Afiches”




En una charla informal brindada por Julio Paredes en la reunión semanal de la Cátedra del Café, el poeta se expresó así:
“Homero Expósito y Atilio Stempone eran amigos. Diariamente Homero pasaba por la casa de Atilio y se quedaban horas conversando. Esto fue en la década de 1950.
Mientras hablaban Atilio practicaba ejercicios en el piano.
Una tarde Homero faltó a la cita.
Horas después sonó el teléfono en casa de Stampone.
Era Homero que pidió: -Ese ejercicio que tocas todas las tardes en el piano. Silbalo.
Mientras Atilio cumplía con el pedido escuchó que del otro lado de la línea Homero cantaba:-Cruel en el cartel. La propaganda manda cruel en el cartel, y en el fetiche de un afiche de papel, se vende la ilusión, se rifa el corazón.
Esto fue en 1955. Había nacido un clásico.
Ese mismo año lo grabó Héctor Petray y la obra pasó sin pena ni gloria.
Hasta que en 1972 se hizo cargo de la composición Roberto Goyeneche y se desató la locura.
En la voz del Polaco “Afiches” encontró su destino de grandeza”, concluyó Julio Paredes.
-Hay una versión de José Larralde muy buena, dijo el rengo.
-No podes comparar un tango con su versión folclórica, por más buena que sea, expresó, inconsolable, el Dr. Santo Laferlita.
Para sorpresa de todos el Sr. Musante salió de su letargo post-morten para decir:-Carlos Gardel, cuando se le cruza un rengo en el paraíso, toma entre sus dedos la llave de su casa y canta " Fierro chifle ". Por lo que putas pudiera.



Roberto Goyeneche canta "Afiches".

http://www.youtube.com/watch?v=gj5ShNyIRW0&feature=PlayList&p=7D4B46CDDE788F19&playnext_from=PL&playnext

sábado, 10 de abril de 2010

Sobre la amistad de Emanuel Swedenborg con Carlos Gardel




-Dígame Locuco: ¿Usted lo puede convocar a Emanuel Swedenborg?, preguntó el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
-Al mismo Petiso Orejudo puedo hacer venir a mi casa, respondió Locuco.
-Me interesa que Swedenborg, al cual conocí en la mesa de Gardel en el café “El Pensamiento”, exponga su teología, que por lo que pude comprobar cuando estuve muerto, es la verdadera.
-Además puede aportar datos sobre Gardel, si es cierto que comparte su mesa, dijo el rengo.
-Tráigalo esta noche. Yo lo llevo al Dr. Laferlita, acotó Paredes, el poeta del barrio.
A medianoche estaban todos reunidos ante la mesa redonda del Profesor Locuco.
-Me concentro y Swendenborg viene en seguida.
Segundos después el famoso místico sueco tomo forma y se sentó a la mesa. Vestía poncho, lengue y zapatos de charol. Su mano derecha sostenía un sombrero negro. Su aspecto era el de un compadre amigo de Vicente Greco.
Preguntó: ¿-Para que me llamaron?
-Soy el Sr. Musante y estuve muerto muchos años. Comprobé en el más allá que lo que usted decía en el siglo XVIII, estaba en lo cierto.
Pero cuéntelo que para eso lo trajimos.
Habló Swedenborg:-Yo tuve una formación científica. Fui ingeniero militar durante el reinado de Carlos XII que me condecoró porque inventé una máquina para trasladar barcos por tierra. Además me destaqué como geólogo en jefe de la corona sueca.
Me enviaron a Londres para un estudio científico y caminando por la ciudad noté que un mendigo me seguía. Me senté en un banco de Hayde Park y el pordiosero se sentó a mi lado. Le pregunté que quería y el dijo:-Soy Señor Jesús, pero no se lo digas a nadie. En ese momento y durante años estuve en contacto con él. Los ángeles de su confianza me revelaron acerca de la vida después de la muerte.
Escribí más de 25 volúmenes sobre el tema pero lo esencial es lo siguiente:
Dios no condena a nadie porque existe el libre albedrío después de la muerte.
Uno elije cielo o infierno según sus gustos personales.
Pero les quiero contar porque estoy acá mi estimado Locuco
Acudí a su llamado para conocer in-situ a los seguidores de mi amigo Carlos Gardel. Es un honor para mí compartir una mesa con verdaderos tangueros en la reina del plata. Y es por eso que me he vestido ad-hoc.
Laferlita, el tordo inconsolable, dijo:-Cuéntenos de Gardel.
-Yo descubrí la voz de Carlos Gardel a través de la radio.
-¿Escuchan radio en el Paraíso?
-Por supuesto, contestó Swendemborg. Y a través del éter descubrí el tango y la voz incomparable del Morocho. Cuando llegó al Paraíso me presenté y desde entonces somos grandes amigos.
-Yo durante unos años compartí esa mesa, dijo el Sr. Musante.
-Me acuerdo de usted. Resucitó y eso hace mucho daño.
-Me lo va a decir a mí. Todavía no me repuse, contestó Musante.
-Continuando con Gardel, es un hombre muy inteligente, sobrio y varonil.
Mantiene una relación sentimental con Mona Maris, una de las mujeres más hermosas que he conocido. Nos vemos diariamente en el café.
-¿Es cierto que la orquesta de D’Arienzo es la preferida de Dios? Preguntó el rengo.
-Es verdad, contestó el sueco. Dios afirma que la mejor versión de “La Cumparsita” es la de Juan D’Arienzo. Y el cantor preferido del Señor es el ruiseñor de las calles porteñas. Cuando canta Ángel Vargas sale el sol, ha dicho Dios en varias oportunidades.
Pero el hijo, Jesús, del cual soy amigo, y su señora madre, la Virgen María, son gardelianos de la primera hora.
¿-Cual es el tango preferido de Jesús? Preguntó Laferlita.
Hay muchos, pero creo que “Mano a mano” lleva cierta ventaja.
-El Espíritu Santo es devoto de Alberto Margal, dijo Musante.
-Cierto, contestó el sueco, pero usted lo conoció. Sabrá entonces que el famoso Espíritu tiene una bien merecida fama de otario. Cuando por radio escuchábamos la famosa audición “Ronda de Ases”, Carlitos Ginés presentaba a Margal como el cantor de las madres y de las novias. El Espíritu Santo creía que era el cantor de las madres de las novias, es decir de las suegras. Hubo que avivarlo al pastenaca.
-Que opina de Julio Jorge Nelson, preguntó Paredes.
-Un grande, contestó el sueco. Nelson dejó su vida para que nadie olvidase a Carlos Gardel. Lo logró. Julio es una bellísima persona.
Debo retirarme, dijo Swedemborg. Me espera Gardel en el café.
Pero antes de irme quiero comentar que la radio de ahora no es como la de antes. Hay programas que se extrañan.
¿-Por ejemplo? Preguntó Paredes.
-El Glostora Tango Club, respondió Swedemborg y desapareció.