Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

miércoles, 4 de agosto de 2010

En el cielo con Lacan y Magaldi

Jacques Lacan


-Paredes, dijo el vidente Locuco en el café. –Magaldi quiere tener una entrevista con usted y la señora Malena.

Agregó el mago de Munro: ¿-Vamos?

-Por supuesto, dijeron Paredes y Malena.

En menos que nace un Chino estaban frente a la puerta.

Cuando San Pedro abrió el portón el vidente preguntó: ¿-Pedriño, dónde para Magaldi?

-En el café “Mate y venga”, por la diagonal, dos cuadras.

Cuando los vio entrar “La voz sentimental” se puso de pie y saludó a Malena con un beso en la mano. A Paredes le dio un abrazo.

Dijo:-Les quiero presentar a mi compañero de mesa. El señor es Jacques Lacan, médico psicoanalista y traductor de mi obra al francés.

Se sentaron a la mesa. Magaldi abrió el fuego:-He sido olvidado en la reina del plata.

Con Carlos Gardel y Corsini fuimos los inventores del tango, pero de mi nadie se acuerda.

¿-Por qué no va al café “EL Pensamiento” y por lo menos se encuentra con gente afín? Preguntó Paredes.

-Los artistas no estamos preparados para el olvido, y los que van al “El Pensamiento” quieren conocer al Morocho o a Corsini.

El día de mi muerte, en el año 1938, Enrique Santos Discépolo dijo:”Era el único que hoy podía imponer una canción”, lo que indica mi popularidad en ese momento.

Pero mi estrella empezó a apagarse lentamente hasta que todo recuerdo terminó.

Qué pasó conmigo es lo que no se, y acá el amigo Lacan está tratando de entender para explicarme.

Las miradas se dirigieron hacia el médico que encendía lentamente un cigarro.

Continuó Magaldi:-Yo fui más popular que Gardel y amigo de Eva Perón.

En el café “El Pensamiento” hacen cola para ver a “El bronce que sonríe” y en la lejana tierra mía Evita cada día es más popular.

Que pasó conmigo es lo que me quita el sueño. El semiólogo Humberto Eco escribió en la Revista de la Universidad de Bologna en 1970, un artículo titulado “Lo strano caso di Agostino Magaldi”.

Logró interesar a mi amigo Lacan, acá presente, sobre mi poética.

Interrumpió Lacan el monólogo de Agustín:-Yo escribí un libro, “Retour à Magaldi”, publicado en 1980, donde formulo mis famosas ocho tesis sobre el destino.

Tratemos de ordenar el tema. El filósofo Martín Heidegger dijo que el lenguaje es la morada del ser.

Entonces mi modesto aporte al psicoanálisis sería que el inconciente está estructurado como un lenguaje.

En base a eso desarrollé toda mi teoría psicoanalítica.

¿-Heidegger anda por acá? Preguntó Malena, la que esconde una esperanza humilde.

-Si, contestó Agustín, es amigo de Enrique Santos Discépolo y está haciendo un estudio ontológico sobre Discepolín.

Continuó Lacan:-Agustín fue el número uno hasta que su palabra se apagó.

Lo que trato de analizar es porque ese olvido total hacia mi gran amigo.

Creo que eso se debe a que la poética de Magaldi suena mal en el oído argentino, porque los enfrenta con una realidad que no entienden y que niegan.

Solo los idiotas creen en la realidad del mundo, lo real es inmundo y hay que soportarlo.

Ese es el mensaje liminar transmitido por Agustín Magaldi.

Pensemos en “El Penado 14” y en “Llorando la carta”.

O en “Nieve”, composición que sitúa a Magaldi como el primer sovietólogo argentino.

¿-Usted conoce el tango “Araca la cana”, de Mario Rada y Enrique Delfino? Preguntó Paredes, el poeta.

-Claro que lo conozco. Puede parecer un delirio de auto referencia, pero ese tango, escrito en 1933, prefigura mi futura participación como analista de Magaldi.

“Araca Lacan, ya estás engriyao”, dice.

Engrillado por la poesía metafísica de Agustín Magaldi.

Otro de los motivos que ha contribuido al olvido de Agustín es su condición de mujeriego empedernido, en una época que los argentinos tenían códigos distintos.

Gardel, al cual admiro, mantuvo oculto sus grandes amores. Solo trascendió su romance con la uruguaya Isabelita y con Mona Maris.

En cambio de Agustín se supo todo. Facunda, su mujer le cambió la cerradura de la casa, cosa que causó una profunda depresión en Agustín.

Esto lo publicó la revista “El alma que canta” y Agustín se fue por meses a Córdoba para reponerse, cosa que no logró. Murió poco tiempo después.

Y ahí nos metemos en un tema por demás intrincado que es la pasión en el Paraíso.

