Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

martes, 1 de junio de 2010

Una opinión autorizada


Estimado frate, cultor del tango y del análisis del tango: he tomado
conocimiento de su digno blog, adentro del cual hallé un minucioso análisis
de las imposibilidades temporales del tango "Trago Amargo". Como la viejita
no era Jerry Owen ni Juan Manuel Fangio, el hijo, además de cornudo, era un
guacho. Más perezoso y menos detallado que Usted le transfiero parte de la
letra de un tango semiturfístico, donde observará usted que la imposibilidad
fáctica y lógica de lo que narra el "héroe" explica en gran medida sus
deplorables fracasos (los de él). Vea usted:

**

*SE TIRAN CONMIGO*

Estoy mirando de frente pasar la vida fulera,
ambulando, sin un cobre, sin tener dónde dormir,
los amigos no se arriman, se florean con gambetas,
la mina no quiere lola, se entreveró con un gil.
*Los últimos cuatro mangos* traté de multiplicarlos
jugándole a Leguisamo, por el pescuezo perdió,
*y en la carrera siguiente le aposté* a Rubén Quinteros
y el Maestro, sobre el disco, del todo me amasijó.

Una sola pregunta, relativa a la "carrera siguiente":
¿Y LA GUITA DE DONDE LA SACÓ?
Lo saluda fraternalmente,
Emilio de Ípola

Carlos Gardel festejó el Bicentenario Argentino

Miembros de la Secta Esotérica "Testigos de Gardel"

