Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

sábado, 27 de marzo de 2010

Julio Jorge Nelson, el señor de los tristes.

Julio Jorge Nelson



Si bien no forma parte de la Cátedra del café debido a su bajo perfil, el Profesor Locuco es un personaje tenido en cuenta por sus conocimientos sobre los orígenes del tango. Una tarde, conversando con el poeta Julio Paredes y el Dr. Laferlita, el tordo inconsolable, comentó:-Soy espiritista. Puedo invocar a quien se me antoja, desde Noé, el del Arca, a Don Hipólito Yrigoyen, con todo respeto.
-El tema nos interesa, dijo el poeta. ¿-Dónde ejerce su noble causa?
-En mi casa. Si quieren esta noche pueden venir y llamamos a Floreal Ruiz
para que nos deleite con su voz de ensueño.
-Ahí estaremos, dijo Don Julio,
A las 10 de la noche estaban sentados ante una mesa ovalada, Paredes, el Dr. Laferlita y el vidente Locuco.
¿-Con quién quieren hablar? Preguntó el brujo.
-Con Gardel, contestó Paredes, repuesta que desató el llanto del tordo inconsolable.
-Si viene Gardel el tordo se nos muere acá, acotó Locuco con sabiduría.
-Me voy a comunicar con el café “El Pensamiento” y pregunto quien está, dijo y entró en trance.
Unos minutos después espetó:-En el café hay poca gente. Hay milonga en el paraíso porque es carnaval. Se fueron todos al baile celestial.
Solo está Gardel conversando con Julio Jorge Nelson.
-A Gardel no quiero verlo porque muero de un infarto, dijo el tordo inconsolable.
-Entonces traelo a Nelson, susurró Paredes.
Locuco volvió al trance y unos minutos después abriendo los ojos expresó:-En seguida viene.
En una silla vacía algo empezó a tomar forma y segundos después se materializó el propio Julio Jorge Nelson que arranco diciendo:-A través del tiempo y la distancia perdura su nombre como el más auténtico símbolo de nuestro arte menor. Carlos Gardel, el bronce que sonríe.
Continuó:-Con esas palabras yo comenzaba mi programa radial dedicado a Carlos Gardel.
-Lo escuchaba, agregó Paredes. También usted hacía “El éxito de cada orquesta”.
-Yo fui uno de los grandes de la radio, quizás el más grande, dicho esto con toda modestia. Y ahora, después de la muerte he sido recompensado con lo más sublime que podría haberme pasado, y eso es que Don Carlos Gardel me honre con su amistad.
-Lo mismo dice un tal Musante que vemos siempre en el café, dijo Paredes.
-Lo conozco, dijo Julio Jorge, Gardel lo estimaba, pero un buen día Musante resucitó, ¿-Como está? Porque los que vuelven a la vida andan boleando cachirlas.
-Reponiéndose de su estadía en el Hades.
-Eso lleva mucho tiempo, y una vez que te repusiste te morís de nuevo. Es un tema muy ingrato.
-Nelson cuéntenos algo sobre Gardel.
-La conversación diaria con el Morocho versa sobre su asesinato. A él lo mató la Iglesia Católica por considerarlo el Anti-Cristo.
Yo pensé siempre, porque lo del crimen los tangueros lo sabíamos, que lo habían amasijado por judío.
¿-Gardel era judío, preguntó Locuco?
-No, pero yo si, y estaba convencido de que el Zorzal era un rusito como yo.
Nací Isaac Rosofky, soy miembro del pueblo elegido y me crié en Villa Crespo, el barrio elegido. Nelson es el artístico.
Dijo Paredes:-Sabe Julio que estudiosos de la literatura lo consideran hombre de letras. El poeta platense Héctor Ciocchini dice en su libro “El sendero y sus días”: “El recuerdo que evoca el dolor y la dicha parece unir tres tipos de experiencia poética como las de Dante, Leopardi y Julio Jorge Nelson.”
Y pone como ejemplo los versos de “Margarita Gauthier”
Nelson expresó:-Esa letra la escribí en 1943 y tuve la suerte de que el negro Joaquín Mora compusiera la música. Se convirtió en un clásico del tango:
“Hoy te evoco emocionado mi divina Margarita,
Hoy te añoro en mis recuerdos, oh mi dulce inspiración.”