¿-Usted piensa que hay sexo después de la muerte? Preguntó Paredes sorprendido.

-La relación sexual concluye con lo real. En este momento estamos en un café ubicado en un sitio que no sabemos a quien pertenece ni en donde queda. ¿Este lugar existe?

Ser psicoanalista, es, sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia de que nada es más disparatado que la realidad humana. Saque usted sus propias conclusiones.

En ese momento se abrió la puerta del café y entraron dos individuos que se sentaron en una mesa ante la ventana.

¿-Quiénes son? Preguntó Malena.

Respondió Lacan:-El criollo se llama Alberto Arenas. El otro, un filósofo francés que además es gran amigo. Los dos tienen en común su pasión por el tango, y haber asesinado a sus respectivas esposas, un detalle menor.

Nada más humano que el crimen pasional.

Continuó Lacan:-Como dice la periodista Irene Amuchástegui: Magaldi fue el intérprete sublime de una década infame.

Ha sido olvidado por su pueblo. El trovador de Casilda se la banca.

miércoles, 28 de julio de 2010

Corsini cuenta su historia





Dijo el vidente Locuco:-Ayer pasó por casa un ángel enviado por Ignacio Corsini.
El Caballero Cantor quiere que Paredes y la Sra. Malena lo visiten en el cielo.
Con Paredes quiere tratar aspectos del tango en la Segunda Guerra Mundial.
A la Sra. Malena simplemente conocerla, porque su amigo Cátulo Castillo le habló de ella.
El viernes vengan a casa a medianoche y nos vamos para arriba, concluyó Locuco.
El día fijado Julio Paredes, el poeta del barrio, acompañado de Malena, la que esconde una esperanza humilde, esperaban en la casa de Locuco. Cuando en el viejo reloj de cobre sonaron las doce campanadas, Locuco dijo:-Cierren los ojos y sueñen con la pinta de Carlos Gardel.
En menos que suda un negro estaban en el café “El Pensamiento” , sentados junto a Julio Jorge Nelson, Ignacio Corsini y su esposa Victoria.
Nelson hizo las presentaciones:-La señora es Malena Verdadera, el señor es Julio Paredes.
El Caballero Cantor besó la mano de Malena, y luego de saludar a Paredes les presentó a Victoria, su esposa de siempre.
Dijo:-Me contó Julio Jorge, acá presente, que se ha publicado un libro donde se hace mención a la importancia del tango en la derrota del ejército de Hitler en las trincheras de Stalingrado.
-Así es, contestó Paredes.
-A las tropas de Hitler, luego de ablandarlas con fuego de morteros les acercaban vagones con discos de gramófono con selectas grabaciones, donde brillaba mi gola melancólica..
-Algo así, contestó Paredes.
¿-Y eso quién lo dice?, preguntó Corsini.
-Antony Beevor, un historiador inglés, contestó Paredes.
-Pensar que me acusaban de fascista porque cantaba las letras de Héctor Pedro Bloomberg sobre Rosas. También era sospechoso para algunos mi retiro definitivo en 1948. Una tarde me pararon en Parque Centenario, y una supuesta comisión de homenaje me preguntó si simpatizaba con Mussolini.
Estoy acá desde 1967 y recuperé a Victoria a la cual conocí en un circo en 1911.
Pasé de héroe a chivo emisario, y ahora gracias a ese historiador, soy un héroe de nuevo. En 1930 era el Caballero Cantor, después fui una rara mezcla de nazi-fascista mazorquero. Ahora descubrieron que la Segunda Guerra Mundial se definió en el este gracias a mi voz de ensueño. La justicia tarda pero llega.
Corsini se dirigió a Malena:-A usted quería conocerla porque mi amigo Cátulo siempre la menciona. La quiere como a una hija. Y Homero ha confesado su amor. Malena, usted es un personaje ilustre.
¿-Magaldi anda por acá, preguntó Paredes.
-Si, pero se muestra poco, acotó Julio Jorge Nelson.
-Está muy deprimido porque dice que en Buenos Aires nadie lo recuerda. Es un tema muy ingrato. Y eso que ha sido revalorizado a nivel mundial. Ustedes sabrán que el semiólogo italiano Humberto Eco tradujo sus tangos al italiano, y que el médico francés Jacques Lacan hizo una versión en francés de “Portero suba y diga” que cantó Maurice Chevallier. Pero en la Reina del Plata no le dan bola. Agustín, como buen criollo, se la banca. Pero está triste.
En una oportunidad lo visitamos en su casa con el profeta Ezequiel, el de La Biblia, del cual soy muy amigo porque somos paisanos.
Ezequiel lo conmovió cuando le contó una de sus visiones. Le dijo a Magaldi:
-Vi entonces una mano extendida con un rollo. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso. Escuché la voz de Dios:-Abre la boca y come lo que te doy. Y me morfé la Biblia.
Comentó Agustín emocionado:-Carlos Gardel es la voz de Dios.
Contestó Ezequiel:-Es la única verdad, es mentira lo demás. Por otra parte no hay nada para ver. Afuera no hay nada porque el Señor está dentro de nosotros.
Dios es de todos, y el Zorzal habla con su mismo verbo y canta con su misma voz.
-Amanece, dijo el vidente Locuco.-Hora de tomarse el raje, agregó.
Don Ignacio Corsini se puso de pié y expresó:-Ha sido una noche inolvidable.
Conocer a la sublime Malena Verdadera y conversar con Julio Paredes, el poeta de Vicente López.
Luego de besar la mano de Malena, el Caballero Cantor se dirigió a Paredes y preguntó:
¿-Hay manera de conseguir el libro de Beevor?
-Por supuesto, contestó Paredes.-Dígame cómo se lo puedo enviar.
-Desde la estación Carapachay sale un tren por día al Paraíso.
Mándelo por correo simple.