Transcurría tranquila la mañana en el café cuando llegó el vidente Locuco visiblemente alterado.
-Anoche, por vías paranormales, se comunicó el ciego inconsolable del verso de Carriego. El que fuma en el umbral.
Me pidió que los convoque el viernes a medianoche en mi casa de Múnro porque traerá un mensaje de Carlos Gardel para nosotros.
El comentario de Locuco impresionó a los integrantes de la Cátedra del café.
El Doctor Laferlita comentó:-No puedo creer que Gardel quiera hablar conmigo, y se largó a llorar.
Julio Paredes dirigiéndose a todos dijo:-Escuchemos el mensaje del ciego inconsolable; después vemos si hay que llorar o no.
El viernes a medianoche estaban sentados ante la mesa redonda en casa del mago de Munro.
El vidente Locuco susurró las palabras correspondientes y de inmediato se materializó el ciego inconsolable del verso de Carriego que fuma sentado en el umbral, expresó:-Antes que nada, buenas noches. Soy el delegado personal de Carlos Gardel. Les ruego que esperen unos minutos porque vino conmigo el ciego Tiresias. Se fue a caminar por la calle Corrientes pero se presentará enseguida.
¿-Dejó de fumar? Preguntó Paredes.
-Si, contestó el ciego inconsolable.
-Pero igual no encontró un consuelo, continuó Peredes.
-Si encuentro consuelo dejo de pertenecer al mundo del tango.
Entonces tendría que recalar en el café de los eufóricos, donde se escuchan bambucos y cumbias. Sería espantoso, concluyó el ciego inconsolable.
De improviso se materializó Tiresias que verborrágico arrancó:
-La calle Corrientes ya no es la de antes. A medianoche, hace 50 años, había multitudes, y no estoy de acuerdo con otro ciego que dijo que el rostro de la gente que circula de noche por la calle que nunca duerme adquiere aire canallesco.
¿Dónde está esa multitud? Preguntó Tiresias.
-Está muerta o en geriátricos, contestó Paredes. Continuó:-La noche porteña, a la que usted se refiere, tiene fecha precisa de defunción: 18 de mayo de 1975 día de la muerte de Aníbal Carmelo Troilo.
Habló el rengo:-Tiresias, usted nos da sus impresiones sobre la actual calle Corrientes, pero son las conclusiones de un ciego.
-Mi buen amigo, dijo Tiresias.-Su racionalismo heredo-socialista me abruma. Como escribió el poeta Eugenio Mandrini, en el reino de los ciegos, los ciegos ven.
Malena, la que esconde una esperanza humilde, preguntó:-Tiresias, siempre tuve dudas sobre su relación con Edipo. Sobre todo cuando le comunica que ha matado al padre y tenido sexo con su madre. Mi opinión es que se lo podía haber ahorrado.
Contestó Tiresias:-Malena, tres mil años después puedo contar la verdad. Lo que dije al finado Edipo no era cierto. Me arrepentí porque todo terminó muy mal. El pibe se arrancó los ojos por culpa mía.
¿-Y usted qué hizo? Preguntó el tordo Laferlita.
-Eché a rodar por el mundo mi afán de glorias y besos. Contestó el ciego y agregó.-Por suerte todo se había olvidado hasta que apareció el brujo de Viena e inventó una triste historia. El rusito tenía buena pluma y el desarrollo del tan mentado complejo de Edipo está bien contado y por ese motivo le dieron el premio Goethe en 1928; un premio literario.
Lo que no entiendo es como se lo pueden tomar en serio, concluyó.
El vidente Locuco interrumpió:-El ciego inconsolable del verso de Carriego nos trae un mensaje de Carlos Gardel.
-Así es. El Zorzal está organizando un festejo en el café “El Pensamiento”.
El motivo es el Bicentenario y hemos venido a invitarlos.
Dijo Don Carlos que sería un gran honor para él y para todos los tangueros del Paraíso contar con vuestra presencia.
La invitación cayó como un balde de agua fría sobre los Catedráticos.
¿-Tenemos que ir hasta allá? Preguntó el rengo aterrado.
-Por supuesto, contestó el ciego inconsolable.
-No hay ningún problema, manifestó el vidente Locuco.
-Con el Espiritismo Científico que yo practico los puedo llevar al Paraíso en segundos. También les puedo garantizar la vuelta.
Paredes rompió el silencio:-Yo me anoto.
Lo siguió Malena:-Yo también.
¿-Y usted Musante nos acompaña? Preguntó Paredes.
-No se, contestó el Sr. Musante. -Ya estuve y es un mundo maravilloso.
Lo que es muy feo es el regreso. Pero voy a ir. Gardel vale el esfuerzo.
¿-Y usted Laferlita?
-Voy con ustedes, contestó, llorando, el tordo.
-Tienen que estar en la puerta el 25 de Mayo al atardecer, dijo el ciego inconsolable.
Habló Tiresias dirigiéndose al rengo:-Usted también puede ser de la partida. Además podemos hacer un milagro. Cuando San Pedro abra el portón usted podrá caminar sin las ortopédicas. Eso si, cuando regrese las tendrá que usar de nuevo.
El rengo miraba a Tiresias emocionado.
