Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

domingo, 28 de febrero de 2010

Vida de Don Vicente Greco



-Martín Fierro se cambió el apellido, afirmó el poeta Julio Paredes, uno de los catedráticos del café, en el plenario de los miércoles.
-Y si alguien se cambia el apellido es porque tiene algo que ocultar, agregó.
-Es que Fierro puso por escrito lo siguiente:
Les advierto solamente
Y esto a ninguno le asombre
Pues muchas veces el hombre
Tiene que hacer de ese modo.
Convinieron entre todos
En mudar allí de nombre

Prosiguió Paredes: “Contaba Ángel Santos Carreño, conocido en el ambiento del tango como “El Príncipe Cubano”, que Fierro había perdido la ferocidad de sus comienzos como gaucho alzado, y se había convertido en una especie de cura párroco. Daba consejos, y entre estos sugirió a sus hijos cambiarse el apellido.
Fierro no tuvo tiempo de cambiarse nada porque el Moreno lo mató después de la payada.
“El Príncipe Cubano”, aseguraba que él había visto a uno de los hijos de Martín bailando tango en la vereda.
El cubano contaba también que una noche, en el quilombo de la Ritana, Vicente Greco le dijo:
-Grone, tu abuelo amasijo al mío.
-Y el tuyo a mi tío Rosendo, contestó Carreño.
Hubo un silencio en la sala del prostíbulo y hasta el victrolero paró la música.
El Príncipe preguntó: -¿Queres seguirla?
Greco contestó tranquilo: -No. Solamente quería dejar sentado que soy nieto de Martín Fierro.
Vicente Greco, Garrote para los amigos, había nacido en 1888 en un hogar muy pobre. Se crió en la calle. No completó la escuela primaria porque desde los ocho años tuvo que vender diarios en las esquinas. Era un canilla más. A instancias de Francisco Canaro, que casualmente vivía en la casa de al lado, Vicente empezó con estudios de guitarra para después volcarse al bandoneón.
Su primer éxito como compositor tiene un nombre sugestivo: “El Morochito”.
Muy rápido Greco se convirtió en el músico preferido de la alta burguesía porteña.
Existen pocos testimonios sobre la vida de “Garrote”. Contamos con algunos comentarios dejados por amigos, sumado a lo que han escrito sobre él los hermanos Bates. Debemos agregar las siempre interesantes historias que aporta el ex-finado Sr. Musante, que lo conoció en el mundo de las sombras. Por todos estos informes sabemos ahora que Vicente Greco se supo herido de muerte cuando su padre le contó la verdadera historia de su origen.
Lo llenaba de vergüenza ser nieto de un gaucho racista, asesino de negros indefensos y de indios desarmados. Un criollo que terminó yendo a misa los domingos para después obligar a sus hijos, con falsa conciencia de gaucho, a cambiarse el apellido.
Su historia familiar le causaba profunda tristeza.
Esta desazón crecía en su pecho a medida que sus éxitos se hacían más resonantes.
Llegamos así a los años en que compone sus mejores tangos. “Rodríguez Peña” y “Racing Club”.
Don Julio Paredes interrumpió su charla para tomar agua.
Continuó: “Muchos se han preguntado si una institución como Racing Club amerita un tango memorable como el que compuso Greco, pero esa es otra historia.
La depresión de Vicente se fue acentuando con los años, y en 1924, cuando la Ritana le propuso tocar en el “Chantecler”, compartiendo cartel con Ángel Santos Carreño, “El Príncipe Cubano”, Vicente Greco, en vez de pensar en la comunidad organizada, que haría su alegre aparición pocos años después, no hizo mejor cosa que morirse de manera repentina.
Tenía apenas 38 años”.
Tango Racing Club.