Bibliografía:
Stalingrado
Antony Beevor
Crítica Barcelona. 2000

Historia de una Biblioteca
De Platón a Nietzsche
Tomás Abraham
Editorial Sudamericana. 2010

miércoles, 21 de julio de 2010

El Sr. Musante informa como llegó al otro mundo

Luis Buñuel. Retrato pintado por Salvador Dalí


-Una noche me dormí vivo y a la mañana siguiente me desperté muerto, contó en el café el Sr. Musante.

-Eso fue hace muchos años y el primer día como finado me sentí raro, no me hallaba. A la semana se me acercó un señor de mirada sombría.

Dijo:-Musante, estás muerto desde hace días y andas boleando cachirlas. Eso les pasa a todos. Soy representante del infierno. Si querés venir a conocer a Lucifer solamente tenés que avisar. En el inframundo vas a encontrar a los más grandes hijos de puta de la historia, y a los otros también.

Al rato se me acercó otro de mirada angelical.-Soy un hombre del cielo en este mundo. No sé si tomaste conciencia que desde hace una semana estás debidamente fallecido. Ahora tenés que elegir según tu gusto. Si sos un guacho elegí el infierno y ahí estarás a feliz. Se incendian casas entre vecinos, todos gritan, hay mucho vicio y trompadas.

Si sos manso venís conmigo al cielo donde todo es amor y paz.

¿-Y Dios qué dice? Pregunté.

-Nada, contestó el representante del cielo. Vos elegís infierno o paraíso según tu gusto.

Dios no dice nada. El Señor es libertad.

Musante, luego de tomar un poco de agua, continuó ante la atenta mirada de los Catedráticos:

¿-Dónde está Gardel?

-El Zorzal eligió el Paraíso. Si te gusta el tango hay un lugar en el cielo donde paran todos los tangueros. La mesa la preside Carlos Gardel y el café se llama “El Pensamiento”

-Voy para allá, dije, y partí, cabizbajo hacia el otro mundo.

El Sr. Musante, angustiado por su propio relato, tomó agua a raja bonete.

Siguió:

-Me constituí en el cielo. El portón estaba cerrado. Golpeé mis manos y apareció un personaje que metía miedo.

Preguntó agresivo:-Qué querés.

Contesté:-Soy Musante, elegí el cielo. Quiero ir al café “El Pensamiento” para conocer a Gardel.

San Pedro abrió el portón y dijo:-Cinco cuadras por la Avenida de los Cipreses, después veinte metros a la derecha.

-Cuando entré al café se me acercó Julio Jorge Nelson que me dio la bienvenida, me presentó a Gardel y me dijo:-Llegas justo porque el Bronce que Sonríe está escuchando una discusión sobre los ciegos y el tango. Sentate al lado del Morocho.

Gardel, con una sonrisa, señaló la silla a su lado.

Se escuchaba un vozarrón con fuerte acento español que discutía con el ciego Tiresias.

-Usted es el culpable de que el tango esté lleno de ciegos.

-Reconocí enseguida al gallego que se imponía por su voz., dijo Musante.

- Era Luís Buñuel, agregó

Tiresias contestó:-¿Cuál es el problema de que haya ciegos en el tango?

-Como a la mayoría de los sordos me desagradan los ciegos.

Un día, en Méjico vi a dos ciegos sentados juntos. El uno besando en la boca al otro.

Me sentí un poco sorprendido por la escena. Y pregunto: ¿Es cierto que los ciegos son más felices que los sordos?

Contestó el ciego:-No, que va. Lo que puedo afirmar es que en el mundo de los ciegos, los ciegos ven. Imágenes muy raras y difíciles de describir.

-Soy sordo pero no soy estúpido, contestó Buñuel. ¿-Cómo es eso de que los ciegos ven?