Cerró el ciego inconsolable:-Nos vamos. El 25 de mayo los espera Carlos Gardel y desaparecieron.
El vidente Locuco expresó:-El 25 de mayo a las seis de la tarde en punto estén acá.
La tarde fijada se dieron cita en el viejo caserón de Munro.
El vidente Locuco los hizo sentar alrededor de la mesa ovalada y dijo:
Agarrense de la mano, cierren los ojos y sueñen con la pinta de Carlos Gardel.
Segundos después se encontraban de pie frente a un portón de madera pintado de un verde luminoso.
-Pedriño, abrí el portón, gritó el vidente Locuco.
San Pedro abrió la puerta y los hizo pasar.
-Los acompaño, dijo.
Cuando estaba cerrando con llave, Paredes le comentó al Sr. Musante:-No me había dicho que San Pedro portaba escracho semejante. Lo llevas a un jardín de infantes y los pibes lloran.
Caminaron detrás del santo y enseguida estaban frente al café “El Pensamiento”.
-Acá los dejo, dijo San Pedro y se fue.
Todos estaban muy emocionados. Julio Paredes abrió la puerta y le dijo a Malena:-Las damas primero.
El café estaba vacío y se sentaron en una mesa junto a la ventana.
Desde una puerta lateral apareció Julio Jorge Nelson, acercó una silla y una vez acomodado empezó:-A través del tiempo y la distancia perdura su nombre como el más auténtico símbolo de nuestro arte menor. Carlos Gardel, el bronce que sonríe. Tomó aire y continuó: ¿-Como están? Los esperaba. Son los invitados de honor en este lugar distinguido.
Se abrió la puerta y comenzaron a llegar tangueros y famosos.
Toda buena gente que había elegido pasar el resto de su existencia en el cielo.
Osvaldo Pugliese entró conversando amablemente con Tita Merello.
Ada Falcón del brazo de Francisco Canaro.
Homero Manzi solo, sin pareja, seguramente esperando a alguien que parece inmortal. Mercedes Simone; la Ñata Gaucha con ropa masculina. Don Ignacio Corsini hizo su entrada del brazo de su esposa Victoria.
Hugo Del Carril entró con Chupita Stamponi hablando de su criadero de nutrias en el Río Carapachay.
Leguisamo y Alfredito Lepera ocuparon la mesa reservada a los íntimos amigos de Gardel.
Enrique Cadícamo entró luciendo camisa de seda natural y la elegancia de siempre. Aníbal Troilo, también con camisa de seda, del brazo de Zita.
Hubo murmullos cuando hizo acto de presencia Don Cátulo Castillo que
se dirigió hacia la mesa de los que están vivos y buscó los ojos de Malena:-Usted por acá, tengo reservado un lugar junto a los viejos poetas, pero me gustaría sentarme a su lado. Julio Paredes de inmediato le consiguió una silla. Una vez ubicado, Cátulo preguntó a Malena: ¿-Aun esconde una esperanza humilde? Malena hoy va a tener una respuesta a su pedido.
De improviso se hizo el silencio. Es que hacía su entrada Enrique Santos Discépolo el más grande de los poetas de tango.
Una cerrada ovación acompañó a Discépolo que se sentó ante una mesa, solo.
Don Julio Jorge Nelson se constituyó en el escenario y pidió: -Un aplauso para los amigos tangueros que están vivos y vinieron especialmente desde la Reina del Plata para honrarnos con su presencia.
Después de los aplausos correspondientes dijo:-A continuación, y celebrando la fecha patria y el Bicentenario escucharemos el Himno Nacional Argentino interpretado por la Orquesta Celestial compuesta por quinientos profesores y dirigida por el maestro Juan D’Arienzo.
Todos se pusieron de pie para escuchar al Rey del Compás dirigiendo la canción patria.
Continuó Don Julio Jorge:-A continuación el trompetista Rondinelli hará sonar su corneta del otro mundo interpretando la diana anunciando la fecha.
Don José Rondinelli se paró frente al micrófono e hizo sonar su trompeta celestial.
El tordo Laferlita al escucharlo exclamó: ¡-Es la patria, es la patria!
El trompetista rosarino hizo mutis por el foro, circunstancia que aprovechó Nelson para decir:-Y ahora, distinguido público, antes de deleitarnos con la voz inigualable de Carlos Gardel, debemos recibir a ese gran argentino que combatiendo el capital se ganó el respeto y la admiración de todos.
Señores y señoras estoy hablando del Teniente General Don Juan Domingo Perón, que del brazo de su señora madre, doña Juana Sosa Toledo, hace en estos momentos su entrada triunfal.
Juan Domingo Perón, vestido con el uniforme de gala del casi glorioso Ejército Argentino, caminaba rumbo a su mesa del brazo de su madre.
Malena miró al mediador emocionada.
¿-Vio que todo iba a terminar bien? Dijo Cátulo.
Siguió Nelson:-A continuación hará uso de su voz extraordinaria el número uno de la canción mundial, Don Carlos Gardel.
El Zorzal apareció en el escenario vestido con un vistoso atuendo de gaucho y acompañado de sus guitarristas Aguilar, Riverol y Barbieri.