No me extraña que algunos me consideren hombre de letras.
Pero volvamos al Morocho. Ese fatídico 24 de junio de 1935 yo estaba tomando un café en “Los 36 Billares”, cuando entró Francisco Canaro llorando y me dijo:-Se mató Carlos Gardel.
En ese trágico instante cambió mi vida para siempre. Me di cuenta que debía dejar todo, hasta mi familia, para mantener vivo el recuerdo de Don Carlos.
Comencé a difundir a Gardel por radio en la audición “El bronce que sonríe” y fui el que impuso el “cada día canta mejor”. En 1949 creamos con Alfredo Curcu la audición “Una voz en el camino”, el primer programa nocturno de la radiofonía argentina, solamente para hablar de Gardel toda la noche. Recibí el reconocimiento popular y las cargadas de mis detractores. Estos me pusieron el sobrenombre de “La viuda”. Y Leopoldo Marechal me pintó como un tanguero demoníaco en su novela “Megafón o la guerra”.
Lo que no sabe el gran público es que siempre estuve rodeado de poetas.
Mi gran amigo Paco Urondo me llamaba “el señor de los tristes.”
Dejé mi vida para inmortalizar al Morocho. Lo único que me produce desazón es haber perdido el amor de mi hijo. Pero el culto a Carlos Gardel era más importante. Partí a los 62 años, en Marzo de 1976.
Al llegar al Paraíso pregunté: ¿-Donde para Gardel? -En el café “El Pensamiento”, contestó San Pedro. Cuando abrí la puerta del feca y vi a Don Carlos Gardel tomándose un whisky pensé que moría de nuevo.
Cuando me vio se puso de pie y abrió los brazos. Yo camine los pocos metros que nos separaban y nos unimos en un abrazo interminable.
Después, mirándome a los ojos me dijo:-Julio Jorge, te estaba esperando. Sentate que los primeros días de un finado son más que fuleros. ¿Qué tomás?

Tango Margarita Gauthier, de Mora y Nelson

sábado, 20 de marzo de 2010

La amistad entre Carlos Gardel y Juan D'Arienzo

Juan D'Arienzo.

Tarde de noviembre de 1930.
Juan D’Arienzo, con los embrocantes seguía la primera carrera en el Hipódromo de Palermo.
Un amigo masculló en su oído: -En el salón comedor está lastrando Carlos Gardel.
-Presentamelo, contestó Juan.
Gardel lo hizo sentar a su lado porque le cayó bien el desparpajo del joven y locuaz violinista.
Cuando el sol se ponía sobre las numerosas botellas de tinto en la terraza del circo palermitano, D’Arienzo le dijo: -Usted anda mucho en avión y eso es peligroso.
-No tengo miedo a volar, contestó el Morocho.
-Va a perder la salud adentro de un avión, fue la respuesta de Juan.
-No te hagas problema pibe, hago esta última gira y después me quedo para siempre en mi humilde casa de la calle Jean Jaurés.
No fue así. Sabemos ahora que Gardel estaba condenado a muerte por la Inquisición y su destino era la hoguera.
Lo que cabe preguntarse es si Juan D’Arienzo era agente de la Iglesia, vidente, o precavido.
Juan era simplemente un hombre con los pies sobre la tierra que desconfiaba de la seguridad de los aviones que volaban en esos años.
Contra el destino nadie la talla. En 1935 Gardel murió asado y Juan D’Arienzo dio comienzo, al frente de su orquesta, de un éxito sin precedentes en la historia del tango.
Fue el iniciador de la extraordinaria década del cuarenta, que no duró diez años sino veinte. Se extendió desde 1935, con la irrupción de Juan, hasta 1955, año en que el tango se derrumbó por sus propios medios.
-Los tangueros son injustos con D’Arienzo, dijo en el café Julio Paredes, el poeta del barrio.
Ninguno reconoce su importancia en la historia del tango. Era una orquesta para bailar, dicen, como si eso le restara mérito.
“El Príncipe Cubano” le puso el apodo de “El rey del compás”, cuando lo presentaba en la boite “Chantecler”. Eso era D’Arienzo, puro compás.
Dijo un rengo: -Gardel no lo quería.
Se inició una discusión entre los catedráticos que finalizó cuando hizo su entrada el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
Don Julio Paredes preguntó: -Sr.Musante, estamos en un intríngulis que solo usted puede resolver.
-Primer quiero contarles que estoy reponiéndome de la muerte, tarea harto difícil, contestó el Sr.Musante.
El Doctor Santo Laferlita, conocido en el feca como el tordo inconsolable del verbo gardeliano, e integrante de la secta esotérica “Testigos de Gardel”, dijo, dirigiéndose al Sr. Musante: ¿-Sabe a cuántos nos hubiese gustado estar en su lugar?
¿-Usted cree que es grato estar fallecido? Contestó irritado el Sr. Musante.
-No se queje, que esa muerte pasajera le hizo posible conocer a Gardel.
Continuó Paredes: -Hemos tenido un cambio de palabras con respecto a la relación entre Carlos Gardel y Juan D’Arienzo. El rengo dice que Gardel no simpatiza con D’Arienzo.
Sr.Musante, en este momento apelamos a sus conocimientos sobre el otro mundo. Don Carlos Gardel lo honró con su amistad en el Hades. ¿Le comentó algo sobre D’Arienzo?
-El Rey del Compás es un personaje muy ponderado en el más allá, contestó el Sr. Musante.
Juan D’Arienzo hizo su aparición en Enero de 1976, y en el preciso momento de su llegada un ángel le comunicó que su orquesta era la preferida de Dios.
Desde ese día en toda celebración está el “Rey del Compás” dirigiendo una agrupación de 700 profesores. Bandoneones hay más de 100. ¿Se imaginan como suena esa orquesta celestial?
-Como los dioses, acotó Paredes.
-Además Juan forma parte de la mesa de Gardel en el café “El Pensamiento”. También concurre Don Julio de Caro y su finísima esposa. De Caro contó que dado el éxito de Juan, él y todas las orquestas de la época se tuvieron que adarienzar. Cora, su mujer, comentó que todos los músicos que iban a su versallesco piso de la Avenida Callao 1702, hablaban con bronca de D’Arienzo porque habían tenido que cambiar el ritmo de sus orquestas.
Una noche comenté con Gardel lo que sabía Cora de historia del tango.
El Morocho contestó: -Es de cuna. Cora es hija del sabio Ambrosetti.
El que se prendía en “EL Pensamiento” para hablar de música era un personaje muy querido por Gardel. Lo curioso es que no venía del tango sino del folclore. Un criollo llamado Jaime Dávalos. Él hacía las glosas y el Zorzal cantaba cosas para su madre.
Una noche arrancó Dávalos:
Tierra de conquistadores
Siempre fuiste tierra de guachos.
Esos gauchos vivarachos
Pendencieros y cantores
Que curtidos en rigores
Y sin perro que les ladre
Sin Dios, sin ley y sin padre
Nunca pudieron creer
En otro amor de mujer
Que no fuera el de su madre.”