domingo, 21 de febrero de 2010

Lugar común el tango

Papa Pío XII


El Sr. Musante, distinguido integrante de la Cátedra del Café, sobresale sobre los otros, por ser el único tanguero que volvió de la muerte.
¿-Cómo anda Musante? preguntamos cuando llega al café.
-Reponiéndome de mi fallecimiento, es la respuesta del ex-finado.
-Tema difícil, acotamos.
-Estar muerto no es grato, pero conocí tanta gente en el más allá que cuando vuelva amigos no me van a faltar, tranquiliza el Sr. Musante.
-Y de todos los que conocí en el mundo de los muertos se destaca Carlos Gardel. Además a través del morocho compartí la mesa con personajes que ni soñaba encontrame alguna vez, como los tenores Caruso y Mario del Mónaco.
-¿Son amigos de Gardel? preguntamos.
-Tienen devoción por Carlitos, contesta Musante. -Pero amigos somos pocos. El negro Celedonio Flores es como su hermano. Otros que Gardel honra con su amistad son el torero Rafael Gómez Ortega, conocido como “Gallito”, y el poeta uruguayo Isidoro Ducasse, Conde de Lautremont.
El señor conde insiste para que Carlitos haga una aparición nocturna sobre el cerro de Montevideo y diga que es uruguayo. Gardel contesta que sería faltar a la verdad.
-Sobre la muerte de Gardel se chamuyan fulerías. Se dice que Carlitos fue la última víctima de la Inquisición, comentamos.
-Eso es cierto, contestó Musante. A Gardel lo asesinó la Iglesia Católica.
Eso me lo contó Carlitos y fui testigo en el café “El Pensamiento”, del día en que Monseñor Gustavo Franceschi le vino a pedir disculpas. El cura se sentó a la mesa y habló.
Carlos Gardel lo escuchó en silencio y cuando el fraile, con el sombrero en la mano, esperaba la respuesta del morocho, ésta llego calma y firme.
¿-Aceptó las disculpas?
-No. Primero Carlitos le recordó que cuando el accidente en Medellín, la revista Criterio celebró su muerte en una editorial firmada por el monseñor.
-Fue una orden que recibí del Vaticano, acotó Franceschi.
-Y usted me prendió fuego porque se lo ordenaron, contestó el Zorzal.
-Si, a la Iglesia Católica nunca le gustó el tango y usted estaba considerado el demonio. Por eso el 27 de junio de 1935 escribí la editorial de la que ahora me arrepiento.
-Monseñor, usted dijo que en mi velatorio había “féminas que se habían embardunado la cara con harina y los labios con almagre”. Que había “Gandules de pañuelito al cuello dirigiendo piropos apestosos a las mujeres”.
-Eso dije, contestó el cura con la mirada baja.
-Además de escribir muy mal usted me hizo matar.
-Así es, pero ahora estoy arrepentido.
-Y por qué se arrepiente.
-Cuando llegué a este lugar me di cuenta que Swedemborg tenía razón. Dios no condena a nadie y cada uno elije, después de muerto, si quiere infierno o paraíso.
Y si el Señor deja que el libre albedrío continúe en este lugar sagrado, no tenemos derecho en la tierra a juzgar conductas e incendiar demonios como usted, con todo respeto, susurró Franceschi.
-¿Quién le dio la orden de matarme? preguntó el Morocho.
-Monseñor Pacelli cuando estuvo en Buenos Aires. Poco tiempo después lo premiaron convirtiéndolo en el Papa Pío XII.
-Hablando de Pío XII, que destino eligió. Por estos lados no ha sido visto, preguntó Don Carlos.
-Eligió el infierno porque dice que en el cielo el lugar común es el tango.
Ángel Vargas es el preferido de Dios, y a usted, Gardel, lo apañan la Virgen María y su hijo, que interpreta “Soy una fiera” de manera notable.
Para Pío XII esto es insoportable. Vive en las tinieblas rumiando su bronca con el tango.
Después de un largo silencio se oyó la voz de Franceschi:
-¿Me perdona Don Carlos?
-Sos un gil, respondió Carlitos. -Yo no condeno a nadie, ni siquiera a vos que me asesinaste de la manera más espantosa. Pero, que querés Franceschi, tu presencia me revienta. Si venís por el café sentate en un lugar donde yo no te vea.
-El Monseñor se levanto de la silla y masculló, al borde del llanto, un “gracias Don Carlos”.
-Después, arreglándose el moño Gardel se dirigió a nosotros y dijo:
-Triste destino el de la curas. Hoy te prenden fuego y 400 años después piden disculpas.
Carlos Gardel canta:"Soy una fiera"

domingo, 14 de febrero de 2010

La verdadera historia del "Píncipe Cubano"

