Este es el Blog de Rodolfo Jorge Rossi, nacido en la ciudad de La Plata, Argentina.

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.

Trabajó en producción de programas radiales con José María Muñoz y Antonio Carrizo.

Ha publicado en el Diario “El Día” de su ciudad natal y en la Revista “Debate”.

Actualmente escribe en “Buenos Aires Tango y lo demás”, que dirigen los poetas Héctor Negro
y Eugenio Mandrini, y en “Tango Reporter” de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU.

En 2007 publicó un libro de relatos “Croquis y siluetas familiares”, Editorial Vinciguerra.

Son padrinos celestiales de este sitio Fernando Pessoa, Carlos Gardel y el trompetista Rondinelli.

miércoles, 9 de junio de 2010

El centenario de Don Osvaldo Pugliese





A fines de noviembre de 2005 se constituyó en el café un señor canoso y de gran presencia, como el torero Gallito dicen que fue. Pidió hablar con los integrantes de la Cátedra.
Dijo:-El 2 de diciembre, día del natalicio de Osvaldo Pugliese, vamos a colocar una placa recordatoria en la casa que lo vio nacer. El maestro cumpliría 100 años.
¿-Dónde pondrán la placa? Preguntó Julio Paredes, el poeta del barrio.
-En su casa de la calle Canning. Lo que quiero, y por eso estoy acá, es invitarlos.
-Se agradece dijo el ex rengo.
Continuó el señor alto y canoso:-Necesito que uno de ustedes haga las veces de locutor.
En ese momento, mientras hacía su entrada al café, el Doctor Laferlita dijo:-Yo puedo ser el animador que a usted le hace falta.
-Descubriremos una placa alusiva al cumpleaños número cien del gran compositor. Después su hija, la Beba, tocará en un piano que pondremos en la vereda, los mejores tangos de su padre.
Malena, la que esconde una esperanza humilde, preguntó:-Día, hora y lugar.
Contestó el señor alto y canoso: -Canning 392, el 2 de diciembre a las 19 horas.
Los integrantes de la Cátedra se dieron cita en la dirección donde nació el maestro en Villa Crespo, también conocido como el barrio elegido.
Estaban Don Julio Paredes, Malena, el Sr. Musante, el Dr. Laferlita, el vidente Locuco y el ex-rengo.
Contra la pared de la entrada de la casa había un paño blanco al cual le habían adosado un clavel rojo. Debajo estaba la placa a descubrir.
El clavel tiene su historia. Durante años Osvaldo Pugliese estuvo prohibido por sus ideas políticas. Cuando en los bailes se presentaba la orquesta y el maestro estaba preso, un reflector iluminaba el teclado del piano sobre el cual colocaban el simbólico clavel rojo.
A las 19 en punto dio comienzo la ceremonia.
El Dr. Laferlita, con un papel en su mano izquierda y el micrófono en la derecha,
comenzó anunciando solistas y cantores que se arreglaban como podían para hacerse escuchar en el tránsito tremendo de Buenos Aires al atardecer, y en la esquina maldita de Canning y Corrientes.
A las 19,30 se retiró el clavel rojo y se descubrió la placa fileteada por el artista Luís Zorz.
-A continuación, anunció Laferlita, la Beba Pugliese interpretará el tango emblemático del glorioso maestro, “La Yumba”.
Mientras Laferlita hacía la presentación, Malena y Paredes miraron al vidente Locuco.
Este mantenía sus ojos cerrados.
Cuando la Beba arrancó con los primeros compases, el sobrio vestido blanco que lucía se fue oscureciendo hasta transformarse en un traje negro. Después del octavo compás su persona sufrió un cambio radical hasta transformarse en su padre, Don Osvaldo Pugliese.
El público escuchaba azorado el sonido de “La Yumba” interpretada por su autor, desaparecido físicamente hacía unos pocos años, que había reemplazado a su hija.
La gran sorpresa fue que en el instante que Don Osvaldo se materializó tocando el piano en la vereda dejaron de sonar bocinas, motores, sirenas y alaridos.
Un silencio de catedral se instaló en la esquina de Canning y Corrientes mientras duró la interpretación de “La Yumba”.
Faltando segundos para terminar el tema, Don Osvaldo cedió la imagen a su hija
que tocó los acordes finales.
Una ovación del otro mundo acompañó a la Beba cuando se incorporó para saludar.
Todos los fabricantes del ruido de infierno que nos acompaña a diario en mi Buenos Aires querido dejaron de rugir para disfrutar del momento.
Los tangueros festejaban la gloria de Don Osvaldo como se celebra un triunfo en el turf, bien denominado el deporte de los reyes. Sin la vulgaridad del fútbol.
Un Ingeniero japonés llamado Mamoru Yamagata, enviado por la Academia de Tango de Japón pera registrar el evento lloraba conmovido.
El público se desconcentró en silencio y al infierno de Canning y Corrientes retornaron colectivos y sirenas de bomberos.
Paredes se acercó al representante de oriente y le dijo:-Ponja, venite con nosotros al café.
Una vez instalados en su lugar de siempre los integrantes de la Cátedra comentaban que solo Pugliese, el único Santo Ateo, podía lograr hacer silencio en esa esquina ensordecedora.
El japonés expreso en correcto español:-Nunca vi una cosa semejante. Y lo voy a dejar por escrito en el informe que tengo que elevar en Tokio ni bien llegue. Cuando La Academia de Tango de Japón lo publique se los mando.
Don Julio Paredes, el poeta del barrio, acotó:-Don Osvaldo hace milagros.
Malena, la que esconde una esperanza humilde agregó:-El tango tiene todo el pasado por delante.




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