Y Gardel cantó “Madre hay una sola”.
En ese momento el Dr. Laferlita rugió y gritando lo encaró a Musante: ¿-Y usted se queja después de haber escuchado cantar a Carlos Gardel? Musante, usted no se merece la muerte que tuvo.
Cuando se iban a las manos, cortante Don Julio Paredes preguntó:-Dígame Musante, usted contó que Juan D’arienzo dirige la orquesta celestial, y Ángel Vargas es el cantor.
-Son los preferidos de Dios, pero el hijo y su gloriosa madre, la Virgen María, tienen corazón gardeliano.
Continuó el Sr. Musante:-El Espíritu Santo, que arrastra cierta fama de esquenún, prefiere a Alberto Margal, el cantor de las madres y de las novias.
-Margal, un cantor sabiamente olvidado, acotó Paredes.
-Conté mucho por hoy, y se ha puesto en duda mi buen nombre y honor, así que me retiro personalmente, susurró el Sr. Musante.
Cuando el tanguero que volvió de la muerte dejó el café, solo se escuchaba el llanto conmovedor del Dr. Laferlita, el tordo inconsolable.




domingo, 7 de marzo de 2010

Don Lisandro, la cuestión social y un tango.




En las vísperas del 70 aniversario del asesinato de Carlos Gardel, la Cátedra del Café realizó una sesión extraordinaria con motivo de fecha tan infausta.
El plenario se llevó a cabo en junio de 2005 en el salón de actos de la "Sociedad Científica Argentina", que fue desbordada por completo por admiradores del Morocho.
En primer término se dirigió al distinguido público el miembro de número de la agrupación “Testigos de Gardel”, Dr. Santo Laferlitta.
Dijo: “Se me conoce en el barrio como el tordo inconsolable del verbo gardeliano. Y me cabe el apodo. No tengo consuelo desde que murió Gardel. Ahora, con las recientes investigaciones del poeta Julio Paredes, la tristeza se transformó en una rabia sorda y vengativa, desde que se hizo público de que el glorioso Zorzal fue arteramente asesinado.
La Iglesia Católica tiene las manos manchadas de sangre. Hablo de venganza porque creo que no cabe otra cosa ante el incendio que produjo el tristemente célebre Vaticano en el cuerpo sagrado de Carlitos. Recuerdo ahora una frase escuchada de chico, cuando el finado mi viejo me llevaba a las reuniones de los anarquistas de la F.O.R.A.: con las tripas del último milico colgaremos al último de los curas.
Me imagino a Carlos Gardel ardiendo y mi corazón clama por venganza,” dijo el galeno finalizando su brillante alocución en estado de llanto.
Una ovación acompañó el cierre de la exposición del tordo inconsolable del verbo gardeliano.
A continuación hizo uso de la palabra el Sr. Musante, el tanguero resucitado.
-Sigo reponiéndome de mi muerte, tarea harto difícil, pero Carlos Gardel bien vale el esfuerzo. Todos saben que en el más allá el Morocho me honró con su amistad. Nos reuníamos en el café “El Pensamiento”, ubicado muy cerca de la entrada del Paraíso.
-¿Quiénes son los amigos de Gardel?, preguntó uno.
-Los pipiolos son los grandes amigos del Morocho, contestó el Sr. Musante.
-Nombre alguno, insistieron.
-Lisandro de la Torre es amigo de Gardel y he compartido la mesa con él.
¿-Y como está Don Lisandro?
-Fallecido, contestó Musante. -Es un hombre de una gran melancolía.
Lo conocí una noche que tomábamos una copa con Carlitos.