Ángel Santos Carreño. El "Píncipe Cubano"

Una tarde en que el calor apretaba se reunió el Comité Central de la Cátedra del Café.
Era intención del mismo, a través de su presidente Don Julio Paredes, informar acerca de la última investigación realizada.
Se trataba de la muy particular existencia de Ángel Santos Carreño, conocido como en el mundo del tango como el “Príncipe Cubano”.
Don Julio Paredes se dirigió al numeroso público y expresó: -El Comité Central ha realizado un estudio sobre ciertos hechos de nuestra vida cultural que permanecían en la oscuridad. Con esta investigación pretendemos esclarecer de manera definitiva algunos mitos nacionales.
A continuación daré lectura al informe que se complementa con un manuscrito del propio Carreño.
Comenzó: “Ángel Santos Carreño, conocido artísticamente como el “Príncipe Cubano”, era argentino y más criollo que el mate amargo. Había nacido en Marzo de 1880.
El apodo se lo puso Madame Ritana, dueña de la boite Chantecler, ubicada en Paraná 440.
Esto fue en el año 1924 y Carreño era presentador de orquestas.
Un hombre muy querido por su cordialidad e ingenio.
Él lo bautizó a Juan D’Arienzo como “El rey del compás”, y además compuso varios tangos elegantes.
Pero lo que nos interesa del llamado “Príncipe Cubano” es su verdadero origen.
Todos ustedes conocen la vida del gaucho Martín Fierro.
Un antepasado de Carreño fue protagonista de una historia muy conocida con el famoso Fierro.
Este episodio merece su fama por el horror que despierta la conducta criminal del célebre gaucho matrero.
Carreño era sobrino nieto del negro que Martín Fierro provocó, para después asesinar en un baile de mala muerte.”
Don Julio Paredes aclaró: -Al comenzar comenté que leería un manuscrito escrito por el propio Carreño, cosa que haré a continuación:
“Martín Fierro mató sin causa alguna a mi tío Gervasio Carreño.
Lo asesinó solamente porque era negro.
Tío Gervasio quería divertirse y concurrió con su mujer, negra también, a un baile en una pulpería de Lobos.
Primero Fierro se metió con mi tía:
“Vaca yendo gente al baile”, le dijo.
Mi tía le contestó:
“Más vaca será tu madre”
Detrás de ella entró tío Gervasio y escuchó de boca de Fierro:
“A los blancos hizo Dios,
A los mulatos San Pedro
A los negro hizo el diablo
Para tizón del infierno”.


-Gaucho rotoso, contestó tío y se le fue al humo.
Pero Fierro con el cuchillo lo alzó y cuando lo supo muerto lo arrojó contra una pared.
Mi tía empezó a gritar y el asesino le quiso pegar pero la gente intervino recriminando a Fierro y este huyó.
Gervasio tenía nueve hermanos, uno de ellos era mi abuelo Rosendo.
Estos hicieron un juramento; vengarse matando a Fierro.
Pero Martín con su gran amigo Cruz se fue a vivir con los indios pampas y no se supo nada de él durante años. Es más, mis tíos lo dieron por muerto.
Pero todo llega. Un día un amigo del Tata Rosendo le avisó que había un cantor en una pulpería cercana que podía ser el gaucho Fierro. Tatita lo fue a buscar, lo ubicó y ahí nomás lo desafió con la guitarra.
Esa era la excusa. Lo que Tatita quería era matar a Fierro. El criminal estaba con dos de sus hijos y otro sujeto llamado “Picardía”, que dijo ser hijo de Cruz.
Abuelo Rosendo se presentó como “El Moreno” y empezó la payada.
Arrancó Fierro y dijo cosas lindas:
“Y seguiremos si gusta
Hasta que se vaya el día.
Era la costumbre mía
Cantar las noches enteras.
Había entonces, dondequiera
Cantores de fantasía”.


Pero Tatita no se quedaba atrás:
“A las sombras solo el sol
Las penetra y las impone.
En distintas direcciones,
se oyen rumores inciertos:
Son almas de los que han muerto,
que nos piden oraciones.”