Respondió Tiresias:-Como hay un mundo de los sordos hay también un mundo de los ciegos. Éste es muy particular porque el ciego crea su propio cosmos de imágenes, luces y sombras.

-¡Sos un ciego cabrón, como todos los ciegos! Respondió Don Luís.

Continuó:-No puedo pensar en los ciegos sin recordar una frase que decía mi padre cuando comía fiambre: ¿-Verdad que la mortadela está fabricada por ciegos?

Para mí, esta afirmación en forma de pregunta, es tan verdadera como una afirmación del Evangelio. Por supuesto algunos pueden encontrar absurda la relación entre los ciegos y la mortadela. Como puede sonar absurda la relación entre los ciegos y el tango.

Pero es que no hay ningún tanguero ilustre que haya sido ciego.

Hay sordos brillantes en el tango, y Don Osvaldo Pugliese es el ejemplo cabal.

-Pero ahora Pugliese oye, contestó Tiresias.

-Cuando compuso “Negracha” estaba sordo. Recuperó la audición como yo, y todos los sordos en el cielo.

Luego, cerrando los ojos Buñuel expresó:-No está del todo mal esto de estar muerto. Puedo escuchar de nuevo el ruido de la lluvia y la voz de Carlos Gardel.

Bibliografía:

Luis Buñuel

“Mi último suspiro”

(Memorias)

Plaza & Janes

1982

jueves, 15 de julio de 2010

Nuestro mayor filósofo concurre al café





Una tarde cualquiera se abrió la puerta del café.
Los catedráticos vieron avanzar hacia su mesa, con paso firme y marcial, a Froilán Francisco Gorrindo, el filósofo de Quilmes.
Dirigiéndose al señor Musante, arrancó:-La Madre María le manda saludos.
-Muy apreciados, sollozó el tanguero que volvió de la muerte.
Se sentó a la mesa y dijo:-Me envía el Espíritu Santo para aclarar algunas cosas.
Malena, la que esconde una esperanza humilde, preguntó: ¿-Cuales son los motivos para que semejante personaje celestial lo haga venir al café?
-El Sagrado Espíritu está consternado porque ustedes dicen que dicen que es un gil.
-Ese comentario se lo escuchamos a Carlos Gardel, acotó Julio Paredes el poeta del barrio.
Continuó Gorrindo:-Así es. El que instaló esa idea fue el Morocho.
-Nadie que disfrute con la coloratura vocal de Alberto Margal se puede decir que es un vivo, insistió Paredes.
-Póngase en el lugar del Espíritu. Margal forma parte de su mesa y no puede decir otra cosa. Además todo empezó en broma, pero las cosas después tomaron otro cariz.
Me encargó el Espíritu que hable con ustedes y especialmente con Malena, porque sabemos de su buena fe, para cambiar la imagen del Numen de la Santísima Trinidad.
Malena contestó:-No se preocupe Don Francisco, haremos lo posible para que nadie se entere.
-Que el Espíritu Santo es un minorato no saldrá de nosotros, contestó autoritario Paredes.
¿Y usted, Gorrindo, cómo anda? Preguntó Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
-Bien, asombrado por el éxito cada día mayor de mi tango “Las cuarenta”.
Ahora hay dos filósofos, que comparten la mesa del café “El Pensamiento”, que discuten si mis ideas pertenecen al mundo de los cínicos o al de los escépticos.
¿-Quiénes son? Preguntó Paredes.
-Carlos Astrada y Rodolfo Kusch.
-Para Kusch soy un cínico por mi total desvergüenza social.
Los cínicos recibían su nombre de la palabra perro, porque despreciaban las convenciones sociales.
En cambio para Carlos Astrada soy un escéptico, porque un escéptico es aquel que examina. El que sabe que nada es verdad.
Ese es mi sentimiento esencial, también el del porteño y el tango.
-Gardel no llegó a grabar “Las cuarenta”, agregó el tordo Laferlita.
-Por una cuestión de meses, una lástima, cerró Paredes.
-Dice Carlos Astrada, que la obra cumbre de la filosofía argentina hubiese quedado registrada por la voz de Dios, concluyó Gorrindo.
-Pero no se puede pedir todo en la vida ni en la muerte.
¿-No está a gusto en el otro mundo? Preguntó Laferlita.
-En la muerte no hay sorpresas, contestó Gorrindo.
Siguió:-El futuro es simple, llano y aburrido, por más que uno comparta la mesa con Carlos Gardel.
Lo que es una maravilla es el pasado. Hay un pasado que recordamos porque es nuestro.
Pero estamos llenos de falsa memoria. Además ese pasado podemos reinventarlo, o el “Padre Eterno” puede trastocar todo solamente con cambiar la memoria de la humanidad.
En eso consiste la magia de lo pretérito. El futuro, en la vida y en la muerte, es sencillo y aburrido. Está resumido en el poema de Carlos de la Púa, “Hermano Chorro”:
“Toma caña, pita fuerte,
juga tu casimba al truco,
y emborrachate, el mañana
es un grupo.
Tras cartón está la muerte.