La impresión que brinda De la Torre es la de alguien triste, amargado y sin garufa. Le pregunté porque se había suicidado. Contestó:-Estaba viejo y enfermo. Tenía hipotecas que no podía levantar. Habían asesinado a mi gran amigo Enzo Bordabehere. Además yo veía arrollador el avance del fascismo. Si agregamos a eso la presencia de ese compadrito eclesiástico llamado Gustavo Franceschi no tuve más remedio que pegarme un tiro en el corazón.
-Usted tuvo una polémica con él, afirmó el Sr. Musante.
-Publiqué un libro llamado “La cuestión social y un cura”, pero qué polémica podes tener con un caballo, confirmó Don Lisandro.
En ese momento Gardel sacó de un bolsillo un ejemplar de la revista “Criterio”.
-Esto escribió el mentado monseñor el día que llegaron mis restos a Buenos Aires y se me hizo el velorio en el “Luna Park”. Leyó el Morocho: -Gandules de pañuelito al cuello, dirigiendo piropos apestosos a las mujeres; féminas que se habían embardunado la cara con harina y los labios con almagre; compadres de cintura quebrada y sonrisa cachadora. Buenas madres, persuadidas de la grandeza del héroe, que llevaban -pude comprobarlo por fotografías- a sus hijos a besar el ataúd…y según se me afirmó…diversas individuas llenas de compunción, pretendían ocupar lugares especiales porque fueron amigas, compañeras de Gardel, a quien convierten de este modo en Tenorio de conventillo o pachá de arrabal.
-Féminas, individuas. Además de ser un canalla escribía con los pies, concluyó Don Carlos.
-Y pensar que ese lamentable personaje, una tarde que San Pedro abrió el portón, rondaba “El Pensamiento” buscando el perdón de Carlitos, dijo el Sr. Musante. Y agregó:-Por hoy no diré nada más.
Un calido aplauso puso fin a las emotivas palabras del Catedrático resucitado.
Fue entonces que habló un grande del café, Don Julio Paredes, el poeta del barrio.
-Conociendo lo que había escrito Franceschi hace 70 años traje un ejemplar de la misma revista que él dirigía. Este es el último número de la revista “Criterio”.
“Respetuoso disenso con Monseñor Franceschi”, es el título del artículo y en un momento el cronista escribe: “Desde nuestra perspectiva lo escrito por Monseñor Franceschi sobre Gardel no parece sostenerse con argumentos de real valía, salvo que la intención de Franceschi haya estado dirigida a condenar la viveza criolla que tanta fama lamentable nos proporciona a los argentinos en el extranjero.”
Continuó Paredes:-Que linda forma de falsear la verdad la de estos hijos de puta.
Aunque es tradición vaticana la mentira artera, lo que escribe esa revista 70 años después del asesinato del Morocho, que ellos perpetraron, es una muestra más de hipocresía de la Iglesia tan temida.
Que digan ahora que Franceschi no se alegró con la muerte de Gardel, sino que quiso aclarar acerca de la viveza criolla, es la prueba cabal de lo que ya he dicho muchas veces: los curas te prenden fuego y pasados muchos años te piden disculpas.
Con un alarido Don Julio concluyó:-¡Después se la agarran con el macho porque quemó las Iglesias!
Dicen los hombres sabios del café que en la "Sociedad Científica Argentina", nunca se escucho una ovación igual.

domingo, 28 de febrero de 2010

Vida de Don Vicente Greco



-Martín Fierro se cambió el apellido, afirmó el poeta Julio Paredes, uno de los catedráticos del café, en el plenario de los miércoles.
-Y si alguien se cambia el apellido es porque tiene algo que ocultar, agregó.
-Es que Fierro puso por escrito lo siguiente:
Les advierto solamente
Y esto a ninguno le asombre
Pues muchas veces el hombre
Tiene que hacer de ese modo.
Convinieron entre todos
En mudar allí de nombre