De improviso Martín se supo perdido al darse cuenta quien era el contrincante. Inclusive quiso atenuar la cosa y cambió la palabra “negro” por “Hombre de humilde color”. Arrugó, como quien dice.
Terminada la payada el Tata Rosendo lo convidó a pelear.
Algunos dicen que Fierro se dejó matar. Eso no es cierto. Peleó como una fiera pero el Tata lo ensartó de la misma manera que había muerto su hermano. Lo levantó con el puñal y se los tiró a los hijos que estaban presentes.
Después limpió el cuchillo en los pastos y se fue silbando bajito.
Cuentan que los hijos de Fierro vinieron a Buenos Aires y se juntaron con los primeros orilleros. A uno de ellos, bastante mayor de edad, llegué a verlo bailando tango en la vereda con otro hombre.
Esto que cuento es lo que pasó.
Años después, cuando me había convertido en el famoso “Príncipe Cubano”, concurrían al “Chantecler” calaveras, bohemios y escritores.
Una noche un cegato que frecuentaba el cabaret, me contó la historia de la negritud en el Río de la Plata.
Dijo: -Nunca hubo mucho negro por acá porque era un artículo suntuario.
No los traían para levantar cosechas si no como sirvientes. Fueron usados como carne de cañón en la guerra de la independencia en el batallón de “Pardos y Morenos”. Y casi nos quedamos sin negros. En la actualidad se sorprenden porque hay tantos en Uruguay. La razón es simple. Brasil abolió la esclavitud en 1888, cuando por acá hacía años que eran libres. Negros de Río Grande, de Porto Alegre robaban un caballo y pasaban a Uruguay donde dejaban de ser esclavos.
Concluyó: -O sea que los negros de Montevideo son brasileños. Dicen que son orientales para darse corte.
Me gustó la historia y entonces le conté la de tatita.
Preguntó si la podía escribir como propia.
-Por supuesto, contesté, se la regalo.