-De la Púa comparte nuestra mesa, y el Zorzal le hace decir este poema todas las noches.
Miró la gran ventana y dijo:-Se termina el día, quiero caminar por la calles del sur, ver el último sol en la playa de Quilmes.- ¿El tranvía 22 todavía corre? Preguntó Gorrindo.
-No, contestó Paredes, pero el Ferrocarril Roca lo deja justo, acotó Paredes.
Gorrindo, dirigiéndose al exrengo Cutulli, comentó:-Mi buen amigo, han llegado historias sobre usted que lo pueden perjudicar.
No se burle del Espíritu Santo que como es de bueno es de vengativo. Si lo escucha le manda una excomúnica que lo deja peor que antes. Si eso es posible.
-Vas a volver a ser un setentaytres, acotó Paredes.
Cutulli preguntó enojado: ¿-Dios permitiría eso?
-Dios es libertad, contestó Gorrindo y se fue silbando “Contramarca”.

miércoles, 7 de julio de 2010

Carlos Gardel aclara ciertas dudas


Dijo el vidente Locuco:-Se presentó anoche uno de los integrantes de la secta “Testigos de Gardel”. Contó que el Mudo quiere vernos para aclarar ciertas dudas.

El próximo viernes a medianoche se presentará en mi casa de Munro.

-Si lo veo a Gardel me muero, gimió el tordo inconsolable.

-Estuviste con él en la fiesta del Bicentenario.

-No es lo mismo. Dicen que cuando el Zorzal desciende a la tierra los que lo ven enloquecen, concluyo el Doctor Lafaerlita, y se largó a llorar.

¡-Tenga mano tallador!, contestó Paredes, el poeta del barrio. Agregó con desprecio: ¡-Un hombre macho no debe llorar!

Malena, la que esconde una esperanza humilde, mientras tomaba entre sus manos las de Laferlita, expresó:-Usted es muy sensible. Cálmese, que hablar con Gardel le devolverá la paz perdida.

-Eso sí, acotó con sabiduría Musante, el tanguero que volvió de la muerte.

La Cátedra completa se dio cita en la versallesca casona del vidente Locuco, situada en la calle Sargento Baigorria, frente a la estación Munro.

Cuando llegó la medianoche se materializó un personaje de escracho sombrío,

cruza de chino y mulato, que explicó:-Soy el jefe de la custodia del Morocho.

Debo informar al comisariato sobre quienes estarán cuando se de cita Don Carlos.

El vidente Locuco presentó a cada uno de los integrantes de la Cátedra del café.

De inmediato el chino acotó:-Todo bien, y llevándose dos dedos a la boca emitió un silbido del otro mundo. Se apagaron las luces y la oscuridad fue total durante unos segundos. Una extraña luminosidad invadió la estancia donde se encontraban los Catedráticos. Se materializaron tres personas pertenecientes a la custodia, y una rosa en llamas comenzó a girar por la habitación.

Se detuvo frente a la mesa redonda donde los Catedráticos estaban sentados, y desde el fuego se escuchó “La Voz:”

-Amigos de la América Latina les habla Carlos Gardel.

Continuó:- No llore Laferlita, la vida es dura, con la filosofía poco se goza. Musante, ¿usted por acá? Lo tenemos presente porque dejó un recuerdo muy grato en el café “El Pensamiento”.

Cuando me vieron en el cielo con motivo del Bicentenario, les prometí una visita.

Mis amigos Manzi y Lucio Demare me contaron que estuvieron y lo pasaron muy bien, así que decidí constituirme.

Dijo el ex rengo Cutulli:-Antes que nada quiero agradecerle su gestión ante el Espíritu Santo con motivo de mis problemas de movilidad. Desde el regreso mis piernas mejoraron, y puedo caminar como cualquier cristiano.

-El Espíritu Santo hace milagros, pero es un esquenún.

¿-Por qué? Preguntó Paredes.

-Tiene gustos musicales que me dan en los quimbos. Se emociona con canciones tirolesas y es devoto del bambuco colombiano.

-Le gusta Alberto Margal, agregó Paredes.

-Es cierto. No quiero hablar del tema porque tengo una buena relación con Margal, que es una bellísima persona. Pero como cantor deja mucho que desear.

¿-Tuvo diferencias con Homero Manzi? Preguntó Paredes.