Prosiguió Paredes: “Contaba Ángel Santos Carreño, conocido en el ambiento del tango como “El Príncipe Cubano”, que Fierro había perdido la ferocidad de sus comienzos como gaucho alzado, y se había convertido en una especie de cura párroco. Daba consejos, y entre estos sugirió a sus hijos cambiarse el apellido.
Fierro no tuvo tiempo de cambiarse nada porque el Moreno lo mató después de la payada.
“El Príncipe Cubano”, aseguraba que él había visto a uno de los hijos de Martín bailando tango en la vereda.
El cubano contaba también que una noche, en el quilombo de la Ritana, Vicente Greco le dijo:
-Grone, tu abuelo amasijo al mío.
-Y el tuyo a mi tío Rosendo, contestó Carreño.
Hubo un silencio en la sala del prostíbulo y hasta el victrolero paró la música.
El Príncipe preguntó: -¿Queres seguirla?
Greco contestó tranquilo: -No. Solamente quería dejar sentado que soy nieto de Martín Fierro.
Vicente Greco, Garrote para los amigos, había nacido en 1888 en un hogar muy pobre. Se crió en la calle. No completó la escuela primaria porque desde los ocho años tuvo que vender diarios en las esquinas. Era un canilla más. A instancias de Francisco Canaro, que casualmente vivía en la casa de al lado, Vicente empezó con estudios de guitarra para después volcarse al bandoneón.
Su primer éxito como compositor tiene un nombre sugestivo: “El Morochito”.
Muy rápido Greco se convirtió en el músico preferido de la alta burguesía porteña.
Existen pocos testimonios sobre la vida de “Garrote”. Contamos con algunos comentarios dejados por amigos, sumado a lo que han escrito sobre él los hermanos Bates. Debemos agregar las siempre interesantes historias que aporta el ex-finado Sr. Musante, que lo conoció en el mundo de las sombras. Por todos estos informes sabemos ahora que Vicente Greco se supo herido de muerte cuando su padre le contó la verdadera historia de su origen.
Lo llenaba de vergüenza ser nieto de un gaucho racista, asesino de negros indefensos y de indios desarmados. Un criollo que terminó yendo a misa los domingos para después obligar a sus hijos, con falsa conciencia de gaucho, a cambiarse el apellido.
Su historia familiar le causaba profunda tristeza.
Esta desazón crecía en su pecho a medida que sus éxitos se hacían más resonantes.
Llegamos así a los años en que compone sus mejores tangos. “Rodríguez Peña” y “Racing Club”.
Don Julio Paredes interrumpió su charla para tomar agua.
Continuó: “Muchos se han preguntado si una institución como Racing Club amerita un tango memorable como el que compuso Greco, pero esa es otra historia.
La depresión de Vicente se fue acentuando con los años, y en 1924, cuando la Ritana le propuso tocar en el “Chantecler”, compartiendo cartel con Ángel Santos Carreño, “El Príncipe Cubano”, Vicente Greco, en vez de pensar en la comunidad organizada, que haría su alegre aparición pocos años después, no hizo mejor cosa que morirse de manera repentina.
Tenía apenas 38 años”.
Tango Racing Club.