domingo, 7 de febrero de 2010

Eduardo Bianco, el violinista preferido de Hitler

Paul Celan



A fines de 1930 Enrique Cadícamo pasaba la voz a sus amigos tangueros residentes en París: -No hablen de política delante de Bianco porque es informante de la Gestapo.
Sin embargo a Eduardo Bianco le tocó en suerte una vida exitosa.
De chico, influenciado por sus padres, comenzó con estudios de violín; querían que se formase como músico clásico.
Pero el azar y la magia de la noche lo fue llevando hacia el tango, y
a través de éste llegó a París en 1924, lugar soñado por todo tanguero que se precie.
En Europa formó una orquesta que logró imponerse de inmediato.
Fue la célebre agrupación Bianco-Bachicha que hacía furor en el Cabaret Palermo, en Place Pigalle.
Un año después formó su propia agrupación, y realizó giras por Europa, África del Norte, Estados Unidos y el Asia.
Bianco tocaba el violín, el bandoneón, cantaba, y hasta tuvo su propia editorial musical en París.
Le gustaba el bacanaje a este rosarino nacido en 1892, que cultivaba con esmero la relación con reyes, políticos y aristócratas.
Ese gran mundo lo volvía loco.
En 1929 compuso el tango “Plegaria”, que años después lograría triste fama; se lo dedicó “A su Majestad El Rey Alfonso XIII”.
1931 fue el año de “Evocación”, otro tango, en cuya primera hoja dice: “A su excelencia Don Benito Mussolini.”
Ya había conocido la obra de otra estrella rutilante del momento.
Contaba Bianco: -Actué durante casi dos años en la Unión Soviética, y el Mariscal Stalin en persona me felicitó luego de mi actuación en Moscú. Nos invitó a cenar a su datcha, desde donde maneja el país con mano de hierro. Para concluir:-Hacía ruido con la sopa. Un hombre vulgar.
Al realizar una gira por Alemania en 1936 quedó deslumbrado por la obra de Adolfo Hitler.
Presentó su orquesta en Berlín y entre el público estaba el Dr. Joseph Goebbels acompañado de Magda, su mujer. Quedaron hechizados por el sonido del violín de Bianco. Luego de la actuación se acercaron al camarín para saludarlo y Goebbels le propuso tocar para Hitler.
El concierto ante el Fuhrer fue un éxito total.
-El tango reemplaza con creces al jazz decadente, dicen que dijo Don Adolfo al término de la velada, mientras abrazaba eufórico a Goebbels.
Un edecán se dirigió a Bianco y le pidió partituras que el músico cedió gentilmente.
“Plegaria” se convirtió en el tango preferido de Hitler. Cuando Goebbels se enteró le dijo a su mujer:-Yo sabía que Adolfo era un sentimental.
Miles de copias se imprimieron para ser repartidas en las bandas de música de la Wehrmacht, y a través del ejército alemán el tango llegó a los campos de concentración.
“El trabajo los hará libres”, lucían los carteles en la entrada de Dachau, Buchenwald y Auschwitz.
En 1942 un judío rumano llamado Paul Antschel es alojado en el campo de trabajo de Janowska. El joven, después de sobrevivir al horror, trascenderá como poeta con el nombre de Paul Celan.
En 1947 Celan publicó “Tangoul mortii”, (Tango de la muerte), que había escrito cuando fue liberado por el ejército rojo.
Paúl Celan señaló que el poema se refería a la música que interpretaban las orquestas en los campos de exterminio. Se trataba de tango, y entre estos el que más gustaba a los S.S. era el llamado “Tango de la muerte”.
Este sonaba en el campo mientras los judíos eran conducidos a la cámara de gas.
El escritor español José Ángel Valente, biógrafo de Celan, precisa que ese tango, conocido entre los prisioneros como “El tango de la muerte” no era otro que “Plegaria”, de Eduardo Bianco.
Hay más pormenores sobre el tango en el Holocausto.
Nos referimos al libro del escritor polaco M.R.Frenkiel, titulado “Esto es un asesinato”.
Frenkiel también señala “Plegaria” como la música que acompañaba a los judíos a la muerte.
Cuando el ejército nazi comienza la retirada de la Unión Soviética, Bianco se da cuenta que tiene que irse de Alemania. Él y toda su orquesta son detenidos en Innsbruck. Don Eduardo se pega un susto soberano y comienzan sus problemas respiratorios.
Puede retornar a la Argentina en diciembre de 1943.
En Buenos Aires realizó un par de conciertos, pero su salud estaba resentida.
Al poco tiempo de su regreso y por consejo de amigos se radicó en Comodoro Rivadavia, Provincia de Chubut, donde el clima frío y seco podría llevar alivio a sus pulmones.
En un viaje a Buenos Aires, realizado para una revisación de rutina en el Hospital Tornú, muere durante un feroz ataque de asma en octubre de 1959.
Paul Celan lo sobrevivió 11 años.
Se arrojó al Sena desde el puente Mirabeau en 1970.
Dejó una carta dirigida a su hijo que decía
:-Ciégate para siempre: también la eternidad está llena de ojos.


Bibliografía:
Julio Nudler.
Tango judío.
Del ghetto a la milonga.
Editorial Sudamericana. 1998.

Plegaria. El tango de la muerte:

http://www.youtube.com/watch?v=VUDtqMbo4ko


domingo, 31 de enero de 2010

Una opinión original sobre el origen del tango

Capitán Richard F. Burton




El Sr. Musante es un destacado integrante de la cátedra del café.
Sus conocimientos de tango tienen un valor agregado por el hecho de que Musante estuvo muerto 22 años. En su viaje por el otro mundo conoció a mucha gente que ya no está; en eso consiste su saber inigualable. En el cielo tomó mate con Arolas, Greco y Alfredito Lepera.
Por eso, cuando Musante habla, en el café el silencio es absoluto.
Una mañana preguntó uno:-Musante, ¿Cómo anda?
Respondió:-Reponiéndome de la muerte.
-Cuente de alguno que conoció en el otro mundo, dijo el rengo
-Voy a contar sobre un agente inglés que se hizo un gran tanguero.
Y arrancó Musante: “Hubo un personaje singular que estuvo en la Argentina en el siglo IXX. Me lo presentó Vicente Greco en el Café “El Pensamiento”, lugar de encuentro de tangueros después de la muerte. Se llama Richard Francis Burton, tiene el grado de Capitán, y estuvo en la guerra del Paraguay.
En el café Burton contó que lo había conocido a Justo José de Urquiza.
Yo estaba destinado en el Consulado Inglés de San Pablo, en Brasil, contó Burton, y me dieron la orden de trasladarme a Buenos Aires, para entrar al Paraguay con la retaguardia de las tropas. Desde Buenos Aires fui en barco a Entre Ríos y estuve unos días en el Palacio San José invitado por Urquiza.
Una noche contó la batalla de Caseros y que los brasileños, que formaban parte de sus tropas, introdujeron la milonga en Buenos Aires.
La palabra es africana, de la etnía de los quimbunda. Y prendió en la banda Oriental y en Buenos Aires. Esto se lo cuento porque en este lugar sagrado me hice tanguero, y estoy investigando sobre el origen de vuestra música popular. Urquiza tiene perfil de tanguero, continuó Burton.
Piense, Musante, que se sentaba en su caballo tomando mate mientras cientos de enemigos rendidos eran degollados. El miraba la carnicería con ojitos soñadores. Un melancólico total. Me lo he cruzado por acá y lo he invitado a las tertulias de tangueros. No viene porque dice que el tango lo entristece.
Tiene, Urquiza, la emoción a flor de piel. Una noche en su palacio, conversando en la sobremesa, sus amigos le dijeron que la corona del Emperador de Brasil, Pedro II, debía pasar a su cabeza. Urquiza escuchó en frío y abstraído silencio, profundo y solemne. Después lloró como una mujer.
Volviendo a la milonga, con el Paraguay destrozado, los desertores se establecieron en el Gran Chaco, formando un amplio quilombo o establecimiento de fugitivos, donde brasileños y argentinos, orientales y paraguayos vivían juntos en mutua amistad y enemistad con el resto del mundo, unidos por el ritmo universal de la milonga.
Y en el quilombo del Gran Chaco estaba latente el tango.
Continuó el Capitán:-Musante, le quiero presentar a un amigo muy querido protagonista de un tango memorable de Don Enrique Cadícamo. Se trata de “Olvidado”. Y dirigiéndose a un criollo que tomaba ginebra en otra mesa dijo:-Contreras acercate que te quiero presentar. El criollo, con el vaso en su mano izquierda me extendió la derecha:-Contreras, para servirlo, dijo. Se que no soy querido por algunos poetas del café que usted frecuenta, pero son cosas que pasan. Me asesinaron el día que me casé. En medio de la fiesta apareció uno para llevarse a mi esposa y yo la defendí.
Juan Luz Mala me apuñaló y agonizando le dije a mi china:

Llévame unas flores, vení a visitarme,
la tierra es muy fría pa’estar olvidao,
Adiosito gaucha, te estaré esperando,
me voy apagando de puro finao.


¿-Y ella lo visitó? pregunté.
-Nunca, respondió Contreras. Jamás vino al cementerio.
-Entonces yo que tengo que decir, apuntó Burton. –Traduje al inglés “El libro de las mil y una noches”, y el “Kama Sutra”. El día de mi muerte, mi mujer quemó todos mis manuscritos y traducciones que tenía para publicar. Me consideraba el demonio. Pero hay que perdonar, continúo Burton.
Yo perdoné, dijo Contreas.
¿-Como hizo para desprenderse de la bronca? pregunté.
-Escuchando radio, contestó Contreras.
Primero con las audiciones del “Ñato Desiderio”, con Mario Fortuna. Después con “Gran Pensión el Campeonato”, creación de Enrique Dátilo.
-Burton nos aconsejó escuchar la radio para ser felices de nuevo, y así fue, dijo Contreras.
-¿Escuchaban programas de radio? pregunté.
-No nos perdíamos una audición, contestó Burton. La emoción era general cuando en la mañana del domingo se oía la voz de doña Asociación:

A los clubes, a la afición,
que a mi lado congregué,
saluda con emoción,
Asociación balompié.