Lo seguía un séquito muy extraño. Preguntó Paredes: ¿-Quienes son los que rodean al Morocho? La respuesta vino de Cátulo:-Son integrantes de la secta esotérica “Testigos de Gardel”. Gente de la pesada.
Dijo:-Amigos del tango. Festejamos hoy el Bicentenario de la patria. Quiero destacar que gracias al Profesor Locuco están presentes los tangueros Catedráticos del café y también la señora Malena, que esconde una esperanza humilde. Voy a cantar primero para mi Argentina querida “El sol del veinticinco” y después el tango “Malena”, obra de Homero Manzi y Lucio Demare, y que yo no pude grabar por el incendio.
Los integrantes de la Cátedra del café eran concientes que estaban estaban ante la presencia de un mito y siendo testigos de un hecho extraordinario.
Empezó a llorar el tordo Laferlita y segundos después lloraban todos. Hasta Don Julio Paredes, un hombre duro si los hay.
Cuando terminó de cantar “Malena”, Carlos Gardel bajó del escenario y se acercó a la mesa de los Catedráticos.
Tomando una silla dijo:-Si me permiten, y se sentó junto a ellos. La guardia imperial de “Testigos de Gardel” se paró detrás.
-Es un honor que hayan venido desde mi Buenos Aires querido al no tan triste más allá.
¿-Musante, viene a quedarse?
-No, regreso con mis amigos.
-Puede volver cuando quiera porque dejó un gratísimo recuerdo.
-Muchas gracias, Don Carlos, contestó el Sr.Musante.
Continuó Gardel:-Estoy desde 1935 año en que la funesta Iglesia Católica me prendió fuego. Pero me reencontré con gente muy querida y nos vemos a diario. Mi madre, doña Berta, está a mi lado y me ceba mate a la mañana. Almuerzo con Mona Maris y a la tarde vengo al café con los amigos. ¿Qué más puedo pedir?
El rengo interrumpió a Carlos Gardel:-Don Carlos yo le quiero pedir algo.
-Que se le ofrece, preguntó el Zorzal.
-Tuve poliomielitis de chico y uso prótesis para poder caminar.
-Como Cucusita, dijo Paredes.
Gardel, festejando la salida de Paredes, preguntó: ¿-Quiere conocer al Doctor Tanbueno?
-No me cargue Don Carlos. Cuando el ciego inconsolable me invitó, Tiresias me dijo que acá no necesitaba ayuda y podía caminar como cualquiera. Se cumplió. Pero dijo también que cuando vuelva a la Reina del Plata el don desaparece y vuelvo a ser un lisiado. Querría saber si con su influencia puedo conseguir que cuando regrese sea un caminante más.
-Vamos a hacer algo por vos, dijo Don Carlos. Dirigiéndose a la mesa masculló:-Detrás de ustedes y a la derecha está sentado el Espíritu Santo. La cara no lo ayuda. Parece, patente, un gil de lechería. Es admirador de Alberto Margal. Pero vamos a intentarlo.
Don Carlos, dirigiéndose a la mesa donde estaba el numen de la santísima trinidad, autoritario gritó: ¡-Pastenaca, a vos te hablo!
El Espíritu Santo sorprendido miro hacia la mesa donde se encontraba sentado el Morocho con su guardia pretoriana.
¿-Don Carlos, se dirige a mí? Pregunto esa rara mezcla de Dios y pantera.
-Si a vos te hablo, cara de cura. A mi lado está mi amigo el gorrén. Quiero que hagas el milagro para que cuando vuelva a la Reina del Plata pueda caminar como Dios manda. ¿Me entendiste?
-Por supuesto, ya está hecho, dijo el Espíritu Santo. Los integrantes de la cátedra miraron al rengo con alegría.
Se escuchó la voz de Julio Jorge Nelson:-Para terminar la gran fiesta nacional al mago del piano, Don Enrique Delfino, el famoso “Delfy”, tocará el Pericón Nacional.
Cuando empezaron los acordes se formaron las parejas:
Malena de la mano de Cátulo, Paredes con Tita Merello, El tordo Laferlita con Mercedes Simone, el Sr.Musante con Rosita Quiroga, el vidente Locuco con Sabina Olmos.
Carlos Gardel y el Teniente General Perón con sus madres respectivas.
Terminada la danza nacional Locuco llamó a sus amigos.
-Debemos regresar que se nos viene la noche.
Malena se despidió de Cátulo que después de besar su frente, susurró:-Hasta la vista hija.
Cuando iban caminando hacia el portón el vidente Laferlita ordenó:-Tomados de la mano y soñando con la pinta de Carlos Gardel.
Para sorpresa de todos cuando cruzaron la puerta se encontraron sentados ante la mesa ovalada de la casa del vidente.
El primero en hablar fue el rengo:-Puedo caminar como cualquiera, dijo.
-Entonces tomatelas, dijo el poeta Paredes.
El ex rengo, feliz, abrió la puerta y salió corriendo.
Se hizo un profundo silencio causado por la emoción de la fiesta vivida.
Unos minutos después el vidente Locuco dijo:-El Paraíso de Gardel no tiene comparación con nada, pero hay algo que voy a extrañar cuando me vaya.
¿-Qué cosa? Preguntó Paredes.
-La niebla de Munro.