domingo, 21 de febrero de 2010

Lugar común el tango

Papa Pío XII


El Sr. Musante, distinguido integrante de la Cátedra del Café, sobresale sobre los otros, por ser el único tanguero que volvió de la muerte.
¿-Cómo anda Musante? preguntamos cuando llega al café.
-Reponiéndome de mi fallecimiento, es la respuesta del ex-finado.
-Tema difícil, acotamos.
-Estar muerto no es grato, pero conocí tanta gente en el más allá que cuando vuelva amigos no me van a faltar, tranquiliza el Sr. Musante.
-Y de todos los que conocí en el mundo de los muertos se destaca Carlos Gardel. Además a través del morocho compartí la mesa con personajes que ni soñaba encontrame alguna vez, como los tenores Caruso y Mario del Mónaco.
-¿Son amigos de Gardel? preguntamos.
-Tienen devoción por Carlitos, contesta Musante. -Pero amigos somos pocos. El negro Celedonio Flores es como su hermano. Otros que Gardel honra con su amistad son el torero Rafael Gómez Ortega, conocido como “Gallito”, y el poeta uruguayo Isidoro Ducasse, Conde de Lautremont.
El señor conde insiste para que Carlitos haga una aparición nocturna sobre el cerro de Montevideo y diga que es uruguayo. Gardel contesta que sería faltar a la verdad.
-Sobre la muerte de Gardel se chamuyan fulerías. Se dice que Carlitos fue la última víctima de la Inquisición, comentamos.
-Eso es cierto, contestó Musante. A Gardel lo asesinó la Iglesia Católica.
Eso me lo contó Carlitos y fui testigo en el café “El Pensamiento”, del día en que Monseñor Gustavo Franceschi le vino a pedir disculpas. El cura se sentó a la mesa y habló.
Carlos Gardel lo escuchó en silencio y cuando el fraile, con el sombrero en la mano, esperaba la respuesta del morocho, ésta llego calma y firme.
¿-Aceptó las disculpas?
-No. Primero Carlitos le recordó que cuando el accidente en Medellín, la revista Criterio celebró su muerte en una editorial firmada por el monseñor.
-Fue una orden que recibí del Vaticano, acotó Franceschi.
-Y usted me prendió fuego porque se lo ordenaron, contestó el Zorzal.
-Si, a la Iglesia Católica nunca le gustó el tango y usted estaba considerado el demonio. Por eso el 27 de junio de 1935 escribí la editorial de la que ahora me arrepiento.
-Monseñor, usted dijo que en mi velatorio había “féminas que se habían embardunado la cara con harina y los labios con almagre”. Que había “Gandules de pañuelito al cuello dirigiendo piropos apestosos a las mujeres”.
-Eso dije, contestó el cura con la mirada baja.
-Además de escribir muy mal usted me hizo matar.
-Así es, pero ahora estoy arrepentido.
-Y por qué se arrepiente.
-Cuando llegué a este lugar me di cuenta que Swedemborg tenía razón. Dios no condena a nadie y cada uno elije, después de muerto, si quiere infierno o paraíso.
Y si el Señor deja que el libre albedrío continúe en este lugar sagrado, no tenemos derecho en la tierra a juzgar conductas e incendiar demonios como usted, con todo respeto, susurró Franceschi.
-¿Quién le dio la orden de matarme? preguntó el Morocho.
-Monseñor Pacelli cuando estuvo en Buenos Aires. Poco tiempo después lo premiaron convirtiéndolo en el Papa Pío XII.
-Hablando de Pío XII, que destino eligió. Por estos lados no ha sido visto, preguntó Don Carlos.
-Eligió el infierno porque dice que en el cielo el lugar común es el tango.
Ángel Vargas es el preferido de Dios, y a usted, Gardel, lo apañan la Virgen María y su hijo, que interpreta “Soy una fiera” de manera notable.
Para Pío XII esto es insoportable. Vive en las tinieblas rumiando su bronca con el tango.
Después de un largo silencio se oyó la voz de Franceschi:
-¿Me perdona Don Carlos?
-Sos un gil, respondió Carlitos. -Yo no condeno a nadie, ni siquiera a vos que me asesinaste de la manera más espantosa. Pero, que querés Franceschi, tu presencia me revienta. Si venís por el café sentate en un lugar donde yo no te vea.
-El Monseñor se levanto de la silla y masculló, al borde del llanto, un “gracias Don Carlos”.
-Después, arreglándose el moño Gardel se dirigió a nosotros y dijo:
-Triste destino el de la curas. Hoy te prenden fuego y 400 años después piden disculpas.
Carlos Gardel canta:"Soy una fiera"

domingo, 14 de febrero de 2010

La verdadera historia del "Píncipe Cubano"

Ángel Santos Carreño. El "Píncipe Cubano"

Una tarde en que el calor apretaba se reunió el Comité Central de la Cátedra del Café.
Era intención del mismo, a través de su presidente Don Julio Paredes, informar acerca de la última investigación realizada.
Se trataba de la muy particular existencia de Ángel Santos Carreño, conocido como en el mundo del tango como el “Príncipe Cubano”.
Don Julio Paredes se dirigió al numeroso público y expresó: -El Comité Central ha realizado un estudio sobre ciertos hechos de nuestra vida cultural que permanecían en la oscuridad. Con esta investigación pretendemos esclarecer de manera definitiva algunos mitos nacionales.
A continuación daré lectura al informe que se complementa con un manuscrito del propio Carreño.
Comenzó: “Ángel Santos Carreño, conocido artísticamente como el “Príncipe Cubano”, era argentino y más criollo que el mate amargo. Había nacido en Marzo de 1880.
El apodo se lo puso Madame Ritana, dueña de la boite Chantecler, ubicada en Paraná 440.
Esto fue en el año 1924 y Carreño era presentador de orquestas.
Un hombre muy querido por su cordialidad e ingenio.
Él lo bautizó a Juan D’Arienzo como “El rey del compás”, y además compuso varios tangos elegantes.
Pero lo que nos interesa del llamado “Príncipe Cubano” es su verdadero origen.
Todos ustedes conocen la vida del gaucho Martín Fierro.
Un antepasado de Carreño fue protagonista de una historia muy conocida con el famoso Fierro.
Este episodio merece su fama por el horror que despierta la conducta criminal del célebre gaucho matrero.
Carreño era sobrino nieto del negro que Martín Fierro provocó, para después asesinar en un baile de mala muerte.”
Don Julio Paredes aclaró: -Al comenzar comenté que leería un manuscrito escrito por el propio Carreño, cosa que haré a continuación:
“Martín Fierro mató sin causa alguna a mi tío Gervasio Carreño.
Lo asesinó solamente porque era negro.
Tío Gervasio quería divertirse y concurrió con su mujer, negra también, a un baile en una pulpería de Lobos.
Primero Fierro se metió con mi tía:
“Vaca yendo gente al baile”, le dijo.
Mi tía le contestó:
“Más vaca será tu madre”
Detrás de ella entró tío Gervasio y escuchó de boca de Fierro:
“A los blancos hizo Dios,
A los mulatos San Pedro
A los negro hizo el diablo
Para tizón del infierno”.