-Si. Él escribió una nota en la revista “Micrófono”, en 1934 donde trató muy mal a Lepera. Lo cuestionó desde una perspectiva nacionalista. La pasión política del momento lo llevó a eso. Yo era conservador, Homero radical, y se la agarró con Alfredito que no le interesaba la política, vivía en Francia escribiendo guiones y teatro.

En las horas libres corría minas por la calle.

Fue en París cuando le conté a Edmundo Guibourg que tipo de cine quería hacer, y me dijo:-Tengo el hombre para vos. Al día siguiente comí con Alfredo y no nos separamos nunca más.

Con Manzi la cosa se arregló en el Paraíso. Ya está todo olvidado y nos vemos a diario.

Además me contó que entre ustedes está la verdadera Malena y supongo que es la señora acá presente. Es un gran honor conocerla, dijo “La Voz”, desde la rosa en llamas.

-Muy agradecida, contestó Malena.

¿-Era amigo de Guibourg? Preguntó Paredes.

-Por supuesto. Nos unía el idioma francés, aunque yo nací a los dos años en el barrio del Abasto.

Malena preguntó:-Don Carlos, ¿Por qué habla desde la rosa en llamas y no lo podemos ver?

-Todo un tema, contestó el Morocho. Mi rostro inmarcesible produce tal conmoción que los humanos cuando me embrocan se quedan ciegos. Pierden la vista para siempre y se transforman en luz. Por eso hay tanto ciego en el tango.

-¿Continúa su amistad con Guibourg? Insistió Paredes.

-Por supuesto, contestó “La Voz”. Edmundo es una fuente inagotable de sorpresas. Ahora me presentó a un poeta italiano, un hombre muy fino llamado Giuseppe Ungaretti. Sabe de tango y lleva puesta cierta melancolía carioca, porque fue Cónsul en Río de Janeiro. Estamos trabajando, con Edmundo y Ungaretti sobre un poema de éste titulado “El ángel del pobre”, que resume lo que uno siente cuando las miserias humanas han quedado sepultadas por el soplo divino. Le estoy poniendo música y Edmundo, con la venia de Ungaretti, lo está adaptando.

Cuando esté terminado volveré y serán los primeros en escucharlos.

-Adelantenos algo, pidió Malena.

-Solamente porque usted, la verdadera Malena me lo pide.

Se hizo el silencio y “La Voz” recitó en italiano:

Ora si svegli l’angelo del povero,

Gentilezza superstite dell’anima…

Col gesto inestinguibile dei sécoli

Dicenda a capo del suo vecchio popolo

Im mezzo alle ombre.”


Hubo un nuevo silencio y los Catedráticos fueron sorprendidos por el sonido

inconfundible de las guitarras de Barbieri, Aguliar y Riverol:

“La Voz” cantó:


“Hoy el ángel del pobre se despierte

La nobleza que queda en nuestras almas.

Con el gesto imborrable de lo siglos

Descienda al frente de su viejo pueblo

En medio de las sombras.”


La rosa en llamas comenzó a apagarse y segundos después se había extinguido por

completo.

Se escuchó la garganta de papel de lija del jefe de la custodia del Morocho:

-Amanece, hay que rajar.

Dirigiéndose al vidente Locuco preguntó: ¿-Jefe, dónde queda la estación Carapachay?

-Veinticinco cuadras hacia el norte.

-Desde ahí sale el tren al Paraíso.

domingo, 27 de junio de 2010

Homero Manzi visita Munro



¿-Cuál es la verdadera Malena? Preguntó Julio Paredes, el poeta del barrio.
-Porque después de lo dicho por Demare no es ninguna de las que pensábamos, agregó.
-Traigamos al mismo Manzi para que aclare los tantos, dijo el ex rengo Cutulli.
-Hay que invocarlo para que venga a casa. Manzi no concurre a cualquier lado, expresó el vidente Locuco. El próximo viernes a medianoche.
Cuando llegaron Homero ya se había integrado y conversaba amablemente con el Profesor Locuco.
Homero se puso de pie cuando ingresaron los miembros de la Cátedra del café.
Locuco los fue presentando y Manzi les daba la mano. Julio Paredes, el Sr. Musante, el tordo Laferlita, y el ex rengo Cutulli.
Cuando Malena, la que esconde una esperanza humilde, se acercó, a Homero como a Fierro cuando cruzó la frontera, dos lagrimones le rodaron por la cara.
-Malena, dijo mientras se enjugaba los ojos.-Usted por acá, subrayó.
-Ladran los fantasmas de la canción, deslizó Malena.
-No pensaba encontrarla y hace años que la espero. Desde 1951.
Se sentaron y Paredes, el poeta del barrio expresó:-Está todo dicho.
Continuó Paredes para cortar el llanto:-Siempre se dijo, Manzi, que usted tenía mala relación con Gardel.
-Es así, contestó Homero. Todo surgió por un artículo mío publicado en la revista “Micrófono” en septiembre de 1934. La nota se titulaba “Errores de Gardel”, y ahora, 80 años después reconozco que los errores eran míos.
Escribí que el primer error de Carlitos era tener como letrista a Lepera. Una falla muy gruesa. A la gente del tango nos disgustó que Gardel eligiese a Lepera porque no era del palo.
Yo lo cuestioné y dije que le faltaba “valor nacionalista”.
Cuando Alfredito me extendió la derecha en el café “El Pensamiento” el día de mi arribo al mundo celestial, me di cuenta de mi error.
Alfredo Lepera es un grande. Nos hicimos amigos enseguida y medió para que Gardel me levante la interdicción. Solamente la pasión política del momento me llevó a publicar ese disparate.
Gabriel García Márquez escribió que su gran influencia literaria fue Gardel, cuyos tangos escuchaba en Aracataca. Esas letras perfectas estaban escritas por un ignoto Alfredo Lepera.
En las largas noches de café Alfredito contó el origen de alguna de sus creaciones.
Los clásicos son su fuente porque es de una gran cultura. Me gustó la historia de cómo surgió “Volver”.
Lepera estaba leyendo “La Divina Comedia”, y en el “Purgatorio”, en el canto XI, hay una tercina que dice:
“Laudato sia’l tuo nome e’l tuo valore
Da ogni criatura, come’ é degno
De render grazie al tuo dolce vapore”