Y el cierre final:

Sigan por ese camino
que la vieja Asociación,
hará ganar los partidos,
con la justicia y razón.

Concluyó Burton:-Cuando terminaba "Gran Pensión el Campeonato" el cielo era una fiesta.

domingo, 24 de enero de 2010

Emanuel Swedenborg y el tango

Emanuel Swedenborg


Uno de los integrantes más destacados de la cátedra del café es el Sr. Musante. Sobresale porque es el único tanguero que volvió de la muerte.
El Sr. Musante falleció el 5 de enero de 1960 y regresó a la vida en marzo de 1982. Por lo tanto es el hombre indicado para hablar del otro mundo que conoce en profundidad, y recorrió durante 22 años.
Una tarde cualquiera en el café preguntó uno:-Musante cuéntese algo del mundo de los muertos.
El Sr. Musante, que es un hombre muy fino, no se hizo rogar, dijo: “La gran sorpresa y felicidad que recibí al llegar a el otro mundo fue que este es igual al que describe Emanuel Swedenborg. Me explico. Yo creía en lo que dice Borges: “Un muerto no es un muerto, es la muerte”, pero no es tan así.
Cuando uno crepa, no se da cuenta de que está occiso porque todo sigue transcurriendo igual durante algunos días. Pero en un momento el muerto percibe que la luz se hace más intensa, y se le aparecen formas y colores desconocidos. Se da cuenta entonces de que está difunto y su vida ha transitado por un mundo de sombras.
Resumiendo, en el nuevo lugar hay más luz y los colores son más intensos. Lo demás, en el hades, es más o menos lo mismo.
En una segunda etapa al finado se le acercan desconocidos a conversar.
Se trata de ángeles o demonios. Estos ángeles son muertos que se han transformado en ángeles, y los demonios se han trasformado en demonios. Es que después de la muerte sigue existiendo el libre albedrío.
Dios no condena a nadie al cielo o al infierno, pero como el hombre mantiene el libre albedrío, elige el lugar donde se siente a gusto.
Algunos se rodean de ángeles y van al paraíso. Otros se sienten felices con los demonios y eligen el infierno. Juega mucho el temperamento de cada uno. Si se tiene temperamento angelical, elige rodearse de ángeles.
Si el temperamento es demoníaco sus amigos serán los demonios.”
Continuó el Sr. Musante: “Primero me vinculé con demonios porque yo quería conocer el infierno. Descendí con mis nuevos amigos al infierno que consiste en un gran pantano. Hay ciudades destruidas por incendios y otras, muy antiguas, cubiertas por el agua.
Una suerte de Chacarita inundada.
Ahí los condenados se sienten felices.
Viven atacándose unos a otros, conspirando, y llenos de odio.El cielo es lo contrario. El cielo es un mundo gobernado por ángeles.
Hay sociedades de ángeles y ahí, en el cielo, se encuentra Dios, que está representado de manera simbólica por el sol.
Swedenborg dice con toda razón que el hombre elige el cielo o el infierno por la bondad, la justicia, la inteligencia, y sobre todo, por el ejercicio del arte. Y esto es muy importante.
Los artistas están en el cielo, y en ese cielo que yo conocí ocupan un lugar privilegiado los tangueros.
Están todos juntos tocando “La Cumparsita”.
En ese lugar luminoso se destaca uno de ellos, que es el preferido de Dios. Pero esto no desata la envidia ni los celos de los otros.
Esas emociones no caben en el cielo”.
Curioso pregunté:-Musante, cual es el preferido de Dios.
“Ángel Vargas y está sentado a la diestra de Dios padre.
Angelito, se bueno, cantate algo dice el Señor, y Ángel arranca con ¡Arriba viejo Yacaré! que es el tango preferido del Padre Eterno”.
Continuó Musante: "Mencioné antes que la metáfora del paraíso es el astro rey.
Cuando caminaba por el cielo recordaba la frase rotunda de mi amigo Pepe Carrozzi:-Cuando canta Ángel Vargas sale el sol”

domingo, 17 de enero de 2010

Hortensio Ernesto Pellizzari. Un maestro.