-Gaucho rotoso, contestó tío y se le fue al humo.
Pero Fierro con el cuchillo lo alzó y cuando lo supo muerto lo arrojó contra una pared.
Mi tía empezó a gritar y el asesino le quiso pegar pero la gente intervino recriminando a Fierro y este huyó.
Gervasio tenía nueve hermanos, uno de ellos era mi abuelo Rosendo.
Estos hicieron un juramento; vengarse matando a Fierro.
Pero Martín con su gran amigo Cruz se fue a vivir con los indios pampas y no se supo nada de él durante años. Es más, mis tíos lo dieron por muerto.
Pero todo llega. Un día un amigo del Tata Rosendo le avisó que había un cantor en una pulpería cercana que podía ser el gaucho Fierro. Tatita lo fue a buscar, lo ubicó y ahí nomás lo desafió con la guitarra.
Esa era la excusa. Lo que Tatita quería era matar a Fierro. El criminal estaba con dos de sus hijos y otro sujeto llamado “Picardía”, que dijo ser hijo de Cruz.
Abuelo Rosendo se presentó como “El Moreno” y empezó la payada.
Arrancó Fierro y dijo cosas lindas:
“Y seguiremos si gusta
Hasta que se vaya el día.
Era la costumbre mía
Cantar las noches enteras.
Había entonces, dondequiera
Cantores de fantasía”.


Pero Tatita no se quedaba atrás:
“A las sombras solo el sol
Las penetra y las impone.
En distintas direcciones,
se oyen rumores inciertos:
Son almas de los que han muerto,
que nos piden oraciones.”


De improviso Martín se supo perdido al darse cuenta quien era el contrincante. Inclusive quiso atenuar la cosa y cambió la palabra “negro” por “Hombre de humilde color”. Arrugó, como quien dice.
Terminada la payada el Tata Rosendo lo convidó a pelear.
Algunos dicen que Fierro se dejó matar. Eso no es cierto. Peleó como una fiera pero el Tata lo ensartó de la misma manera que había muerto su hermano. Lo levantó con el puñal y se los tiró a los hijos que estaban presentes.
Después limpió el cuchillo en los pastos y se fue silbando bajito.
Cuentan que los hijos de Fierro vinieron a Buenos Aires y se juntaron con los primeros orilleros. A uno de ellos, bastante mayor de edad, llegué a verlo bailando tango en la vereda con otro hombre.
Esto que cuento es lo que pasó.
Años después, cuando me había convertido en el famoso “Príncipe Cubano”, concurrían al “Chantecler” calaveras, bohemios y escritores.
Una noche un cegato que frecuentaba el cabaret, me contó la historia de la negritud en el Río de la Plata.
Dijo: -Nunca hubo mucho negro por acá porque era un artículo suntuario.
No los traían para levantar cosechas si no como sirvientes. Fueron usados como carne de cañón en la guerra de la independencia en el batallón de “Pardos y Morenos”. Y casi nos quedamos sin negros. En la actualidad se sorprenden porque hay tantos en Uruguay. La razón es simple. Brasil abolió la esclavitud en 1888, cuando por acá hacía años que eran libres. Negros de Río Grande, de Porto Alegre robaban un caballo y pasaban a Uruguay donde dejaban de ser esclavos.
Concluyó: -O sea que los negros de Montevideo son brasileños. Dicen que son orientales para darse corte.
Me gustó la historia y entonces le conté la de tatita.
Preguntó si la podía escribir como propia.
-Por supuesto, contesté, se la regalo.