El dulce vapor es como un soplo. ¿Y qué es la vida? Nada más que un soplo.
Escribió:-“Sentir, que es un soplo la vida”. Ese dulce vapor también es el Espíritu Santo que quería a Gardel y Lepera cantando para él con exclusividad.
Grabaron “Volver” en 1935 y después vino el incendio.
-Gardel lo trata mal al Numen de la Trinidad, afirmó Paredes.
-Es una rutina en la cual participa Alberto Margal, un cantor macarrónico pero un gran tipo. Además con mucho humor. La broma es que el Espíritu dice que el mejor de todos los tiempos fue Margal, el cantor de las madres y de la novias. Y la mejor orquesta la de Enrique Rodríguez.
Gardel se hace el enojado y contesta que los dueños del cielo tienen un toscano en la oreja.
-Sin embargo algo de eso hay, dijo Paredes. –La orquesta preferida de Dios Padre es la de Juan D’Arienzo, remató.
-La versión de “La Cumparsita”. También nuestro Señor convoca a Ángel Vargas para que cante “Trasnochando”.
Pero el número uno es Carlos Gardel. Por eso le prendieron fuego.
Debo retirarme porque me espera mi amigo Alfredito Lepera con el whisky y los maníces.
Homero se puso de pié, se acercó a Malena y expresó:-Vuelvo contento a la casa del Padre porque la he visto después de tantos años. Está igual que siempre, e irradia la misma luz que cuando la conocí.
Después, dirigiéndose a los integrantes de la Cátedra que miraban con emoción, dijo:
-Tienen con ustedes al arquetipo platónico de la mujer. Cuídenla, no hay otra como ella.
Tomó entre las suyas las manos de Malena y murmuró:
-Tus manos, dos palomas que sienten frío, y desapareció en la niebla de Munro.