lunes, 24 de mayo de 2010

La caída

Juan Domingo Perón
-Anoche, por vías paranormales, se comunicó conmigo el finado Cátulo Castillo, dijo en el café el vidente Locuco.
Mirando a Malena, la que esconde una esperanza humilde, el mago comentó:-Me contó que el tema de Perón y su madre está encaminado.
El viernes a la noche se dará cita en mi domicilio para hablar con usted.
El día indicado, a medianoche, se constituyeron los integrantes de la cátedra en la casa del oscuro de Munro.
Estaban presentes Malena, Paredes, el tordo Laferlita, y el tanguero que volvió de la muerte, Sr. Musante.
Al rengo lo dejaron en el auto:-Gorrén, cuidame el coche que este barrio es fulería, dijo Julio Paredes, el poeta.
Sentados frente a la mesa ovalada el vidente masculló la palabras indicadas y de inmediato se materializó Cátulo Castillo.
-Quería hablar con ustedes que son gente del tango, y especialmente con mi querida Malena para que sepan algo que nadie conoce en el tan ponderado mundo de los vivos.
Continuó Cátulo:-En septiembre de 1955 me condenaron al olvido. Mi refugio fue la vieja quinta de Ezeiza donde viví en soledad y compuse “La última curda” .Algunos dicen que con esa letra cerré el tango para siempre. Exageran.
Mi propósito fue señalar con metáforas la realidad de esos años tan ingratos en los que se fusilaba en basurales. A los rebeldes rendidos, que habían osado pedir elecciones libres, se les aseguraba la vida para después matarlos por la espalda.
Ese tango no me lo perdonaron nunca y un sector, donde se encontraban los más resentidos y criminales, juró vengarse.
Yo aguanté hasta fines de 1975, me despedí de los amigos más queridos y el 19 de octubre me fui en busca de Aníbal Troilo, que se había retirado meses antes.
Cuando el gordo se rindió, el 18 de mayo, me apuré a terminar un tango-homenaje a Juan Domingo Perón.
El tema originariamente se llamaba “Por ese gran argentino”, pero fue éste, en las largas conversaciones en el café “El pensamiento”, el que me hizo desistir del nombre elegido y cambiarlo.
Quise escribir algo semejante a “Serenata a la muerte de Eva”. Cuando la Señora murió se callaron los astros y la vida se detuvo.
Yo saludé y me fui en el momento justo. Ese año comenzó la caída final.
Tres años después supe que una horda de perros cimarrones, hambrientos y rabiosos, rodearon mi casa de Ezeiza. Buscaban el manuscrito de “Por ese gran argentino”. Giraron aullando a su alrededor y en un momento entraron. Al no encontrar nada se volvieron más rabiosos todavía.
Destruyeron todo a mordiscones y no dejaron piedra sobre piedra. La casa fue saqueada y pocos días después se derrumbó.
Los perros corrieron ladrando alrededor de la destrucción durante horas.
Dieron varias vueltas a la manzana y después huyeron buscando su rumbo definitivo.
La obra que no encontraron yo la tenía conmigo.
La terminé y Aníbal Troilo le puso música.
La grabó, en el Paraíso, Carlos Gardel.
Cátulo introdujo su mano derecha en el bolsillo del saco y extrajo un CD.
-Acá está. Cuando Juan me pidió que no lo nombre no encontré un título adecuado.
El país que yo dejé en 1975 ya no existe, y lo peor es que hemos perdido la esperanza que algún día tuvimos.
Por eso los convoqué, continuó Cátulo.
-Ustedes pueden difundir la grabación como mi último aporte a la cultura nacional.
Habló Malena, la que esconde una esperanza humilde.
-No está todo perdido, hay gente como nosotros que continúa trabajando.
-Malena, interrumpió Cátulo. –Hay que afrontar la verdad por dura que ésta sea. Nos han ganado la guerra. Es así y si negamos la realidad terminaran de destruir lo poco que nos queda.
Me duele mucho decir esto y precisamente a usted a quien quiero como a una hija.
A esta altura de la destrucción total de lo que fue
la gran fiesta nacional solo podemos salvar unas pocas cosas, y estas son de gran valor afectivo.
Una es el tango. Es la esencia nacional y hay que luchar para que no sea olvidado.
Otra cosa que hay que cuidar son los lazos del apego y la amistad.
Le dije Malena que usted es la hija que no tuve.
Para Juan yo soy su hijo en el afecto y ocupo, gracias a él, un lugar muy destacado en el sitio que elegimos para toda la eternidad.
Por carácter transitivo usted, Malena, es nieta de Juan Domingo Perón, y eso no es poca cosa.
Quiero contarle también que la mediación que usted me solicitó entre Juana Sosa y su hijo va por buen camino y creo que llegaremos a un final feliz.
Tras cartón Cátulo se paró, besó la frente de Malena y desapareció.
La magia del momento fue rota por la voz de trueno de Julio Paredes: ¡-No tenés abuelo, Malena!