Rodolfo Rossi y Hortensio Ernesto Pellizzari. Año 1974

Lo conocimos en nuestro primer trabajo, promediando los años 60, y quedamos asombrados por su sabiduría acerca del Buenos Aires antiguo, el tango y el infaltable prostíbulo.
Hortensio Ernesto, hijo de un sastre triestino, había nacido en General Guido, Provincia de Buenos Aires, en los comienzos del Siglo XX.
Cuando cursaba el colegio primario su familia se instaló en el barrio de Caballito.
Rápidamente, Hortensio se destacó como futbolista en los inmensos baldíos del bajo Flores.
Se hizo jugador de fútbol profesional, e integró la zaga famosa de Ferrocarril Oeste de 1931: Santoro, Badino y Pellizzari.
Ese año concretó un gol notable a River, en el estadio de Alvear y Tagle, que quedó en la historia del fútbol.
Jugó también en Vélez y terminó su carrera deportiva en América de Río de Janeiro.
Contaba que llegó a Río en barco una tarde de Carnaval de 1938.
En el puerto no había nadie. Tampoco estaban los dirigentes que lo habían contratado, y debían estar esperándolo.
-¿Qué hiciste?, le preguntamos.
-Alquilé un disfraz de Pierrot y empecé a correr minas por la calle.
Cuando se retiró del fútbol se empleó en el “Instituto del Café”.
-Estuve un par de años pero extrañaba.
-A tu familia, dijo uno.
-No, al Tarila y a Benito Bianquet, el Cachafaz.
En Río no había tango y mi hermano y yo bailábamos muy bien.
Me volví, ubiqué a Bianquet y la primera noche en Buenos Aires bailamos hasta el otro día.
Cultor del verso alejandrino hablaba como un personaje de un Mester de Juglaría criollo, con domicilio en la calle Cachimayo.
Era cobrador de la radio donde trabajábamos, y a la tarde anotaba en un cuaderno, con una letra diminuta, las cobranzas que debía realizar al otro día.
De improviso se escuchaba su voz:- Apurate Pellizzari que te va a agarrar la noche, y salía despedido hacia la calle antes de que saliese la primera estrella.
Un erudito en tango y prostíbulos.
Contaba que los sábados a la medianoche, desde Primera Junta salía un tranvía sin número que llevaba hombres solos.
El recorrido terminaba en los prostíbulos de Mataderos.
Reflexionaba Hortensio:-El quilombo era un lugar donde uno se divertía sanamente.
Gran bailarín de tango, sabía, además, de orquestaciones y cantores a través de los años.
Al vernos siempre con libros una vez preguntó: -Ustedes que leen tanto, seguramente conocen la historia de Iacopo Rusticucci. Le dijimos que no. ¿-Quién era? preguntamos.
-Un personaje de la Divina Comedia, contestó.
¿-Leíste La Comedia? pregunté sorprendido.
-En italiano, como corresponde, repondió.
Y contó la vida de Rusticucci.
-Era un gran bacán de Florencia pero la mujer lo fajaba y el pobre terminó en el Infierno de los sodomitas, como se dice ahora.
La vida de Iacopo Rusticucci nos deja una enseñanza, el hombre debe ser hombre aunque la mujer le pegue, concluyó.
Pensamos que nos estaba cargando y fuimos al libro.
En el CantoXVI del Infierno, versos 43 al 45, Iacopo dice:
E io, cue posto son con loro incroce,
Iacopo Rusticucci fui; e certo
La fiera moglie piú ch’altro mi nuoce.

También leía, de manera crítica, el Antiguo Testamento.
Comentó: -Jehová era un Dios malo por que de chico le pegaban con un palo. Después se encargó de matar a su propio hijo que murió en la cruz. Al final Jesús, que tenía cara de gil de lechería, resultó un rusito piola.
Se quedó con todo, ahora todos le rezan a él y del padre nadie se acuerda. Toma mate, remató.
Una tarde Hortensio se jubiló y dejamos de verlo por años.
Supimos que estaba enfermo y lo visitamos en su casa centenaria.
Se alegró cuando llegamos. Un rato después me tomó de la mano y dijo:
-Pasa el tiempo inexorable y envejece la materia.
Después la noche lo alcanzó.