lunes, 21 de junio de 2010

Don Lucio Demare cuenta ciertas cosas

Lucio Demare



“Dandy”, el célebre tango de Lucio Demare está inspirado en un famoso buchón del barrio del Abasto, dijo el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
¿-Y usted como lo sabe? Preguntó Cutulli, el ex rengo.
-Me lo contó Agustín Cipriano Irusta, autor de la letra. Con él y con Lucio Demare compartí durante años la mesa de Carlos Gardel en el café “El Pensamiento”, en el Paraíso.
-Demare compuso tres tangos de antología. “Dandy”, “Mañanitas de Montmartre” y “Malena”, acotó el sabio Paredes.
-Contaba muy lindas historias sobre “Dandy” y “Malena”, continuó Musante.
-Lo podemos invitar al café para que hable sobre su obra, dijo el tordo Laferlita.
¿-Vendrá? Preguntó Paredes.
-Probemos, dijo el vidente Locuco.El viernes de tardecita lo podemos intentar. Es el día y la hora en que el alma que canta se encuentra con la guardia baja, invadida de nostalgia tanguera.
El viernes, con la última luz de la tarde estaban los catedráticos reunidos en el café, expectantes.
Se abrió la puerta y entró Locuco acompañado por Lucio Demare. Cuando vio al tanguero que volvió de la muerte, Demare expresó:-Musante, usted por acá y se confundieron en un abrazo. Después tomo asiento entre Malena y el tordo Laferlita.
Una vez ubicado miró los ojos de Malena, la que esconde una esperanza humilde, y los concurrentes del café tuvieron la impresión de que la conocía.
Interrumpiendo la magia del momento se escuchó la voz de Paredes: -Don Lucio, somos devotos de su obra y nos interesa saber acerca de la historia de algunos tangos, que según informó el Sr. Musante, usted refería en el café “El Pensamiento”.
-Lo que puedo contar es la historia del tango en París, del cual fui protagonista y sobre mis dos grandes amigos, Carlos Gardel y Homero Manzi.
Debo reconocer que llegue a Francia y tuve éxito, porque en Buenos Aires tuve grandes maestros.
¿-De que barrio es? Preguntó Cutulli, el ex rengo.
-Nací en la esquina de Gallo y San Luís, en el Abasto. Mi viejo era músico, tocaba el violín y se dio cuenta que me gustaba. Me mandó a estudiar piano con un grande, Don Vicente Scaramuzza.
Un italiano brutal; partidario de que la música con sangre entra.
Don Vicente te tomaba un examen. Si aprobabas estudiabas con él. Si no te mandaba al ablande con su mujer o su hermana.
Yo aprobé y durante la clase se paraba detrás mío y con un puntero señalaba el pentagrama, decía re, fa, sol. Si le entrabas mal a la nota te partía el puntero en la cabeza.
Con el único que Scaramuzza se ablandaba era con Cátulo Castillo que tenía y tiene el don de aplacar a las fieras. Cuando se encontraban, Don Vicente, en cocoliche preguntaba: Castillo ¿Quién soy yo? Cátulo respondía:-El personaje principal de una Ópera de Wagner titulada “El calabrés errante”. Esto causaba risa y calmaba la rabia ancestral de Don Vicente.
Cuando terminé los estudios me dediqué al jazz y debuté en el Tabarís a los 16 años.
Ahí me escuchó Canaro que me convenció que lo mío era el tango.
Cuando Canaro se fue a París me llevó como pianista. Tocábamos en el “Ambasadeor”, el cabaret de moda. Compartía cartel con Carlos Gardel, Bing Crosby, y Rodolfo Valentino. Éste usaba smoking y zapatos blancos. Parecía un heladero.
Una noche se me acercó Gardel y me dijo:-Lucio, quiero grabar “Dandy”.
-Vení mañana a casa y ensayamos, de paso te quedas a comer.
Preguntó Gardel:- ¿Tu vieja es tana o gallega?
–Tana respondí.
–Entonces que haga pasta.
Al día siguiente ensayamos y cuando mi madre comenzó a amasar los ravioles, Carlitos se sentó junto a ella y dijo:-Doña Otilia, voy a grabar un tango de su hijo, “Dandy”, que será un golazo:-Escuche seroña, y cantó “Dandy” a cappella para mi vieja.
Fue uno de mis grandes amigos, por suerte nos reencontramos y nos vemos a diario.
El otro fue Homero Manzi. Gracias a él entré en la historia grande del tango porque me dio la oportunidad de componer la música de “Malena”.
Homero era completo. Poeta, guionista de cine, y militante político.
Con Arturo Jauretche fue uno de los fundadores de F.O.R.J.A., que terminó adhiriendo al peronismo. Homero se fue a los 44 años y con él murió Buenos Aires.
Una tarde del año 1941 me dijo:-Tengo una letra para vos, y me entregó, escrito en papel de estrasa, un poema manuscrito. Arriba, subrayado con lápiz decía “Malena”.
Fui caminando hasta un café que estaba frente al Jardín Zoológico y en 15 minutos escribí la música. Yo creo que el mismo Homero me la dictó desde algún lugar que compartía con los fantasmas de la canción.
“Malena” la estrené con mi orquesta en la boite Novelty y la cantó Osvaldo Miranda.
Enseguida comenzaron las versiones de quien era “Malena”.
Una cupletista española que vivía en Brasil, Malena de Toledo, decía que era ella. También una cantante que se resiste a visitarnos en el otro mundo dice lo mismo.
El secreto se lo llevó Homero a la tumba. Pero ahora en el café la nombra y la extraña.
¿-Y usted sabe quién es? Preguntó Paredes.
-Creo que si. Pero no soy yo el indicado para develar el secreto. Luego, mirando los ojos de Malena, la que esconde una esperanza humilde, dijo:-La siento más buena, más buena que yo.
Hubo un murmullo en el café, y gran sorpresa en los Catedráticos.
Malena fijó la mirada en el piso.
Demare, incorporándose, dijo:-Debo retirarme porque hoy es el cumpleaños de San Lucio Primero, Papa, y hay gran milonga en el Paraíso.
Pero si quieren mas información convoquen a Homero Manzi, que es un caballero y se pondrá contento si lo llaman.
Saludó a Malena con emocionado beso en la frente, se dio un abrazo con el Sr. Musante, y se desintegró.