domingo, 16 de mayo de 2010

Cuando Gardel abrió sus alas


Mi alma rechiflada está con vos.
No hay fuerza temporal que le gane al inventor del tango.
Ni tus lágrimas al caer sobre el último boleto escolazeado.
Te perdiste en el cielo como un reflejo de Dios.
Y abriste tus alas de zorzal y volaste.
Y volás.

Lucio Rossi

tio carlos

Cátulo Castillo


-Invocar a Cátulo no es fácil, dijo el vidente Locuco.-Porque los grandes esotéricos no quieren volver a este mundo.
Además Cátulo trabaja en el Paraíso con Gustavo Rol, el mago de Torino, el más grande médium de todos los tiempos.
En vida, Rol era un hombre de consulta mundial. El General De Gaulle le temía porque Rol le leía el pensamiento.
Irrumpió el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte:-Federico Fellini, el director de cine, fue su gran amigo, y al atardecer se reúnen con Cátulo en el café “El Pensamiento”. Cuando llega Gardel, Cátulo cambia de mesa y se sienta con el Morocho.
Federico y Rol no se apasionan por el tango. El interés de ellos es el cine como metáfora de los sueños. Fellini me contó que para los pobres los sueños son el cine, lugar al que ellos no pueden concurrir.
-De todos modos hay que llamarlo, dijo Paredes.-No podemos quedar mal con la madre de Perón.
-Si el Profesor Locuco está de acuerdo, cuando invoque a Cátulo podría decirle que yo lo espero para hablar con él, dijo Malena la que esconde una esperanza humilde.
-Esta noche, mejor dicho cuando llegue medianoche pueden constituirse en mi casa e intentaremos traerlo a Don Cátulo.
Al dar las 12 estaban todos ante la mesa redonda del vidente Locuco.
Éste se concentró y de inmediato se materializó Cátulo Castillo.
-Malena, dijo Cátulo sonriendo, -concurrí de inmediato porque me dijeron que estaba usted. ¿Sigue con su esperanza humilde?
-Por supuesto, contestó Malena.
-Me alegra que no haya cambiado y continúe con su línea de conducta. No se preocupe que en algún momento llegará el reconocimiento.
-Para que me llamaron, preguntó.
Malena tomo la palabra:-Querido Cátulo, noches pasadas estuvo con nosotros Doña Juana Sosa, madre del General Perón.
Nos pidió si podíamos hacer algo para que su hijo recobre el afecto por ella.
-Es un problema, dijo Cátulo. -La relación con la madre es un tema difícil porque nadie se distancia tantos años de la vieja sin un amor ausente. Pero si usted me lo pide Malena, conociendo su bondad infinita, haremos el intento. No aseguro éxito porque el General, cuando uno le habla de la madre, simplemente enloquece.
Habló Paredes, el poeta del barrio: ¿-Sigue componiendo en el Paraíso?
-No hay motivación, contestó Cátulo.-El mundo de los muertos es eterno y eso aburre un poco. El pasado es apasionante, el futuro es demasiado simple. ¿Sobre qué puedo escribir ahora? Pensé en una letra sobre René Guenón, el místico francés que comparte la mesa del café con nosotros. Pero no la hice.
La esencia del tango es la melancolía y en el Paraíso la tristeza no existe.
Lo que tiene de bueno el lugar es que te encontrás con gente que no pudiste conocer. Es el caso de Rol, Fellini, Swedenborg. O el ciego Tiresias, que es asombroso lo que sabe de tango. Eso lo disfrutas mucho.
Pero en un lugar así nunca hubiese escrito “Tinta Roja”. Los versos felices no se te ocurren en el cielo.
¿-Y “La última curda”? Preguntó el tordo Laferlita.
-Con esa letra dicen que cerré el tango. No creo ser tan importante.
¿-Volviendo a Perón, contamos con usted?, preguntó Paredes.
-Ya les dije que si. Pero insisto que es un tema difícil. Yo me reencontré con mis viejos en octubre de 1975 y fue una gran alegría. Fíjense que siempre hablo de papá. A mi vieja la quiero tanto o más pero la gran figura era mi viejo.
¿-A Perón le tiene respeto? Preguntó Paredes.
-Juan me quiere como un hijo. Además todo lo que me enseñaron en casa Perón lo llevó a la práctica. Hechos concretos como las vacaciones pagas o el aguinaldo. Tengo el privilegio de ser amigo de él y de Eva, su compañera.
Con ella nos tenemos gran estima. Escribí “Serenata a la muerte de Eva”, cuando se produjo su deceso:

Se han callado los astros
Y el reloj no nos miente
Las ocho y veinticinco
De la cita en horario,
La viajera ha venido,
La vida se detiene.


-Me voy a retirar e intentaré la reconciliación entre Juan Domingo y su madre. Les agradezco que me hayan convocado para esta noble misión.
Me voy contento porque he visto de nuevo a Malena, la que esconde una esperanza humilde.

sábado, 8 de mayo de 2010


Juana Sosa de Perón. (Madre hay una sola).

Una tarde en el café:
¿-La madre de Perón está en el Paraíso? Preguntó el rengo.
-Si, respondió el Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
Y agregó:-Pero el General le raja.
-Es sabido que Perón no quería a su madre, acotó Paredes, el poeta del barrio.
¿-Y a quién quiso Perón? Dijo el rengo con sorna.
-No te hagas el vivo que a vos te regaló la primera prótesis, contestó Paredes.
-El Partido Socialista me la regaló.
-No mientas, como todo setenta y tres sos un ingrato. En la Fundación te regalaron la gamba que te falta, y la otra también, acotó el Doctor Laferlita.
-Me contó mi viejo que Perón cuando se afeitaba escupía el espejo, continuó el rengo sin rendirse.
Malena, la que esconde una esperanza humilde, dirigiéndose al gorrén, expresó: -En la vida hay que ser agradecido. Si Evita o Perón le regalaron la pierna ortopédica que usted luce con sobria elegancia, debería estar agradecido.
-Eso si, acoto el Sr.Musante, el tanguero que volvió de la muerte.
-Pero retornemos al tema principal que es la madre de Perón, irrumpió el vidente Locuco.
-La podemos invocar, pero como la señora pertenecía a poderosas etnias ancestrales, debemos esperar el momento oportuno.
El que quiera verla puede presentarse dentro de dos viernes, promediando la medianoche, frente a la Estación Munro, donde tengo constituido mi domicilio legal.
Los tangueros, junto a Malena, la que esconde una esperanza humilde, se dieron cita en casa de Locuco el día fijado.
El vidente tenía todo listo. Pasada la medianoche se concentró y de improviso se materializó una señora que dijo:-Me llamo Juana Sosa Toledo y soy la madre de ese gran argentino llamado Juan Domingo Perón.
-No hace falta que lo aclare, dijo Paredes. -Es igual a su hijo.
-Juan es parecido a mí, su hermano Avelino era parecido a su padre, Mario Perón. ¿Para que me convocaron? Preguntó.
Tomó la palabra Malena, la que esconde una esperanza humilde, que sin anestesia disparó: -Sabemos de la mala relación con su hijo. Como seguidores de Juan Domingo, su obra, y añorando los años de la fiesta argentina que él nos regaló, queremos preguntarle si nos autoriza a realizar una mediación, para que Juan y usted retomen el afecto que sin duda algún día existió.
Transcurridos unos segundos Juana Sosa comenzó a llorar.
Enjugándose los ojos y con la voz quebrada habló:-Juan se distanció de mí en su adolescencia y nunca más tuvimos una relación cercana.
Además cuando enviudé me volví a casar, y si hasta ese momento cruzábamos algún saludo, a partir de mi boda me condenó a la indiferencia, que es lo peor que puede sufrir una madre por parte de un hijo.
Yo le recé a mis dioses Tehuelches sin resultado alguno.
Mi muerte se produjo en 1953 cuando Juan era Presidente de la Nación.
Ni siquiera concurrió al velorio. Lo hizo llamar a Camporita y le dijo:-Ha muerto mi señora madre. No puedo concurrir al velorio porque actos de gobierno de gran trascendencia me lo impiden. Usted vaya como mi delegado personal y en mi nombre reciba el pésame de los asistentes.
Cuando Juan murió, en 1974, lo esperé ansiosa.
Cuando me vio dijo:-Vieja ¿Usted por acá? No la puedo atender porque me está esperando Carlos Gardel.
Fue la única vez que nos cruzamos. Las noches de tristeza concurro hasta el café “El Pensamiento” y a través del vidrio lo veo a Juancito acompañado por Carlos Gardel y otros personajes ilustres.
-Gardel tampoco quiere a su viejita, dijo Paredes.
-No es así, continuó Juana.-Mantienen una relación distante pero el afecto existe. Además Don Carlos celebra con Berta el día de la madre.
Esto despertó la curiosidad de todos:-¿Festejan el día de la madre en el paraíso?
-El tercer domingo de octubre se hace un almuerzo para homenajear a las grandes madres del tango. La cabecera de la mesa está ocupada por José Betinotti y su pobre madre querida, contó Juana.
-El evento se lleva a cabo en la cantina Karamazóv Hermanos, propiedad de dos rusos del Abasto. Me contaron, porque a mi no me invitan, que en el último festejo Marcos Zucker cantó en idish el tango “Garufa”.
Los invitados de honor son Juan Domingo y Carlos Gardel.
Doña Berta Gardes concurre del brazo de su hijo. Juan va solo.
-Nosotros queremos hacer algo por usted. A través del Profesor Locuco y su Espiritismo Científico, podemos convocar a alguien que tenga predicamento sobre su hijo. Hablaríamos con algún amigo influyente para que intente, con el gran argentino, reencauzar la relación, dijo atinado Julio Paredes, el vate del barrio.
Doña Juana quedó en silencio, emocionada.
Continuó Malena:-Usted nos tiene que orientar acerca de a quien llamar para que hable con su hijo.
Juana Sosa rompió el silencio:-Hay uno solo, es Cátulo Castillo y Juan lo adora. Todos dicen que si hubo un ángel en la tierra era el poeta de Ezeiza.
Además Castillo se va a llevar bien con ustedes porque es un esotérico más. Lo que no se es a que escuela científica pertenece.
-Doña Juana, la semana que viene nos reunimos con Cátulo.
Retírese tranquila que esto tiene solución, afirmó rotundo Paredes.
El Dr. Laferlita dijo:-En otro orden de cosas querríamos saber cuales son los creadores preferidos del que combate el capital.
Doña Juana, aliviada, respondió:-Carlos Gardel por supuesto. Alfredo Lepera también. Quiere mucho a Discépolo, a Hugo del Carril y a Carlitos Acuña.
Pero su preferido es Cátulo Castillo. Es el hijo que no tuvo.
Malena, la que esconde una esperanza humilde dijo:-Juana regrese a su mundo en paz y tenga fe que su relación con Juan Domingo se arreglará.
Retornará el afecto dormido y renacerá el amor entre ustedes.
-Gracias Malena, dijo doña Juana.-Aunque los muertos somos inasibles siento que a usted le puedo dar un beso y sentir sus mejillas.
Juana Sosa saludó a Malena y se perdió en la niebla de Munro.

sábado, 1 de mayo de 2010

Reflexiones acerca del tango "Melenita de Oro"