domingo, 7 de febrero de 2010

Eduardo Bianco, el violinista preferido de Hitler

Paul Celan



A fines de 1930 Enrique Cadícamo pasaba la voz a sus amigos tangueros residentes en París: -No hablen de política delante de Bianco porque es informante de la Gestapo.
Sin embargo a Eduardo Bianco le tocó en suerte una vida exitosa.
De chico, influenciado por sus padres, comenzó con estudios de violín; querían que se formase como músico clásico.
Pero el azar y la magia de la noche lo fue llevando hacia el tango, y
a través de éste llegó a París en 1924, lugar soñado por todo tanguero que se precie.
En Europa formó una orquesta que logró imponerse de inmediato.
Fue la célebre agrupación Bianco-Bachicha que hacía furor en el Cabaret Palermo, en Place Pigalle.
Un año después formó su propia agrupación, y realizó giras por Europa, África del Norte, Estados Unidos y el Asia.
Bianco tocaba el violín, el bandoneón, cantaba, y hasta tuvo su propia editorial musical en París.
Le gustaba el bacanaje a este rosarino nacido en 1892, que cultivaba con esmero la relación con reyes, políticos y aristócratas.
Ese gran mundo lo volvía loco.
En 1929 compuso el tango “Plegaria”, que años después lograría triste fama; se lo dedicó “A su Majestad El Rey Alfonso XIII”.
1931 fue el año de “Evocación”, otro tango, en cuya primera hoja dice: “A su excelencia Don Benito Mussolini.”
Ya había conocido la obra de otra estrella rutilante del momento.
Contaba Bianco: -Actué durante casi dos años en la Unión Soviética, y el Mariscal Stalin en persona me felicitó luego de mi actuación en Moscú. Nos invitó a cenar a su datcha, desde donde maneja el país con mano de hierro. Para concluir:-Hacía ruido con la sopa. Un hombre vulgar.
Al realizar una gira por Alemania en 1936 quedó deslumbrado por la obra de Adolfo Hitler.
Presentó su orquesta en Berlín y entre el público estaba el Dr. Joseph Goebbels acompañado de Magda, su mujer. Quedaron hechizados por el sonido del violín de Bianco. Luego de la actuación se acercaron al camarín para saludarlo y Goebbels le propuso tocar para Hitler.
El concierto ante el Fuhrer fue un éxito total.
-El tango reemplaza con creces al jazz decadente, dicen que dijo Don Adolfo al término de la velada, mientras abrazaba eufórico a Goebbels.
Un edecán se dirigió a Bianco y le pidió partituras que el músico cedió gentilmente.
“Plegaria” se convirtió en el tango preferido de Hitler. Cuando Goebbels se enteró le dijo a su mujer:-Yo sabía que Adolfo era un sentimental.
Miles de copias se imprimieron para ser repartidas en las bandas de música de la Wehrmacht, y a través del ejército alemán el tango llegó a los campos de concentración.
“El trabajo los hará libres”, lucían los carteles en la entrada de Dachau, Buchenwald y Auschwitz.
En 1942 un judío rumano llamado Paul Antschel es alojado en el campo de trabajo de Janowska. El joven, después de sobrevivir al horror, trascenderá como poeta con el nombre de Paul Celan.
En 1947 Celan publicó “Tangoul mortii”, (Tango de la muerte), que había escrito cuando fue liberado por el ejército rojo.
Paúl Celan señaló que el poema se refería a la música que interpretaban las orquestas en los campos de exterminio. Se trataba de tango, y entre estos el que más gustaba a los S.S. era el llamado “Tango de la muerte”.
Este sonaba en el campo mientras los judíos eran conducidos a la cámara de gas.
El escritor español José Ángel Valente, biógrafo de Celan, precisa que ese tango, conocido entre los prisioneros como “El tango de la muerte” no era otro que “Plegaria”, de Eduardo Bianco.
Hay más pormenores sobre el tango en el Holocausto.
Nos referimos al libro del escritor polaco M.R.Frenkiel, titulado “Esto es un asesinato”.
Frenkiel también señala “Plegaria” como la música que acompañaba a los judíos a la muerte.
Cuando el ejército nazi comienza la retirada de la Unión Soviética, Bianco se da cuenta que tiene que irse de Alemania. Él y toda su orquesta son detenidos en Innsbruck. Don Eduardo se pega un susto soberano y comienzan sus problemas respiratorios.
Puede retornar a la Argentina en diciembre de 1943.
En Buenos Aires realizó un par de conciertos, pero su salud estaba resentida.
Al poco tiempo de su regreso y por consejo de amigos se radicó en Comodoro Rivadavia, Provincia de Chubut, donde el clima frío y seco podría llevar alivio a sus pulmones.
En un viaje a Buenos Aires, realizado para una revisación de rutina en el Hospital Tornú, muere durante un feroz ataque de asma en octubre de 1959.
Paul Celan lo sobrevivió 11 años.
Se arrojó al Sena desde el puente Mirabeau en 1970.
Dejó una carta dirigida a su hijo que decía
:-Ciégate para siempre: también la eternidad está llena de ojos.


Bibliografía:
Julio Nudler.
Tango judío.
Del ghetto a la milonga.
Editorial Sudamericana. 1998.

Plegaria. El tango de la muerte:

http://www.youtube.com/watch?v=VUDtqMbo4ko