En el último plenario de los viernes organizado por los catedráticos del café, hizo uso de la palabra Don Julio Paredes, el poeta del barrio:
-Así como hemos investigado la ideología política de Ignacio Corsini, el Caballero Cantor, llegando a la conclusión, después de años de estudio, de que no era fascista como creímos en un primer momento, llegó la hora de develar otro de los grandes misterios del tango. Ese arcano a resolver es la verdadera identidad sexual de “Melenita de Oro”, el oscuro personaje del famoso tango firmado por Samuel Linnig.
Para desconcierto de todos, Don Julio fue interrumpido por una de las mujeres presentes en el café.
¿-Usted quien es? Preguntó Julio a la dama que le paro el carro.
-Soy Malena, la que esconde una esperanza humilde, y creo que a esta altura del partido discutir la sexualidad de “Melenita de Oro” o de su creador es irrelevante, y hasta anacrónico.
-Y que propone usted, contestó Paredes, para agregar irónico:
¿-Investigar si el hijo de “Giusseppe el zapatero”, se recibió de médico?
-Puso chapa en la puerta, aventuró, tímido, el tordo Laferlita.
-La chapa puede ser trucha, retomó Malena: -Lo que nos interesa a los estudiosos de la música popular es el lugar simbólico común creado por el tango.
Este lugar aglutinó un país en torno suyo, y esa alianza de clases a través de nuestra música duró hasta 1956. Ese año el país cambió y se terminó el tango para siempre. Y ese final anunciado tuvo dos cierres magistrales: “La última curda”, de Cátulo Castillo y “Adios Nonino”, de Piazzolla.
Es como si uno se emborrachase en el velorio del padre. Después la nada.
Cuando Malena, la que esconde una esperanza humilde calló, se hizo el silencio.
Mutismo que rompió Paredes que conciliador expresó:-De todos modos Malena, creo que debemos situarnos en la época en que esos tangos fueron compuestos. “Melenita de Oro” es de 1923. “Giusseppe el zapatero” de 1930.
Continuó Paredes:-Usted no debe desconocer los orígenes prostibularios del tango, y “Melenita de Oro” no sería el primer travestido en la historia tanguera.
Como ha investigado Don Ricardo Ostuni, en la década de 1910 se destacó el famoso “Mirko”, encarnado por el actor Fernando de Torres que vestido de mujer cantaba en los prostíbulos de la calle Junín.
Este buen señor podría haber inspirado el tango de Linnig.
-Usted insinúa que hubo un romance entre Mirko y Samuel Linnig, preguntó con desconcierto el rengo.
¿-Y porque no? Contestó Paredes. Como decía el finado Hegel siempre hay hechos paralelos en la formación de un mito.
En Buenos Aires tenemos una leyenda que es el tango.
En su desarrollo nuestra música formó pareja con diversas patologías que debemos estudiar siguiendo el método dialéctico de tesis, antitesis y síntesis.
El tango bailado entre hombres en la vereda, el tango y la tuberculosis, el tango y la sífilis, el tango y el estado de locura que esta enfermedad producía en su etapa terminal.
Recordemos el doloroso final de Pascual Contursi en el Hospicio de las Mercedes.
Y todos los caminos emprendidos por el tango tienen un solo origen: el quilombo.
Pienso que lo que podemos hacer es recurrir al vidente Locuco para que nos traiga a la mesa a Samuel Linnig.
-Pero Paredes usted que se cree, que esto es un almacén, pide un kilo de yerba y se lo vendo, contestó muy molesto Locuco.
-El poder de invocar a los muertos es un don que heredé del finado mi viejo, y traer alguno del más allá no es cosa fácil. La concentración es fundamental. Yo estudié Espiritismo Científico, acá hay mucha gente y no se si puedo llegar hasta el paraíso con tanto ruido.
-Inténtelo, le ordenó Paredes.
De inmediato se corporizó Samuel Linnig.
Atildado en el vestir, lucía guantes y bastón.
-Supongo que quieren hablar conmigo. En que los puedo ayudar.
Malena, la que esconde una esperanza humilde, rompió el silencio:
-Tenemos con el Señor Paredes dos posturas diferentes ante el tango y en cuanto a su historia, dijo.
-A Paredes le interesa conocer el sexo de “Melenita de Oro”,
cosa para mi intrascendente. Lo que yo quiero es demostrar que a través del tango se concretó entre 1917 y 1956 la integración del país.
Contestó Samuel:-Para la primera pregunta la respuesta es afirmativa. Tiene razón el Sr. Paredes al suponer que “Melenita de Oro” era un travestido y no es un tema menor.
Lo insinúo en la letra dos veces. Cuando “Melenita” dice: “a mi me llaman Melenita de Oro." Si a usted señora le preguntan su nombre lo dice porque no tiene nada que ocultar. No masculla “me llaman Malena”.
En otra parte dice el amante de “Melenita”: “Apágame la luz, cierra la puerta…No quiero verte más mujer odiada, déjame solo, solo con mi pena. ¡No quiere verte más, vuelve mañana.”
Lo que quise señalar es que en sus orígenes y en las primeras épocas del tango, la mujer era una excusa para la pasión entre los hombres.
Con respecto a lo que dice Malena estoy de acuerdo en el espacio simbólico común, que aunque muy disputado, la enorme mayoría del pueblo pudo reconocerse en él.
-Que hubiese pasado si “Melenita” decía de manera explícita que era un traba, preguntó Paredes.
Contestó Don Samuel:-A “Melenita” nada. Yo hubiese tenido que huir rápidamente a mi país de origen, el Uruguay.
Solo a Gardel se le disculpaba todo, incluso sus simpatías políticas conservadoras, y su amistad con personajes como Fresco y Barceló.
Además Don Carlos inventó el tango y fue el mejor relator de historias que tuvo el país. Por eso la Iglesia le prendió fuego.
De manera inesperada se oyó la voz del Sr. Musante, el tanguero que volvió de la muerte:-Quiero señalar que Linnig es autor también de otro clásico del tango, Milonguita, la pebeta más linda de Chiclana.
-Musante, usted por acá, dijo Linnig sorprendido. -Quiero decirle que dejó un grato recuerdo en el café “El Pensamiento”. ¿Cuándo vuelve?
-Cuando Carlos Gardel me llame a su lado, contestó el Sr. Musante.
-Me despido agradecido, la conversación ha sido esclarecedora, dijo Linnig.
-Como gratitud por haberme convocado quiero dejarles un verso escrito el 16 de Octubre de 1925, día de mi partida: “La luz del mundo me dice adiós”. Señores, buenas tardes, concluyó.
La silla que ocupaba quedó vacía.


Bibliografía:
Tango. La mezcla milagrosa (1917-1956)
Carlos Mina
La Nación- Sudamericana. 20007.